domingo, 28 de septiembre de 2025

La Salvación, Una Introducción (3)

La propiciación

 Alan Summers


Puntos clave

·         La propiciación implica quitar la ira de Dios contra el pecado.

·         La propiciación se consiguió por medio de la muerte de Cristo.

·         La propiciación se logró porque la muerte de Cristo por el pecado es un sacrificio aceptable a Dios y que aplaca su ira hacia el pecador.

 

La propiciación describe lo que sucede cuando la ira de Dios es apaciguada. Como la Biblia enseña que el pecado provoca la ira de Dios, la pregunta es si hay algo que se pueda hacer para apaciguar esa ira. La respuesta es que, con la muerte de Cristo, se ofreció un sacrificio que propició a Dios. En otras palabras, la muerte de Cristo por el pecado agradó tanto a Dios que se efectuó la propiciación. La propiciación enfatiza que el regalo o el sacrifico que se ofreció aplacó su ira. Una idea secundaria y distinta es que la ira se agota en el regalo o el sacrificio. Este concepto está relacionado con el de la sustitución, donde la ira que nos correspondía fue cargada sobre Cristo.

La propiciación nos recuerda que, aunque es cierto que Dios ama al mundo, Él también odia el pecado, y los que cometen pecado son objeto de su ira. A la vez, Él ama a sus criaturas, ¡pero odia sus pecados y ofensas! El propósito de un sacrificio propiciatorio es permitirle a Dios que trate con los pecados, pero que perdone al pecador. La propiciación se enfoca en uno de los grandes efectos que tuvo del sacrificio de Cristo en relación con Dios: quitar la causa de la ira.

En el Antiguo Testamento, las palabras “expiar” (kafar) y “expiación” (kofer) se usan para describir el efecto del sacrificio por el pecado. Una interpretación tradicional de la expiación denotaba un sacrificio que “cubría” el pecado. Así pues, se sobreentiende que no quitaba el pecado, sino que solo lo ponía fuera de la vista de Dios.[1] Por lo tanto, se concluyó que la expiación debía contrastarse con la muerte de Cristo que “quita” el pecado (Heb. 9:26). Pero, la mejor posición es que la doctrina de la expiación del Antiguo Testamento es deficiente por la misma razón que todos los sacrificios del Antiguo Testamento también eran deficientes, a saber, que no tenían mérito intrínseco y requerían repetición. Eran provisionales y anticipaban el sacrificio final de Cristo. Si la palabra kafar significa, como creo yo, purgar o reconciliar o, en ocasiones, apaciguar por medio de un regalo, es una doctrina que se reconoce en el Nuevo Testamento y de ninguna manera es un concepto deficiente del Antiguo Testamento[2].  Por consiguiente, aunque la expiación no se mencione como un tema distinto en este escrito, ocupa su lugar junto a la doctrina de la propiciación. También se pudiera haber mencionado en relación con la reconciliación o la doctrina del lavamiento o la purificación.

 

ESCRITURAS CLAVE

¨       Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados (Romanos 3:24-25).

¨       Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo (Hebreos 2:17).

¨       Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1 Juan 2:1-2).

¨       En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4:10).

¨       El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36).

¨       Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5:6).

 

CITAS CLAVE

Ningún hombre dejará de temblar hasta que sostenga que Dios es propiciado solamente por aquella expiación en la cual Cristo padeció su ira. En otras palabras, la paz no se debe buscar en ningún otro lugar más que en las agonías de Cristo, nuestro Redentor[3]. (Juan Calvino)

La muerte de Cristo propició a Dios, apartando su ira y permitiendo que Él recibiera en su familia a aquellos que pongan su fe en el que lo satisfizo. El alcance de la obra propiciatoria de Cristo abarca todo el mundo (1 Juan 2:2) y la base de la propiciación es su sangre derramada (Romanos 3:25)[4]. (Charles Caldwell Ryrie)

Cuando los hijos de Dios pecan, provocan su ira. Claro, su ira no es una falta de control irracional, como tantas veces lo es en los seres humanos. Su ira es la oposición resuelta de su santa naturaleza a todo lo que es malo. Esta oposición al pecado no se puede desestimar con un simple gesto de la mano. Requiere de algo mucho más significativo y la Biblia declara que solamente la cruz hizo esto… Cuando el Nuevo Testamento habla de la “propiciación”, significa que la muerte de Jesús en la cruz por el pecado de la humanidad apaciguó la ira de Dios contra su pueblo de una vez por todas... Como en el Antiguo Testamento Dios se reunía con su pueblo cuando la sangre de la ofrenda por el pecado era rociada sobre el altar, así también la muerte de Cristo nos lleva a tener comunión con Dios. [5]

Kafar: hacer expiación, hacer reconciliación, purgar. La raíz kafar se usa unas 150 veces. Se ha hablado mucho sobre la palabra. Existe una raíz árabe equivalente que significa “cubrir” u “ocultar”. Sobre la base de este vínculo, se ha supuesto que la palabra hebrea significa “cubrir el pecado” y así apaciguar a la deidad, haciendo expiación. Se ha sugerido que el rito del Antiguo Testamento simbolizaba cubrir el pecado hasta que pudiera ser tratado por la expiación de Cristo. Sin embargo, hay poca evidencia que apoye esta perspectiva. El vínculo con la palabra árabe es débil y la raíz en hebreo no se usa con el significado de “cubrir” … Se puede entender mejor la palabra kafar relacionándola con la palabra kofar, que quiere decir “rescate”. Significa “expiar ofreciendo un sustituto”. Mayormente se usa en relación con el rito sacerdotal de rociar la sangre del sacrificio y por consiguiente “hacer expiación” por el adorador. La palabra se usa cuarenta y nueve veces solamente en Levítico y en ninguna ocasión se puede observar un uso distinto. El verbo siempre se usa en relación con quitar el pecado o la contaminación, a excepción de Génesis 32:20, Proverbios 16:14 e Isaías 28:18 en donde se puede observar el significado relacionado de “apaciguar por medio de un regalo”. Parece claro que esta palabra ilustra claramente la teología de la reconciliación en el Antiguo Testamento. La vida del animal sacrificado, simbolizada específicamente por su sangre, se requería a cambio de la vida del adorador.[6]  (Laird Harris)


[1] Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento exhaustivo de Vine, p. 10

 

 

[2] Theological Wordbook of the Old Testament [Libro de palabras teológicas del Antiguo Testamento] 1:453. Véase la cita al final del capítulo.

[3] Institución de la religión cristiana.

[4] Síntesis de doctrina bíblica

[5] Glosario Holman de términos bíblicos, p.370

 

[6] Theological Wordbook of the Old Testament [Libro de palabras teológicas del Antiguo Testamento] pp.452-453

 


Viviendo por encima del promedio (27)

 

Louise y el ingeniero sanitario


Louise es un ama de casa consumada. Encaja en el perfil bíblico de una esposa y madre cristiana. Uno de sus mayores gozos es criar a sus siete hijos para Dios. Otro es apoyar a su esposo mientras viaja y trabaja incansablemente para el señor Jesús. He aquí un ejemplo. Una vez él estaba predicando en una conferencia en Nueva Jersey, y recordó que era el cumpleaños de ella. La llamó y expresó su pena por no poder estar con ella y darle un regalo. Sin dudarlo ella le dijo: "No podrías darme un mejor regalo que estar donde Dios quiere que estés, haciendo lo que quiere que hagas."

Había algo más en Louise. Su horario ocupado no le impedía ser una ardiente ganadora de almas. A menudo invitaba a las mujeres del vecindario a un estudio bíblico de una hora con merienda. Pero después de un tiempo se dio cuenta de que ellas estaban satisfechas con su propia religión. Tenían poco interés en una relación personal con el Señor.

Temprano, una mañana, mientras Louise estaba orando la sala, recordó la historia de la gran cena en Lucas 14. Todos aquellos que fueron invitados tenían excusas, así que el maestro envió a su criado a las calles y a las plazas para invitar a otros.

Louise se lo llevó al Señor en oración: "Señor, los que he invitado tienen muchas excusas; me gustaría ir a estos otros por ti, pero estoy aquí con mis hijos. Si me enviaras a alguien de las calles y los caminos, yo los invitaría a Tu cena."

En ese momento escuchó el bip-bip de un camión de basura dando marcha atrás. Sí, ese es de las calles. Miró por la ventana y vio al hombre, ahora llamado eufemísticamente ingeniero sanitario, cómo levantaba el contenedor de basura vecino vaciándolo en el camión. Era evidente como se contorneaba su cuerpo mientras lo hacía. Se estaba acomodando, tratando de aliviar algún dolor.

Louise se paró en el cordón de la acera cuando el camión se acercó a su casa. Cuando el conductor, Reg, bajó al pavimento, Louise le preguntó si tenía problemas de espalda. "No," le dijo. "Tengo problemas de corazón."

"Bueno, ¿por qué entonces carga pesados contenedores de basura todo el día?" le preguntó. "Espere, yo vaciaré el mío," y levantó el contenedor, tirando su contenido en el camión.

El conductor dijo: "Es el único trabajo que puedo encontrar."

"Bueno, oraré para que obtenga un mejor trabajo o un mejor corazón."

"A nadie le importan los hombres basureros," dijo Reg con tristeza.

"A Dios, sí," respondió Louise.

Reg volvió a la cabina del camión y siguió su camino. Una semana después Louise estaba esperando en el cordón de la acera cuando llegó el camión. Antes de que Reg llegara al contenedor de la basura, Louise ya lo había vaciado en el camión. Él la miró y preguntó: "¿Oró usted por mí?"

"Cada día."

Reg no lo creía, aunque no exteriorizó su duda.

Louise continuó: "Escuche. La Biblia dice que la fe sin obras es muerta. Yo estoy orando, pero usted tendrá que solicitar otro trabajo." Él asintió, no dijo nada, y se fue.

En la siguiente calle, vio a Moira, la hija de 7 años de Louise, que iba de camino a la escuela. Cuando el camión se detuvo cerca de ella, gritó: "Oiga, oramos por usted en casa. Entonces Reg supo que alguien sí se preocupaba por los basureros.

Una semana después, cuando Louise se encontraba esperando en la acera, Reg le dijo: "Sra. Nicholson, creo en Dios, en el cielo y en el infierno, y en todo eso, pero tiene que haber algún otro paso que tomar. ¿Hay algo más que deba hacer?"

Louise le explicó con detalle el camino de salvación de Dios y la importancia de dar un paso de fe. Él escuchó con atención, luego, sonriendo y despidiéndose, se fue. Ella le gritó: "Asegúrese de solicitar ese empleo."

Durante otra semana los Nicholson oraron por Reg sin falta. El día de recolección de basura, Louise acudió a su posición en la acera. Reg se bajó de un salto del camión, y con una sonrisa de oreja a oreja le dijo: "Bueno, ya lo hice."

“¿Hizo qué?" ¿Quería él decirle que había solicitado otro empleo?

"Di el paso, Sra. Nicholson." Le explicó que había puesto su confianza en el Señor Jesús.

¿Sería verdad? ¿Realmente habría sido salvo? Louise pensó: Bueno, sea verdad o no, debería leer la Biblia. Después de todo la fe viene por oír la Palabra de Dios. "Reg, usted necesita comenzar a leer la Biblia. Es como alimento para el alma."

"Ay, Sra. Nicholson, debería habérmelo dicho antes. Si eso es lo que un cristiano tiene que hacer, lo siento. No soy un lector. Ni siquiera leo el periódico. Lo siento." Y siguió conduciendo hasta la siguiente casa.

En la siguiente esquina, encontró una caja pesada esperando que la llevaran. Su curiosidad lo hizo echar un vistazo. Allí encima de todo había una Biblia nueva, aun envuelta en su plástico. "Está bien, Señor, leeré Tu Libro."

NO sólo comenzó a leer la Biblia, asistió a la iglesia don se congregaban los Nicholson. Se apareció con un overol rojo Intenso, con el logo de la compañía recolectora en el frente. Era lo mejor que tenía. Ahí estaba él, en la fila, sonriendo como un niño en una tienda de dulces. Todo parecía encajarle perfectamente, los cantos, la cordialidad de la gente. Cuando alguien le preguntó por qué asistía a la reunión de oración el martes y a otra reunión de oración en una congregación cercana el miércoles, él dijo: "Tengo que hacer doble horario. Me falta mucho para ponerme al corriente."

Poco después de convertirse, Reg se bautizó. El Señor le dio la victoria sobre su hábito de alcoholismo. No sólo asistió a las reuniones fielmente, sino que trajo a sus amigos para escuchar el evangelio. Disfrutó de su salvación desde el primer día.

Su corazón no mejoró, pero pudo encontrar un empleo menos agotador por varios años. Más adelante, el Señor lo llamó a casa, un amado hermano en Cristo, quien fue llamado de las calles e invitado a participar de la gran cena.

Y todo porque una fiel ama de casa oró: "Señor, úsame."

William MacDonald

¿Dios honra la fidelidad?

 


Daniel y sus amigos estaban prisioneros en una tierra extranjera (Daniel 1:8), bajo el control de un rey que quería aprovecharse de sus habilidades y conocimientos. A medida que Daniel crecía, él lograba adaptarse al sistema extranjero sin comprometer su fe en Dios. No consumía alimentos prohibidos ni adoraba ídolos. Mantenía valientemente sus tiempos de oración, incluso frente a la persecución y el castigo (Daniel 6:10). Dios honró la fidelidad de Daniel, rescatándolo del foso de los leones y bendiciéndolo abundantemente. En cada encrucijada, Daniel elegía obedecer los mandamientos de Jehová. Aunque tuvo que enfrentar situaciones difíciles, Dios siempre le mostró su fidelidad, protegiéndolo y proveyendo para sus necesidades.

Durante el cautiverio babilónico, los principios bíblicos que prevalecían seguían siendo relevantes. Dios promete seguridad a aquellos que obedecen su Palabra. Aunque no nos promete que evitará las dificultades y las pruebas, sí promete que estará con nosotros y nos ayudará en cada paso que demos. En Proverbios 12:13 se nos dice que los justos saldrán victoriosos de las dificultades.

Si usted sabe que hay pecado en su vida, entonces el miedo, la duda y la frustración seguramente lo perseguirán. La seguridad reconfortante del Señor está disponible para todos, pero el requisito previo es obedecer su Palabra. No espere recibir bendición alguna de parte de Dios si usted vive en rebeldía. Por el contrario, la obediencia resultará en ánimo y satisfacción sin importar sus circunstancias.

A lo largo de su vida, Daniel se negó a cambiar o doblegar sus principios, incluso cuando enfrentaba una condena segura. Dios intervino en todo momento y también actuará a su favor.

Tim Hadley, Sr.


LEYENDO DIA A DIA 1 CORINTIOS (17)

 

14.26 al 40: Cuando la iglesia se reúne


      Nuestras reuniones deben ser caracterizadas por:  edificación: Hágase todo para edificación, v. 26; dignidad: Hágase todo decentemente y con orden, v. 40. Estas reuniones deberían (i) promover del desarrollo mutuo, y (ii) preservar el arreglo espiritual. En ellas, obviamente, la lengua es el factor operacional, y en visto de esto Pablo dice que la lengua debe estar bajo control, vv 26 al 33, y bajo restricción, vv 34 al 36.

• La lengua bajo control. No todos los dones están asignados a uno solo en las operaciones de la iglesia, v. 26; todos pueden aportar según su capacidad específica. En vista de aquellos eran días en que se ejercía el don de lenguas, Pablo dice que su aplicación debe ser limitada. La reunión no debe tornarse confusa, ya que cada cual debe ministrar “por turno”, o “en su curso”. Uno debe callarse si algún otro no va a interpretar su intervención.

      La profecía también debe estar bajo control, vv 29 al 31, y los oyentes deben prestar atención al mensaje y discernirlo. Es importante notar que “los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas”, y que Dios es Dios de paz, vv 32, 33. ¿Qué aporto cuando estoy presente? ¿Estoy siempre ejercitado ante Dios? El v. 26 no autoriza que hable de buenas a primeras, sino que debo ejercer la preparación del alma.

• La lengua bajo restricción. Esto corresponde a las mujeres en la reunión. ¿Qué quiere decir que ellas “callen”? v. 34 Dejemos que el pasaje anterior interprete. Cuando uno que hablaba en lenguas debía guardar silencio, quiere decir obviamente que desistiera de dar su ministerio, vv 28, 30. Por esto, que la mujer calle (la misma palabra griega) no quiere decir que desista de platicar con otra, sino que no intervenga en ministerio público. Su lugar es una de sujeción, como dice también la ley.

      No se trata de una innovación paulina. Que las hermanas intervengan en las reuniones de la iglesia es insubordinación e indecoroso, vv 34, 35. ¿Pablo percibe oposición en estos asuntos? ¿La palabra divina se originó con los corintios, o eran su dueño exclusivo? v. 36. Una espiritualidad genuina reconoce las palabras del apóstol como las del Señor.

Lección: ¿Cómo reacciono yo personalmente a este capítulo?

S.Emery

sábado, 30 de agosto de 2025

La Luz del Mundo

 



"La Luz del Mundo” es el título de un cuadro famoso de Holman Hunt, pintor británico del siglo 19, que representa al Señor Jesucristo, coronado de espinas, con una lámpara en su mano izquierda, tocando a una puerta cerrada. Sin duda que Holman Hunt se inspiró en las palabras del Señor: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apoc. 3:20). Él desea entrar en tu corazón para disipar las tinieblas y traerte la luz, la salvación y la vida eterna. Para hacer esto posible, el Señor tuvo que soportar indecibles sufrimientos, siendo azotado, coronado de espinas y crucificado por sus propias criaturas. Pero lo más terrible fue el castigo que llevó de parte de un Dios infinitamente santo por causa de nuestros pecados.

Se dice que cuando el pintor terminó el cuadro, lo mostró a unos amigos, quienes alabaron los méritos de la pintura. Uno de ellos señaló lo que consideraba una omisión de parte del pintor. “No pusiste manilla a la puerta”, le dijo a Holman Hunt, quien respondió inmediatamente: “Te olvidas – la manilla está por dentro”. Así es con la puerta de tu corazón: está trancada por dentro, y solamente tú la puedes abrir. El Señor se limita a tocar la puerta, pero no va a forzar la entrada. Si abres tu corazón para recibirle, Él entrará trayendo salvación, y llegarás a ser un hijo de Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Pero, ¿qué pasará si tu no le abres? ¿Seguirá tocando para siempre? Llegará el momento cuando no tocará más a tu puerta, y será demasiado tarde para ti ser salvo.

Se cuenta de un conocido predicador llamado Harold St. John, que estaba contemplando pensativamente el cuadro “La Luz del Mundo”, cuando de repente el silencio se rompió por un grupo de turistas guiados por un hombre con una voz estridente. Después de una explicación apresurada del cuadro, anunció: “El original de este cuadro fue vendido por diez mil dólares”. Sin vacilar ni por un momento, el Sr. Harold se adelantó y dijo tiernamente: “Damas y caballeros, ¿les puedo decir que el verdadero Original de este cuadro fue vendido por treinta piezas de plata?” Después de unos momentos de silencio, el grupo salió sin decir ni una palabra.

Sí, ese fue el valor que le asignaron los principales sacerdotes al Señor Jesucristo, y por el cual Judas estaba dispuesto a entregarle. Pero, ¿por cuánto estás vendiendo tú al Señor Jesucristo? Tal vez no es por plata u oro, sino por una amistad impía, uno de los placeres temporales del pecado, o una bagatela de este mundo. Por esa miserable suma no solo estás vendiendo al Salvador que sufrió la cruz para ofrecerte la vida eterna – estás vendiendo tu propia alma. Y “¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mat. 16:26).

1. A tu puerta Cristo está. Ábrele.
Si tú le abres, entrará. Ábrele.
Tu pecado quitará,
luz y paz derramará,
Día alegre te será. Ábrele.

2. Ábrele, oh pecador. Ábrele.
Abre ahora al Salvador. Ábrele.
Te ofrece salvación,
Del pecado el perdón.
Saciará tu corazón. Ábrele.

3. ¡Oh! no le hagas esperar. Ábrele.
Tal vez pronto marchará. Ábrele.
¡Qué dolor después tendrás,
Cuando en vano clamarás,
Y perdido te hallarás! Ábrele.

La Mujer que agrada a Dios (2)

 El pecado y sus efectos (Genesis 3)

Antes de estudiar Génesis 3 lea de nuevo el capítulo 2:16, 17 y observe cuán claro fue el mandato de Dios: pueden hacer esto, no pueden hacer aquello. Además, Dios les advirtió del castigo por la desobediencia. El hombre, como ser moral, estaba sujeto a prueba. Podía elegir amar y obedecer a Dios o escoger agradarse a sí mismo y desobedecer a Dios. ¡Cuántas veces, ante las muchas opciones en la vida, elegimos como Adán y Eva lo hicieron!

No se nos dice cuánto tiempo el hombre y la mujer vivieron en paz y armonía en el bello y fructífero jardín donde Dios los había puesto. Pero un día la paz desapareció y ¡la mujer fue la responsable de la tragedia! ¿Se habría detenido cerca del árbol prohibido en medio del huerto? ¿Habría estado jugando con la idea de lo que el árbol le podría dar a ella? Si así fue, ella fue fácil presa para el tentador que estaba a la expectativa con el fin de aprovechar cualquiera oportunidad. Es necesario que nos mantengamos apartadas lo más posible de la tentación. Nunca juguemos con aquello que nos pueda conducir al pecado.

LA TENTACION

Con sus preguntas y mentiras astutas la serpiente indujo a la mujer a dudar de la Palabra de Dios y de su amor. "¿Te ha ocultado Dios algo? ¿Por qué? Nada malo te sucederá si comes. Es que Dios no quiere que tú seas tan grande como él. La fruta es deliciosa. ¡Fíjate qué bella se ve . . . y te dará sabiduría!" Así fue el acercamiento de la serpiente. Apelaba tanto al apetito como a la vanidad.

EL PECADO

¿Cómo respondió la mujer? Ella pudo considerar la proposición completa. Dios había hablado. ¿Qué derecho tenía ella de juzgar la palabra de Dios? Eva pecó desde el instante que creyó a Satanás y no a Dios. Dios había dicho: "Ciertamente morirás". La serpiente dijo: "No morirás" Ella atención a otra voz que no era la de Dios. Codició algo para sí misma que Dios le había prohibido. Dejó a un lado toda la abundancia que le había dado y la confianza en su amor. Tomó la fruta y la y luego comprometió también a su esposo.

Es interesante observar cuán similar fue el acercamiento de cuando tentó al Señor Jesús en el desierto (Mt. 4:1-10). Tres veces al Señor para que tomase algo para sí mismo que Dios no le dando, Tres veces fue rechazado. Citando y confiando en la palabra de Dios, Cristo no sostuvo ningún diálogo personal con Satanás.

Hoy día Satanás usa las mismas tácticas para tentarnos. Suspende ante nuestros ojos las cosas rutilantes del mundo para que los codiciemos. El apóstol Juan nos amonesta sobre esto: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo… los deseos de la carne (Eva vio que el árbol era bueno para comer), los deseos de los ojos (el árbol en agradable a los ojos), y la vanagloria de la vida (era codiciable pan alcanzar la sabiduría), no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Juan 2: 15, 16). Nuestra fortaleza para resistir la tentación procede del conocimiento de la Palabra de Dios y de nuestra aceptación de la voluntad de Dios.

Eva no sólo pecó contra Dios, también contra Adán por actuar inde. pendientemente de él. Ella tomó la posición de liderazgo que pertenecía al hombre, y ¡qué tragedia produjo! Cuando nosotras violamos el orden de Dios y nos apartamos de la función que él nos ha designado, no podemos esperar otra cosa que no sea desorden y aflicción.

LOS RESULTADOS

El resultado inmediato del pecado fue la vergüenza y remordimiento j' que reemplazaron el estado anterior de inocencia que ellos tenían, La primera evidencia del pecado fue en la relación del esposo y la esposa (Gn. 3:7). El pecado echó a perder la perfecta unidad de Génesis 2:23-25.

La serpiente había prometido que ellos conocerían el bien y el mal y así sucedió. Ahora conocían el bien, pero sin el poder para hacerlo, y conocían el mal sin el poder para resistirlo. La consecuencia mayor del pecado fue la muerte, como Dios había dicho. La muerte tiene tres fases: 1) Separación de Dios, que inmediatamente vino sobre Adán Y Eva. 2) La muerte física que vino años más tarde. 3) La muerte eterna la separación eterna de Dios que es el destino final de aquellos rechazan la salvación de Dios. El hombre quiso exaltarse a sí para ser igual a Dios (Gn. 3:5), pero se condenó a sí mismo a la a volver al polvo.

Observe el contraste en el Señor Jesús que "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que por lo cual Dios también lo exaltó a lo sumo" Fil 2'5-11). “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte…” (1 P. 5:6).

La entrada del pecado arruinó la relación feliz que había entre el hombre y Dios. Ahora el hombre y la mujer tuvieron temor de Dios y trataron de esconderse de él. Dios los llamó de su escondite y desde aquel día Dios, en su gracia, ha seguido en pos del hombre, con el propósito de ayudarle y bendecirle a pesar de su pecado.

EL CASTIGO

Dios trató con cada uno de los tres participantes en este drama. Maldijo a la serpiente y a la tierra (Gn. 3: 14, 17), más normal dijo al hombre ni a la mujer. Trasformó la forma de vida de la serpiente a algo inferior, símbolo de la degradación de Satanás a quien se le llama "la serpiente antigua" (Ap. 12:9), y dictó sentencia final sobre Satanás: "La simiente suya te herirá en la cabeza" (Gn. 3:15). La sentencia sobre el hombre fue que la actividad principal de su vida, el trabajo, ahora sería con sudor, dolor y cansancio, y que finalmente su cuerpo volvería al polvo de donde había sido formado.

La sentencia de la mujer correspondió principalmente a su relación de esposa y madre (Gn. 8:16). Su función distintiva y bienaventurada, la maternidad, quedaría ligada al dolor y la aflicción. La pasión más fuerte de la mujer oriental ha sido siempre la de tener hijos. A ella se le cumpliría su deseo, pero con dolor; recordatorio de que el sufrimiento vino con el pecado. Su relación con su esposo fue alterada. Ahora ella estaría sujeta a su autoridad y él se enseñorearía de ella. En su pecado Eva había sido la líder de Adán y él la había seguido. Ahora ella quedaría sujeta a él.

El deseo de matrimonio, pero sujeción dentro de él, ha sido la condición de la mayoría de las mujeres desde la caída. Hasta ese instante no hallamos ninguna mención de subordinación, aun cuando el Orden de la creación señalaba hacia el liderazgo de Adán, pero ahora se determina con claridad: "Él se enseñoreará de ti" (Gn. 3:16). La historia de las mujeres, especialmente en las tierras paganas, ha sido una crónica de servidumbre y humillación. Esto cambia radicalmente tan sólo cuando el cristianismo llega para cambiar a los hombres y a la sociedad.

La palabra "dolor" en los versículos 16 y 17 significa "obra penosa así que en un sentido la sentencia sobre el hombre y sobre la mujer fue similar. Trabajar hasta el cansancio, el dolor y la aflicción, serían el destino de ambos.

Pero obsérvese cómo la gracia de Dios brilla aún en la situación mayor oscuridad. A pesar de que la mujer fue la primera en la agresión, ella habría de tener el honor de jugar un papel en el plan redención: su simiente destruiría a Satanás. La simiente de Eva, quien había sido víctima de la serpiente, destruiría a ésta (Gn. 3:15). esta promesa hecha realidad en Hebreos 2:14: "Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo". Jesús se hizo un ser humano (nació de una mujer) "para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo"

EL LUGAR DE LA MUJER HOY

En un mundo caído, lleno de gente que está gobernada por una naturaleza pecaminosa, se hace necesario establecer y mantener autoridad. Esto es cierto igualmente para la familia, la comunidad y la nación. El principio establecido por Dios de que el hombre sería la cabeza de la familia, con la autoridad y la responsabilidad de su bienestar, es para beneficio del matrimonio y de la sociedad. Cualquiera mujer que desee hacer de su matrimonio un éxito hará bien en prestar atención a esto. Para la esposa cristiana hay una enseñanza adicional en el Nuevo Testamento." Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia" (Ef. 5:22, 23). En una lección futura se estudiará esto con más detalles. Aquí solamente queremos señalar que éste es un principio continuo, que la sujeción es la voluntad de Dios para nosotras y que Dios así lo ha planificado, ¡para nuestra bendición! ¿Cuántas de nosotras realmente elegirán llevar sobre sus hombros la carga de hacer todas las decisiones y asumir la responsabilidad del bienestar de la familia? Dios "conoce nuestra condición" (Sal. 103:14). El planificó para nosotras y nos capacitó para un ministerio complementario, no para ser la cabeza de la familia.

Respecto a la mujer soltera, nada se dice en los primeros capítulos de Génesis. El matrimonio es la norma para la mujer. Sin embargo, parece claro que, por el orden y el propósito de la creación, la función de la mujer es apoyar y complementar, "ayuda idónea para el hombre Elisabeth Elliot escribe: "Yo no considero que todos los hombres sean tan fuertes, tan inteligentes, tan competentes y tan virtuosos o santos para que ellos merezcan una posición superior. Yo simplemente veo que este es el lugar de ellos, no por mérito, sino por designación.

¿Encontramos injusta la idea de sujeción? ¿Dudamos del amor de Dios por haber ordenado esto para nosotras? Entonces oremos para que Dios nos ayude a aceptarlo. El camino hacia una vida de paz y tranquilidad está en cumplir la voluntad de Dios en todos los aspectos de nuestras vidas. El mismo Señor Jesús dijo: "No sea como yo quiero, sino como tú" (Mt. 26:39). El Señor Jesús también dijo: "Llevad mi yugo sobre vosotros, aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mt. 11:29).

Deja caer la quietud de tu rocío sereno

Hasta que todas nuestras luchas cesen;

Saca de nuestras almas los desvelos

Y deja que nuestras vidas ordenadas canten

La belleza de tu paz.  (J. G. Whittier)

                                                                                                                                                            Fay Smart y Jean Young

La Salvación, Una Introducción (2)

 

La Reconciliación


Puntos clave

• El ser humano necesita ser reconciliado con Dios.

• Dios tomó la iniciativa y con la muerte de Cristo hizo posible la reconciliación.

• Para ser reconciliado, el ser humano debe responder a los intentos de acercamiento de parte de Dios.

• Un día todo lo que se opone a Dios será reconciliado con Él.

La Biblia nos enseña que Dios y el hombre están distanciados el uno del otro (p. ej. Is. 59:2). Este distanciamiento comenzó en el huerto de Edén cuando Adán y Eva pecaron. Una vez que habían pecado, Dios ya no podía mantener una relación amistosa con ellos. Los echó del huerto y cortó su comunión con ellos. (Aunque la Biblia no habla sobre el tema, parece que Adán y Eva eran lo que llamaríamos hoy en día “creyentes”, a pesar de ser responsables de la entrada del pecado al mundo. Sus dos hijos, Caín y Abel, sin duda entendían que era necesario un sacrificio para acercarse a Dios (Gn. 4:3-4) y es probable que sus padres se lo hubieran enseñado). Por lo tanto, aprendemos que las consecuencias de la Caída en la relación del hombre con Dios fueron dos. El hombre se escondió de Dios (Gn. 3:8) y Dios expulsó al hombre de su presencia (Gn. 3:24). La ruptura de la relación fue mutua.

A pesar de esto, Dios tomó la iniciativa. Él no quería estar separado de sus criaturas. Con el fin de lograr la reconciliación, Él proveyó una base para que la armonía fuera restablecida. La reconciliación es posible porque Dios ha provisto, a través de la muerte de Cristo, el medio para que el hombre pueda ser restaurado a la comunión con Dios. Él tomó el paso hacia nosotros.

Por otro lado, el hombre debe responder a la iniciativa de acercamiento que Dios ha tomado. Debe aceptar que es pecador y arrepentirse de sus pecados. Debe aceptar la provisión hecha en la muerte de Cristo para el problema de sus pecados. Por lo tanto, la reconciliación es posible si aceptamos que somos pecadores y buscamos el perdón de Dios. Desde el punto de vista humano, reconciliación es la palabra que describe la restauración de su relación con Dios.

Aunque el Nuevo Testamento se enfoca en la reconciliación del hombre con Dios, también en otro sentido es cierto que Dios es reconciliado con el hombre. La Biblia nos presenta a un Dios que nos ama, pero que a la vez odia el pecado.[1] Cuando estábamos en nuestros pecados, Él no podía tener comunión con nosotros.[2] Debido al cambio efectuado en el creyente gracias a la salvación, éste deja de ser inaceptable para Dios y la paz puede ser restaurada. Aceptar que la reconciliación es mutua de ninguna manera implica que Dios fuera culpable de la separación o que Él necesitara nuestro perdón. Fue el hombre el que desafió a Dios. Dios no había hecho nada malo. No todos aceptan que hay una mutualidad en la reconciliación bíblica. En las citas clave a continuación se exponen los dos puntos de vista.

La reconciliación también describe la subyugación final de la creación a Dios. Colosenses 1:20 y 21 contrasta la reconciliación futura de “todas las cosas” con la reconciliación presente de los creyentes con Dios. Pablo no parece estar pensando en el universo físico al hacer referencia a “todas las cosas”, ya que las contrasta con su ubicación (“en la tierra” o “en los cielos”). Esto podría indicar que la reconciliación tiene que ver con seres capaces de elegir. Un día todo será reconciliado con Él, ya sea de manera voluntaria o no. En este sentido, la reconciliación se refiere a pacificar todas las cosas con Él.

ESCRITURAS CLAVE

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Corintios 5:18-21).

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación (Romanos 5:10,11). Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca (Efesios 2:16,17).

Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado (Colosenses 1:20,21).

CITAS CLAVE

Es el hombre quien ha ofendido a Dios (Col. 1:21). Sin embargo, es Dios quien, a pesar de haber sido ofendido, toma la iniciativa al proveer el medio de reconciliación a través de la muerte de Cristo (Ro. 5:10). En su explicación de la justificación por la fe, Pablo dice que la reconciliación es uno de los muchos beneficios que recibimos a través de nuestro Señor Jesucristo (Ro. 5:11). (Brian Clatworthy (Precious Seed [Semilla preciosa] noviembre 2012)

Tanto el verbo katalasso (reconciliado) como el sustantivo katalage (reconciliación) aparecen en el Nuevo Testamento solo en los escritos de Pablo. Los términos siempre describen a Dios como el reconciliador y a los pecadores como los reconciliados, ya que fue el pecado humano lo que rompió la relación entre Dios y el hombre (cf. Is. 59:2) … Así que la reconciliación no es algo que el hombre hace, sino lo que recibe … La reconciliación no sucede cuando el hombre decide dejar de rechazar a Dios, sino cuando Dios decide dejar de rechazar al hombre. Es una provisión divina por medio de la cual se apacigua el santo desagrado de Dios contra los pecadores alejados, se elimina su hostilidad hacia ellos y se establece una relación armoniosa entre Él y ellos. (John MacArthur, Comentario sobre el Nuevo Testamento, 2 Corintios p. 200)

Es interesante notar que ningún pasaje del Nuevo Testamento habla de Cristo reconciliando a Dios con el hombre. Siempre el énfasis está en el hombre siendo reconciliado. Esto es muy importante, por la naturaleza del caso. El pecado del hombre es lo que ha causado la enemistad. El pecado del hombre es lo que se ha tenido que resolver. Al hombre bien se le puede pedir, en palabras de 2 Corintios 5:20, que sea “reconciliado con Dios”. De aquí algunos pasan a sugerir que la acción reconciliadora de Cristo solo tiene que ver con el hombre, pero es difícil hacer que esto concuerde con el resto del Nuevo Testamento. Lo que puso la barrera fue que la santidad de Dios exigía la rectitud del hombre… La barrera surge porque Dios exige santidad en el hombre. Por eso, cuando el proceso de la reconciliación se lleva a cabo, es imposible decir que es totalmente hacia el hombre y no hacia Dios en ningún aspecto. Debe haber un cambio del lado de Dios para que todo lo que implican expresiones como “la ira de Dios” ya no sea ejercido hacia el hombre. (Leon Morris, Nuevo Diccionario Bíblico (3era ed.) p. 1002)

Muchas veces se menciona que el Nuevo Testamento nunca habla del hombre reconciliando a Dios. De hecho, nunca habla de Dios siendo reconciliado. Él siempre es el reconciliador, nunca el reconciliado (p. ej. 2 Co. 5:20) … Esto ha llevado a muchos eruditos a tomar como axiomático que toda la enemistad y todo el desacuerdo está del lado de la raza humana… Claro, es cierto que hay enemistad del lado de los seres humanos (Ro. 8:7; Ef. 2:2) … Sin embargo, el Nuevo Testamento deja en claro que también hay barreras del lado de Dios. Él no puede aprobar el pecado. Lo odia, lo condena, y se opone a él… Y todo esto se resalta en la historia de la caída de la humanidad en Génesis … Esta sería la misión de Cristo. Él se dirigiría al Santo en nombre de la humanidad, la espada atacaría, sufriría la maldición y se abriría un nuevo camino al Paraíso… a través de la sangre de Jesús (Heb. 10:19). (Donald MacLeod, Cristo crucificado: entendamos la propiciación p. 151)

Con frecuencia se afirma que Dios nunca tuvo la necesidad de ser reconciliado con el pecador, solo el pecador con Dios. Esto es completamente erróneo y no tiene en cuenta los santos requisitos de Dios… como escribe el finado Dr. Handley Moule: “Esa palabra (katalage = reconciliación) generalmente señala al perdón de un rey ofendido, más que al consentimiento del rebelde a ceder ante su bondad… Esto se ve confirmado por pasajes no teológicos, como Mateo 5:24, donde la dificultad no es tanto de parte del adorador, sino de parte del hermano ofendido y ausente que necesita ser propiciado. Véase también 1 Samuel 29:4.

William Hosten, Problemas bíblicos y sus respuestas pp. 349-35

Alan Summers

[1]  Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad. Romanos1:18

 

[2]  Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. Salmo 5:5.