domingo, 30 de julio de 2023

DAR GRACIAS EN TODO

 


Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. (Lamentaciones 3:22-23)

Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Sesos Jesucristo. (Efesios 5:20)


Si estás triste y deprimido, ¡trata de dar gracias! Si estás desanimado y te sientes molesto, ¡trata de alabar! ¿Alabar y agradecer por qué? Bueno, ¿te ha dejado Dios en tal miseria que ya no hay más bendiciones ni recursos de su parte por los cuales estar agradecido? En Lamentaciones 3 vemos la gran angustia del profeta a medida que enumera todos sus dolores: "Me dejó en oscuridad ... me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas; aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración; cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis senderos ... me dejó desolado" (vv. 6-9, 11). Leemos más de treinta quejas acerca de sus circunstancias desesperadas, y finaliza con estas tristes palabras: "Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová" (v. 18). Luego, de repente, todos sus pensamientos se dirigen hacia Dios, y comienza a hablar de una forma completamente diferente: "Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto, esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré" (vv. 21-24). Así es cuando nos dirigimos a Dios. Nos damos cuenta que siempre habrá muchas razones por las que agradecerle. Lleva tus problemas y tristezas al Señor. Háblale acerca de todo lo que te deprime y desanima. Cuéntale todo, pero no dejes de darle las gracias por todas las bendiciones que has recibido de Él y por la felicidad de tenerlo a Él. Dios se interesa personalmente en ti como tu Padre, así que puedes ir a Él con toda confianza. "Dad gracias en todo" (1 Ts. 5:18).

E. C. Hadley

El Señor está Cerca

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (19)




 La Viuda de Serepta

Ahora conozco que… la palabra de Jehová es verdad” (1 Reyes 17:24).

La historia está en 1 Reyes 17 y Lucas 4.26.


“Te ruego que me traigas también un bocado de pan”, le dijo el hombre a la viuda pobre que estaba recogiendo leña a la puerta de la ciudad de Sarepta. Primero había pedido agua para tomar y cuando ella fue a buscar agua de la poca que tenía guardada, él le pidió pan también.

Aunque era la primera vez que ella veía a ese hombre, le contestó: “Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo”. Llorando, dijo en voz baja que ésta sería su última comida antes de morir de hambre.

Lo que pasó con esta viuda sucedió durante un período de decadencia, cuando el rey Acab y su esposa Jezabel introdujeron la idolatría en Israel. Como dice la Escritura: “Acab... hizo lo malo... más que todos los que reinaron antes de él” (1 Reyes 16.30). Elías fue el profeta enviado por Dios a pronunciar juicio sobre la nación con el fin de restaurarlos. Lo primero que hizo fue presentarse delante del rey y anunciar que no iba a llover por tres años y medio. Entonces hubo sequía en todo el país y luego una gran hambre.

En obediencia a Dios, Elías fue primero al arroyo de Querit donde los cuervos le llevaron pan y carne para comer. Cuando se secó el arroyo, el profeta fue lejos a Sarepta, un pueblo en Sidón, el país de la malvada Jezebel, esposa de Acab y enemiga de Elías.

Guiado por el Señor, el profeta llegó a la puerta del pueblo, vio a una mujer recogiendo leña y le dijo: “Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba”. La mujer miró a aquel hombre extraño que llevaba puesto un manto de piel con un cinturón de cuero, y luego fue a buscarle agua. Él le dijo: “No tengas temor... hazme a mí primero una pequeña torta... y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover”.

La pobre mujer se detuvo un momento. Cuánto le iba a costar hacer lo que él decía, pero percibiendo que era un varón de Dios, obedeció. Como resultado, Elías, la viuda y el hijo de ella recibieron diariamente, según la buena mano de Dios, la provisión de comida que necesitaban durante todo el tiempo de hambre. (Elías ocupó un cuarto en el piso superior de la casa de la mujer).

Todas las bendiciones futuras para esa viuda dependieron de la manera en que ella respondió a la petición. Elías dijo: “Hazme a mí primero”. La palabra “primero” implica que habría más, y él dijo: “después harás para ti y para tu hijo”.

El apóstol Pablo escribió a la iglesia en Corinto: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo”, como una ofrenda (1 Corintios 16.2). El Señor Jesucristo dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios” (Mateo 6.33). Lo primero de todo lo que tenemos debe ser para el Señor.

Un tiempo después de que la viuda mostrara su fe en Dios, fue severamente probada otra vez. Su hijo se enfermó y murió repentinamente. Sospechando que su muerte había sido ordenada por Elías a causa de algún pecado que ella había cometido, la pobre mujer le preguntó: ¿Qué tiene usted contra mí, que está matando a mi hijo y recordándome mi pecado?

“Dame acá tu hijo”, dijo Elías, y al tomar el niño muerto, lo llevó a su cuarto, y lo extendió sobre su cama. Clamando a Dios, dijo: “Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir a su hijo?” Luego se tendió sobre el muerto tres veces y oró. El Señor oyó su ruego y el muchacho volvió a vivir. Elías lo llevó a la planta baja y se lo entregó a la madre. Como resultado, la mujer expresó su confesión de fe a Elías: “Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca”.

Muchos años después el Señor Jesucristo, hablando a la gente en su pueblo de Nazaret, hizo referencia a la viuda de Sarepta. Él dijo que había muchas viudas en Israel, pero esta mujer gentil fue la única que creyó las palabras del profeta y vio el gran poder de Dios obrando por medio de él para suplir sus necesidades.

Vemos que la mujer fue probada dos veces y la primera vez tuvo que decidir y actuar. De su decisión dependía su bienestar para su necesidad en el presente. Pero cuando murió su niño, la pobre mujer perdió la esperanza de tener un hijo que pudiera ayudarla en el futuro, y nada podía hacer para mejorar la situación. Así sucede en nuestras vidas, a menudo tenemos que escoger lo que debemos hacer en el presente y podemos hacerlo según la voluntad del Señor. Pero en otras ocasiones se presentan circunstancias fuera de nuestro control.

Entonces, el único recurso es lo que hallamos en la Palabra de Dios: “Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo” (Salmo 55.22). El Dios de la viuda de Sarepta es nuestro Dios también.

Figuras de Cristo (19)

 El velo, el arca y el propiciatorio (Éxodo 26:31-32;25:10-22; 37:1-9)

W.A. Deans

Un velo dividía las dos partes del Tabernáculo. Estaba hecho de lino fino y tenía figuras de ángeles hechas con hilos azul, púrpura y escarlata, Éxodo 26:31,32.

Solamente el Sumo Sacerdote podía entrar al lugar santísimo una vez en el año, en el día de la expiación. En esa ocasión, él tenía que rociar sangre sobre el propiciatorio. Esta sangre era por sí mismo y por los pecados de todo el pueblo, Hebreos 9:6,7.

Muchos años después, los israelitas vivieron en la tierra de Canaán y construyeron el templo en lugar del tabernáculo. En ese tiempo ellos ya no eran peregrinos por el desierto y no tenían que trasladar el tabernáculo de un lugar a otro. El velo dividía el Lugar Santo del Santísimo en el templo, lo mismo que en el tabernáculo. Nadie podía entrar en el Lugar Santísimo, excepto el Sumo Sacerdote.

Pero cuando el Señor Jesús murió en la cruz, el velo del templo se rompió en dos partes de arriba a abajo. Ahora, el camino está abierto para que los creyentes se acerquen a Dios. Desde que Cristo murió no hay nada que impida acer­carse. Hoy tenemos completa libertad para entrar al Lugar Santísimo por medio de la muerte del Señor Jesucristo. Él ha abierto para nosotros un camino nuevo, un camino vivo, a través de su propio cuerpo. El velo se rompió y su cuerpo fue muerto. Él es el Gran Sumo Sacerdote en la casa de Dios. Así que podemos acercarnos a Dios con corazones sinceros y con la seguridad de que hemos sido limpios de una conciencia culpable, Hebreos 10:19-22.

Volvamos ahora a pensar en el tabernáculo en el desierto. El arca estaba en el Lugar Santísimo y en la cubierta del arca estaba el propiciatorio, Éxodo 25:10-12.

El arca era de madera de acacia y estaba cubierta de oro por dentro y por fuera. Medía tres cuartos de metro de alto y tenía cuatro argollas, una en cada esquina. Los sacerdotes ponían dos varas cubiertas de oro a través de esas argollas y cargaban el arca cuando el pueblo se trasladaba de un lugar a otro.

La cubierta del arca era de oro puro. De la misma pieza de oro los trabajadores hicieron las figuras de dos querubines que se enfrentaban uno al otro en la cubierta. Entre ellos el Sumo Sacerdote colocaba la sangre del sacrificio del altar de bronce. Esta cubierta se llamaba el Propiciatorio.

 


Había tres cosas sobre el arca. Los versículos 3 y 4 de Hebreos 9 nos dicen que contenía, primero, la urna de oro con el maná; segundo, la vara de Aarón que reverdeció y tercero, las tablas de piedra con las palabras proféticas escritas en ellas. La urna de oro contenía maná que los israelitas comieron en el desierto. Este maná no se pudrió. Esto recordaba a Israel, que Dios los alimentó fielmente cuando estuvo en el desierto. Para nosotros, el maná es una figura de Cristo, el Pan de Vida, Juan 6:31-35; 50 y 51.

La vara de Aarón que reverdeció, Números 17:5-11 estaba en el arca para recordar a Israel el pecado del pueblo, Números 16. Dios castigó a los rebeldes que habían tratado de convertirse en sacerdotes. El dijo a Moisés que pusiera doce varas secas, una por cada tribu dentro del tabernáculo por la tarde, para que Dios mostrara a cuál había escogido para que fuera su sacerdote. Por la mañana, solamente la vara de Aarón tenía signos de vida, había empezado a crecer. Podemos ver en esta vara una figura de Cristo, que murió y recibió vida de nuevo y trajo fruto cuando fue levantado de la muerte, Juan 12:24.

Las tablas de piedra estaban en el arca en el tabernáculo y en el templo, pero el maná y la vara de Aarón solamente estuvieron en el tabernáculo. Las tablas de piedra per­manecieron para mostrar que la ley de Dios no pasará nun­ca. El Señor Jesucristo no vino para destruir la ley, sino para cumplirla, Mateo 5:17.

El propiciatorio de oro puro muestra cómo puede un hom­bre enco ntrar a Dios. La sangre del sacrificio se ponía sobre el propiciatorio. Dios puede tener comunión con los hombres por medio del Señor Jesucristo, quien soportó la ira de Dios y derramó su sangre por nosotros.

Los querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio, no tenían espadas de juicio como aquellos que guardaron el Huerto del Edén, después de que Adán y Eva pecaron y tuvieron que dejar el Huerto. Estos querubines miraban la sangre sobre el propiciatorio. Los hombres han infringido la ley de Dios, pero ahora, esta ley ha sido puesta bajo la sangre de redención, la sangre del sacrificio y los pecadores pueden obtener paz con Dios.

LEYENDO DIA A DIA EFESIOS (4)

 

2.1 al 10: Vida nueva y creación nueva


¡Qué triunfo es la vida de entre los muertos! El gran poder de Dios realizó no sólo la resurrección de Cristo, sino también una vida nueva para nosotros. Estábamos muertos; muertos para Dios, del todo insensibles a sus derechos sobre nosotros, 2.1. Desde luego, teníamos buena respuesta a las insinuaciones sutiles de Satanás que gobiernan a los hombres de este mundo.

Esto, dice Pablo, era el caso con el judío y el gentil. Éramos todos hijos caracterizados por desobediencia, y por esto hijos que provocaban la ira de Dios, 2.2,3.

Pero Dios ha actuado. Considérese su gran amor con que nos ha amado; reflexione en las abundantes riquezas de su gracia hacia nosotros. Por gracia, el favor inmerecido de Dios, hemos sido salvos. “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”.

La salvación de nuestros pecados es un proceso diario a medida que vayamos velando y orando y nuestro Señor intercede por nosotros. Él “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”, Hebreos 7.25. La salvación de la presencia del pecado es futura. “Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos”, Romanos 13.11. Pero ya hemos sido salvos del castigo eterno de nuestros pecados. Podemos decir que “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”, Tito 3.5.

Dios ha actuado de tal manera que en los siglos venideros podrá desplegar las incomparables riquezas de su gracia hacia nosotros. Somos hechura suya, una creación nueva. No nos podemos atrever a jactarnos secretamente, ni estar satisfechos, en cuanto a nuestros esfuerzos. “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová …”, Jeremías 9.23,24. Así como el elogio para una buena obra va al artesano que la hizo, también la alabanza para la obra de Dios en nosotros es exclusivamente suya.

Pero Dios tiene también un propósito presente. Somos creados de nuevo para andar, caminando paso a paso a lo largo de la vida, en una senda de buenas obras. Existimos para hacer conocer el carácter de Dios quien es bueno y hace lo bueno, siguiendo en las pisadas de Aquel que andaba haciendo bienes. Debemos hacer bien a todos, especialmente a los que son de la familia de los creyentes, Gálatas 6.10.

Dios ha designado nuestras buenas obras: dar a los necesitados, visitar a los enfermos, practicar la hospitalidad. Oremos que a diario estemos preparados para toda buena obra; digamos como el rey David, “: ¿No ha quedado nadie … a quien haga yo misericordia de Dios?” 2 Samuel 9.3. “Recuérdales”, escribió Pablo, “que estén dispuestos a toda buena obra”, Tito 3.1.

Dios “nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”, Efesios 2.5,6.

K.T.C. Morris 

lunes, 26 de junio de 2023

COMO CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS

 Siempre ha existido ansiedad en el corazón de los hombres por conocer la voluntad de los dioses. El A. T. habla de paganos, como el rey de Babilonia. Detenido ante una encrucijada, hace uso de la adivinación, sacude las saetas, consulta a los ídolos y mira el hígado (Ezeq. 21:21). Otros lo hacen de diferente modo, y aun nuestra gente moderna —que pretende ser tan civilizada— consulta horóscopos en revistas y periódicos. Lo hace porque siente necesidad de ayuda, pues el pecado ha desorganizado todo su ser. En cam­bio, cuando el hombre es regenerado, el mismo Espíritu Santo toma a su cargo la dirección de su vida.

Es evidente pues que toda forma de adivinación nace del deseo de obtener conocimiento del futuro, aun clandestinamente; y esto es una imitación satánica de la profecía. El Espíritu Santo es quien guía a los verdaderos hijos de Dios, pero son demonios los que guían en el otro caso; ellos tienen cier­to conocimiento que podremos llamar super físico.

Cuando el Espíritu toma posesión del creyente, él mismo lo guiará, aunque no necesariamente por medios sobrenaturales. A veces lo ha hecho por instrucción oral, “habló Dios a Abraham; a Moisés", etc., o mediante visio­nes y sueños. Pero es necesario advertir que entonces no había una revela­ción completa, escrita. Otro modo fue la nube y la columna de fuego. Habiendo redimido a su pueblo, Dios descen­dió para morar en medio de él y andar con él. No lo dejo ir a su heredad como pudiera. Israel debía ser un pue­blo guiado y obediente. La nube escribió “si el Señor quiere” sobre todos sus movimientos; hizo que ellos vol­vieran a ser como niños. Nosotros pues podemos esperar también que Dios haya provisto algo que nos sirva de brújula en nuestra peregrinación; y por cierto es así, y no es algo, sino Alguien, ¡Se trata de una Persona!

En el discurso del Señor que ha­llamos en Juan cp. 14 al 18, leemos que preparaba a los suyos para Su salida de este mundo. Pero les prometió que vendría OTRO guiador. “El Espíritu de verdad”. Ahora nuestro Señor está en el cielo, pero el Espíritu Santo es­tá aquí, y su misión es guiarnos.

Cada uno de nosotros sabe lo que es estar en situación de perplejidad, y tener necesidad de hacer algo. Segu­ramente Israel en su tierra no fue guiado otra vez exactamente como cuando estaba en el desierto. No obstante, la presencia invisible de Dios por su Espíritu, y según su palabra, siem­pre estuvo guiando y protegiendo.

Algunas palabras de advertencia —exenta de dogmatismo— acerca de costumbres no recomendables nos vendrían bien, pues sabemos que han sido motivo de bendición a almas sencillas. Sabemos de aquellos que siempre buscan la dirección del Señor por medio de una “cajita de sorpresas”. Al­guien ha dicho que junto a ella habría que poner una “caja de advertencias”. Otros dicen ser guiados por impulsos. “Se sienten guiados”. Es cierto que a veces el Espíritu obra así; no obstante, es indispensable estar siempre en comunión con el Señor.

No podemos caminar en las sendas de justicia solamente por medio de presentimientos. Muchas veces esto de “sentirse guiado” no es más que una excusa para justificar hechos apresurados, y ministerio sin provecho. Según las Escrituras no es cosa de “sentirse guiados”. Somos guiados por el Espíritu. Además, la dirección del Espíritu no es para tiempos de crisis solamente, sino para toda la vida. Es por esta ra­zón que nos ayuda grandemente al sobrevenir los momentos de crisis.

Señales sobrenaturales. Tales cosas son buscadas muchas veces por los es­piritualmente inmaduros. Vista no es compatible con Fe, y no debemos olvida— míe los adversarios también hacen señales. Las señales sobrenaturales no forman parte de la guía divina normal.

Cristo dijo a los suyos acerca del Espíritu Santo: “os guiará”. Y esto su­giere una mano amorosa extendida pa­ra dirigir, “os guiará a toda la verdad” (Jn. 16:13). Los apóstoles tenían que ser testigos de todo lo que aconteció, a fin de llegar a ser los escritores e intérpretes de Cristo para todo el tiempo, para que en cada generación por su palabra otros creyeran. (Tn. 17:20). El conocimiento que los apóstoles recibie­ron por tal guía, quedó registrado permanentemente en el Nuevo Testamento. El Espíritu los guio a escribir, así como ahora nos guía a nosotros al leer, para que crezcamos en el conocimiento de su voluntad. Si quisiéramos ser guiados por el Espíritu en los asuntos de nuestra fe, éstas son las Escrituras que tendremos que estudiar. La palabra de Dios es el “libro de texto”, y ninguna cosa que no cuadre bien con el LIBRO podrá ser considerada como enseñada por El.

Todo creyente debe experimentar para si la guía y la iluminación del Espíritu. Las condiciones no son difíciles de obtener. Consiste sencillamente en la atención humilde y expectante. Y en leer las Escrituras con ferviente oración. Y al leer u oír la Palabra, el Espíritu será nuestro Guía y Enseñado.

Es también obra del Espíritu que mora en nosotros, el conducimos a la contemplación del divino rostro; y a una vida de oración e intercesión. Él nos guiará en el camino de la santidad de vida (Ezeq. 36:27, Isa: 30:21). La característica de tal vida es que nunca se guía por las normas y deseos de la carne, ni por la manera de pensar del mundo.

“Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios” (Rom. 8:14). La expresión “hijos de Dios” significa no solamente que somos de la familia de Dios, sino que además manifestamos la dignidad de “hijos de Dios”. Todo creyente es hijo de Dios por nacimiento, pero todo hi­jo no está mostrando la dignidad del estado de hijo. Vive como niños que no ven, sin realizar la alta dignidad de su vocación y estado.

La vida del Espíritu dentro del creyente autentica del estado de hijo. Es el especial privilegio de ellos ser guiados por el Espíritu; por la palabra que es inspirada y por Su testimonio dentro del alma, que ilumina el enten­dimiento y vivifica la conciencia, de tal manera que tiene un instinto espiritual y un discernimiento sano de las cosas de Dios. Este es el principio que ha de guiar la vida. Y en esto no hay nada que tenga que ver con un mero entusiasmo o éxtasis. Todo habla de la su­jeción del corazón al gobierno de la voluntad de Dios en nuestras palabras, obras y pensamientos. Sujeción que desde nuestro punto de vista es voluntaria, y sin embargo es debida al divino Agente y Enseñador que mora adentro. Se trata de una entrega y un santo abandono al Espíritu Santo, el cual ha de guiarnos. Tal guía llevará a la mortificación de la carne, y por la obediencia a Él nunca seremos derro­tados por ella.

Recibimos el “Espíritu de adopción” (Rom. 8:15). Significa dar el lugar de hijo a alguien a quien por naturaleza no le pertenece. El contraste es entre la posición sin privilegios de un esclavo, y la de aquel que no solamente es reconocido como un miembro de la familia, sino también es poseído de una dignidad: es hijo y heredero. Porque aquellos que han recibido el Espíritu de adopción son herederos de Dios (Efes. 1:5).

En la carta a los Romanos. Pablo contrasta el presente con el glo­rioso futuro. Somos hijos de Dios aun­que ahora estemos viajando como in­cógnitos por el mundo. En el pasaje paralelo de Gálatas 4:6, leemos del Espíritu de su Hijo. Allí el presente es contrastado con el pasado que fue invalidado en Cristo. Es la acción del Espíritu del Hijo sobre nuestro espíritu que nos hace clamar “Abba Padre”. El Espíritu llena el alma con amor de tal manera que es d gozo del hijo obede­cer. Por el Espíritu la ley se cumple, pero al mismo tiempo su dominio que­da abolido. No es más un freno que moleste, pues el creyente, dulcemente constreñido por el Espíritu hace la voluntad de Dios, y guiado por el Espíritu vive una vida libre de egoísmo y Heno de fruto para Dios.

Walter T. Bevan

Más Que Inmodesto


“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia”
 (1 Ti. 2:9).

Los bajos de los vestidos suben y los escotes bajan cada vez más. Los vestidos son tan ajustados y cortos que es difícil sentarse. En otros, rajas largas exponen las piernas muy por encima del doble del vestido o la falda. Blusas o camisas cortas dejan expuesto el ombligo. Blusas apretadas en combinación con ropa interior muy fina exponen a la vista todos los detalles.

¿Quién lleva semejante ropa? Aunque puede que nuestro primer pensamiento sea de la gente que vemos cada día en el mundo, estoy pensando más en personas que profesan ser creyentes que he visto en asambleas y en otras congregaciones de cristianos.

Este estilo de vestirse va más allá de la inmodestia y entra en la línea de lo inmoral. El Señor

mismo dijo: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt. 5:27-28).

La verdad es que hay hermanas jóvenes, y algunas de más edad, que se visten de manera que no sólo atraen atención sobre ellas, (inmodestia, 1 Ti. 2:9-10), sino que sin saberlo (espero), provocan a hombres jóvenes y no tan jóvenes a pecar. Su forma de vestir revela tanto y es tan provocativa que a los del sexo opuesto les es verdaderamente difícil no echar la segunda mirada. Entre creyentes, la forma de vestirse ha ido de informal a desarreglado e inapropiado, y ahora comienza a ser inmoral. Es tiempo de que las hermanas más ancianas se acerquen a las más jóvenes y hablen con ellas acerca de esto. En algunos casos, puede que los ancianos deban dirigirse al problema.

Y no sólo son las mujeres las que se visten inmoralmente. Los hombres jóvenes también deben tomar en consideración la tentación que ponen delante del sexo opuesto. Muchos jóvenes se visten inapropiadamente para una reunión de la iglesia. Esto no quiere decir que haya que mandar que siempre lleven una chaqueta americana y corbata, pero por otra parte no es apropiado ir a congregarse con los creyentes vestido como si acabara de salir del campo de futbol o del gimnasio. Estos mismos jóvenes no vestirían así para ir a entrevistarse para un trabajo, ni para ir a una boda, pero no tienen la debida reverencia respecto a una reunión con el pueblo del Señor en la presencia del Señor.

Algo que es quizá más preocupante es que los padres cristianos parecen tener poco o nada que decir a sus hijos acerca de su modo de vestirse, y es razonable suponer que son ellos quienes proveen la ropa que llevan sus hijos. ¿Esto es porque ellos consienten o aprueban esta forma de vestirse, o porque simplemente tienen miedo de decir algo a sus hijos?

Posiblemente algunos que están en liderazgo en las asambleas tienen miedo de ahuyentar a los jóvenes si tratan esta clase de tema. Sería para nuestra vergüenza si para retener a nuestros jóvenes, ignoráramos lo obvio (1 Co. 13:6). Puede que se queden en la asamblea, pero ¿qué será el producto de este modo de pensar y proceder? Ciertamente no vamos a producir jóvenes maduros ni piadosos. La misma gracia que nos salvó también nos enseña “que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:12), y nosotros también debemos enseñar esto.

Dada la forma de pensar de hoy en día, en la que el culpable a menudo piensa que es una víctima, puede que los que hablen de este tema sean tachados de legalistas o de algo peor. No dejemos que semejantes etiquetas nos detengan de hablar la verdad en amor acerca de la forma inmoral de vestirse que es tan evidente hoy en día entre los que profesan ser cristianos. “Hermanos míos, esto no debe ser así” (Stg. 3:10).

Steve Hulshizer

traducido de “Milk & Honey” por Carlos Tomás Knott


 

SEÑALES DEL TIEMPO

 "ALGUNOS APOSTATARAN DE LA FE"

Significa "ubicarse lejos de la fe" (Gr. aphistemi). Aquí el texto dice algunos, en cambio en 2 Ti. ya son muchos. Estas son personas que dijeron saber la doctri­na de Cristo ;(la fe), pero no le conocieron a Él como Salvador. Este hecho de inmediato dio origen a las re­acciones que ^ya vemos en la misma iglesia del Nuevo Testamento, por ejemplo: Himineo y Alejandro (1 Ti. 1: 20); (2 Ti.2:17; 4:14); la contradicción de Asia (2 Ti. 1:15); el extravío del negocio con las cosas de Dios (1 Ti.6:5-10); la aparición de anticristos (1 Jn.2:18-19), etc. que configuran una trágica deformación herética a las verdades enseñadas por los mismos apóstoles.

"ESCUCHANDO A ESPIRITUS ENGANADORES"

Ocurre como una réplica de Edén y la atención que Eva puso a la voz del diablo (Gn.3:3,5,13); quien nunca cesó de presentar estratagema para disfrazar la verdad (2 Cr. l8:19) hasta intentar atropellar al mismo Señor (Mt. 16:23). Muchos creyentes se han enfriado, y los profesantes desbaratados, ampliando el espectro de la confusión religiosa (2 P.2: l). En síntesis, escuchar (Gr. aferrándose 2 P.l:19) significa tomar una firme decisión con respecto a la sana doctrina: a] Cristo no es venido en carne (2 Jn.7); b] Demostrar lo que creen por medios ilícitos (2 P.2:18) en competencia con el verdadero poder del evangelio; c] Asegurar que no han pecado siguiendo alguna filosofía de origen griego para tratar de poner de lado la obra de Cristo (1 Jn. 1:8) y cuántas cosas más que han formado la base a las miles de creencias que tenemos en el presente y que arremeten con "su ver­dad" en contra del glorioso evangelio de Cristo. No vencerán.

"DOCTRINAS DE DEMONIOS"

El ejército de ángeles destituidos se ha colocado en favor de la mentira, la ha venido disfrazando, y cambiando de signo desde el "otro evangelio" de que habla Pablo en Gá.l, hasta el "contra evangelio" de la no resurrección (1 Co.15:12;     Hch.26:8;        2 Ti.2:17), pasando por todos los matices de cultos inspirados por Satanás sea como ángel de luz o con groserías vergon­zosas (Ef.5:11-13).

Las doctrinas de los demonios atacan a los cristia­nos y a los no cristianos, y seduce lamentablemente a los unos y a los otros. En estos tiempos que reconocemos como finales de la escatología, los últimos días de los "postreros tiempos", la avalancha demoníaca parece ser un ejército como las langostas de Ap.9 que, armadas de todos los elementos imaginables, avanzan sobre nosotros y si pudieran, nos harían autodestruir (por pleitos, envidias y contiendas internas fraguadas), o por desi­dia, pereza, dejadez, liviandad y cuánta otra cosa que signifique desentendimiento del llamado del Espíritu a la santidad y la adoración. ¡Cuidado!

"HIPOCRESIA DE MENTIROSOS"

¿Habrá dentro de la iglesia elementos de este sector? Tristemente sí, y muchos (1 Ti. 1:5-6). Los hubo en todos los ‘tiempos y hoy la "diplomacia religiosa" (Gá.2:13), a un nivel refinado desprecia sonrientemente a los dones del Espíritu y si pudiera, eliminaría a los siervos de Dios (Stg.3:16-17). Y esto ocurre dentro, con lo que consideramos de la familia de Dios. ¿Qué sucede con los que dicen que son, pero no lo son? Se plantea el 'sistema de tributo' de Me. 12:13-17.

Aunque triste sea admitirlo, la hipocresía nunca se apartó de los miembros de la iglesia, y las varias advertencias al amor sin fingimiento (Ro.l2:9), al amor sincero (2 Co.6:6) y a la preparación espiritual para practicarlo como en 1 P. 1:22: "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro", clara­mente descubren que a menos que exista una íntima pre­paración individual activada por el Espíritu Santo, la insinceridad de los gentiles también estará al día en la iglesia de Dios. ¡Muy triste! Es malo cuando los menti­rosos están afuera y nos engañan, así como lo tenemos en la Escritura; es horrible, cuando imitándolos, también se ganaron adentro y son miembros de la iglesia y hasta pretenden dirigirla (Ef. 4:25; Hch. 5:3; Col.3:9; Stg.3:14; 3 Jn.9-10).

"TENIENDO CAUTERIZADA LA CONCIENCIA"

"Cauterizar" significa literalmente 'quemar con un hierro candente'. Es el efecto del pecado en las con­ciencias de los profesantes. La historia ha demostrado la cantidad de conciencias quemadas que han seguido propagando sus enseñanzas con total insensibilidad a la doctrina del evangelio, y produciendo una mezcla deshonrosa de verdad y error ofensiva a Dios, descontro­lada por el Espíritu (1P.2:19).

La conciencia es el autoconocimiento que testifica la conducta. Cuando está supervisada por Dios es buena (1 Ti.1:5, 19), limpia (1 Ti.3:9) y santa (He.9:14). Cuando sale de su esfera se corrompe (1 Ti.1:15) y torna inestable y crítica. Nosotros mismos sufrimos los síntomas de la quemazón cuando vivimos al margen del control divino (1Jn.3:18-20).

Es una señal del fin del siglo el aumento vertiginoso del "andar gentil", es decir ese modo insensato de conducta vana con el "entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios... por la dureza de su corazón" (Ef.4:17-19).

Raúl Caballero Yoccou
Contendor Por la Fe