sábado, 25 de julio de 2026

La visita más estupenda de los siglos

 

El Señor Jesucristo sentado


Se pueden aprender lecciones sencillas pero útiles de las cinco ocasiones mencionadas a continuación cuando se nos presenta al Señor sentado.


1. Sentado para enseñar

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba. Mateo 5.1,2

El hecho de que El haya subido al monte para instruir a los suyos nos sugiere la necesidad de alejarnos del tumulto y los quehaceres cotidianos con el fin de ocupar la mente en las cosas celestiales de la Palabra de Dios. El que dijo, “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí”, todavía está enseñando a los suyos por medio del ministerio del Espíritu Santo y la Palabra.

Al referirse a la manera de ser del mundo gentil, el apóstol Pablo recordó a los creyentes de Éfeso que ellos no habían aprendido así a Cristo, “si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús”. Discernimos en este pasaje que lo que Cristo enseña no es apenas teórico sino muy aplicable, y produce una diferencia inequívoca entre el andar del creyente y el que no lo es.

El hecho de que el Señor Jesús se haya sentado nos haría recordar que Él se adaptó a la capacidad de sus oyentes. El habló con autoridad, pero a la vez habló en el lenguaje y los términos que todos podrían entender, ya que la gente común le oía de buena gana. Su método de enseñanza sería muchas veces al estilo de cómo deben ser nuestros estudios bíblicos, con preguntas y respuestas.

Un estudio bíblico puede ser muy provechoso cuando hay ejercicio e interés de parte de los que enseñan y de los que están deseosos de aprender.

2. Sentado para adorar

Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Lucas 22.14,15

Probablemente éste fue el último breve descanso para él antes de que manos tiernas quitaran su cuerpo santo de la cruz para ponerlo en una tumba nueva. El recibe aquí el lugar que le correspondió, como anfitrión en la institución de la Cena. Él fue y es ejemplo para nosotros en la puntualidad, sentándose “cuando era la hora”.

Le vemos cual Señor de los suyos, el centro y objeto de su reunión, y la base de su comunión. Hoy en día, al cabo de 1900 años, tenemos todavía el privilegio de hacer memoria de él de la misma manera sencilla y humilde:

A tu palabra, mi Señor, humilde vengo aquí, y en esta fiesta con amor, memoria haré de ti.

Cuando El preside, podemos esperar que haya puntualidad, reposo, orden, separación y verdadera adoración.

3. Sentado para interceder

Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Hebreos 1.3

Él está allí como Autor y Consumador de la fe. La diestra da a entender que todo poder y autoridad le han sido encomendados, y Él está sobre el trono de la gracia como nuestro sumo sacerdote que traspasó los cielos, 4.14 al 16.

En este sacerdocio inalterable, Él puede compadecerse de nuestras debilidades, y “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”, 7.25. En él hay la plenitud de poder con Dios y con los hombres. El Padre mismo le mandó sentarse allí, “hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”, y es esto lo que llena de consuelo y confianza en todo tiempo el corazón de los creyentes cansados y sufridos.

4. Sentado para refinar

Se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. Malaquías 3.3

Este día de juicio se refiere primeramente a Leví, Judá y Jerusalén, y se realizará en el futuro. Pero el pasaje nos revela un aspecto importante del ministerio que el Señor realiza actualmente a favor de los suyos. Tal como la vid requiere ser podada para que lleve más fruto, así la plata que es nuestra fe tiene que pasar por el fuego del refinador para que sea quitada la escoria; “... para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza”, 1 Pedro 1.7.

El horno de Nabucodonosor sólo pudo soltar los amarres de aquellos tres hebreos, sin quemar las puntas de su cabello, y así el fuego de la persecución y aflicción es, en los propósitos soberanos de Dios, para librar el cristiano de las cosas del mundo que le encierran. “Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”, Romanos 8.28.

Cierta señora cristiana le preguntó a un platero si realmente hacía falta que él se sentara a mirar mientras se fundía la plata. El afirmó que sí, porque había el peligro que la plata se dañara al no haber quien cuidara el proceso; por esto él quitaba la escoria poco a poco, hasta ver reflejada su imagen en el metal

Es un gran consuelo al hijo de Dios saber que cuando él pasa por la prueba, el Señor está sentado cerca “para afinar y limpiar la plata”, y que no nos quitará la vista hasta que su propósito sea realizado. “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”, 1 Corintios 10.13.

5. Sentado para reinar

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3.21

Cristo no sólo está sentado aquí como vencedor, sino que promete exaltar en el futuro a su trono a aquellos que vencen también mientras estén en la tierra. Este es su último llamado a la Iglesia en los días finales de su decadencia terrenal. Va dirigido a individuos, a personas que tienen oído para oír lo que el Espíritu está diciendo.

Para los que son fieles testigos del Señor en su ausencia, les espera un gran futuro: “Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él”, 2 Timoteo 2.11. Durante el poco tiempo que vamos a estar aquí, que seamos estimulados de corazón hacia amor y devoción a su nombre, sabiendo que El llamará los suyos a sentarse con él en su trono.

Santiago Saword


¿Qué es y qué simboliza la fiesta de las primicias?

 Introducción

Los habitantes del mundo hebreo del Antiguo Testamento eran agricultores en su gran mayoría y, por lo tanto, toda bendición que recibían de parte de Jehová debía ser agradecida ante su altar. Por ello, al inicio de la cosecha, cuando las primeras gavillas empezaban a madurar, estas eran llevadas al santuario. Dicha presentación se realizaba el primer día de la semana después de la Pascua. De hecho, mientras no se efectuase esta acción de gracias, estaba prohibido comer de los frutos o preparar pan con ellos.

También cabe destacar que existían otros tipos de primicias: de animales, frutos, vino, del primogénito, masa, grano, aceite y lana (Éxodo 22:29; Deuteronomio 18:4, etc.). Sin embargo, nuestro estudio se centrará en la ceremonia nacional.

Ceremonia

Contamos con una serie de pasajes en el Antiguo Testamento que abordan este tema, especialmente en el Pentateuco: Éxodo 22:29, Levítico 23:10-14, Números 15:17-21 y Deuteronomio 26:1-11. Adicionalmente, encontramos menciones en Nehemías 10:35 y Ezequiel 44:30.

El pasaje de Éxodo 22:29 declara la ordenanza formalmente: “No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar”. Por su parte, la ceremonia o acto representativo a nivel nacional se describe en Levítico 23:10-14, donde se detalla cómo debía hacerse la presentación de las primeras gavillas. Esta ofrenda se presentaba el día después del día de reposo, y el sacerdote la «mecía delante de Jehová». Asimismo, las instrucciones señalaban: “ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová”. También se acompañaba de una ofrenda de “dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin”.

Los hebreos tenían prohibido comer pan, grano tostado o espigas frescas hasta que se hubiese realizado esa ceremonia; solo después de esta se les permitía consumir pan elaborado con la harina del grano nuevo.

Por otro lado, en Números 15:17-21 encontramos la ofrenda familiar o doméstica por los primeros productos que obtendrían para alimentarse al entrar a la Tierra Prometida. Para ello, debían presentar una «torta» amasada: “de las primicias de vuestra masa daréis a Jehová”. Esta disposición debía cumplirse como una “ofrenda por vuestras generaciones”, para siempre.

Finalmente, en Deuteronomio 26:1-11 se detalla el rito individual; es decir, cómo un agricultor o viñador debía presentar la ofrenda por sus primeros frutos. El oferente debía colocarlos en una canasta, llevarlos al tabernáculo (y posteriormente al templo) y presentarlos al sacerdote, declarando: “Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría”. Entonces, el sacerdote tomaba la canasta y la colocaba delante del altar de Jehová.

Luego, el oferente pronunciaba:

 

“Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová”.

Tras esta declaración, el oferente adoraba delante de Jehová.

 

Símbolo

Si la Pascua tipifica la muerte del Señor Jesucristo por nuestra salvación, en la fiesta de las primicias —celebrada el primer día de la semana posterior a la cena pascual— podemos hallar paralelismos teológicos muy profundos.

Evidentemente, esta festividad profetizaba la resurrección del Señor Jesucristo, lo cual se cumplió con precisión el primer día de la semana posterior a su muerte. A la luz de esta fiesta, podemos interpretar este hecho bajo la premisa de que “todo lo primero y lo mejor pertenece a Dios, y que Cristo mismo es la primicia de la nueva creación” (C.H. Mackintosh).

El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los Corintios: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho…” (1 Corintios 15:20-23). Cristo es la primicia de la nueva vida, y este hecho es la garantía para todos los que durmieron en Él de que no permanecerán en el sepulcro cuando Él vuelva por los suyos.

También podemos colegir que esta fiesta enseña una actitud de fe. Así como los agricultores del Antiguo Testamento se acercaban al santuario confiando plenamente en que Dios los bendeciría con una producción abundante en el futuro cercano —pues en ese momento las espigas aún no habían madurado por completo—, del mismo modo, la providencia divina obra hoy para que la cosecha espiritual sea abundante.

Otras Primicias

No debemos olvidar las otras ofrendas de primicias de carácter personal, las cuales utilizaban los levitas y sacerdotes para su sustento. Esto nos invita a reflexionar en que hoy también debemos ser capaces de ofrendar para el sostenimiento de los hermanos que entregan su vida por completo a la predicación del evangelio, o bien para ayudar a los necesitados, como las viudas que se encuentran solas y desamparadas.

El apóstol Pablo ya había instaurado esta visión de las primicias en 1 Corintios 16:2 para socorrer a los creyentes de Jerusalén que atravesaban por dificultades: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.

Por último, hay otro aspecto que llama poderosamente la atención: los primogénitos. ¿Acaso esto no nos señala la consagración que deben tener los creyentes para el servicio de su Señor? Tú que lees esto, ¿estás plenamente consagrado al Señor? Recuerda que le perteneces a Él.

 

Conclusión

La fiesta de las primicias es una fiesta dada por el mismo Dios que los iba a bendecir con una producción abundante. De modo que podemos afirmar, que, dado que es profecía una referencia a la resurrección del Señor Jesucristo, esta está cumplida.

Pero aun podemos sacar otra conclusión, que, dado que Dios no bendecirá con abundancia, del mismo modo, como se mandaba al pueblo de Israel, de dar las primicias de todos para el mantenimiento de los levitas y sacerdotes, del mismo modo debemos dar para el mantenimiento de la obra del Señor. 

S.K.R.

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS (7)

 

5.18 al 21 El ministerio de la reconciliación


La reconciliación es la sustitución de amistad por enemistad, y por insinuación señala a una amistad que existía una vez, pero fue perdida. El hombre fue hecho para amistad con Dios y cumple su destino cuando está en unanimidad con él. Pero hay una influencia perjudicial — el pecado. El pecado se ha interpuesto entre Dios y el hombre. El alejamiento del hombre de Dios, junto con la consiguiente enemistad proactiva contra Dios, fue consecuencia de la desobediencia y el pecado de Adán. La desobediencia a la voluntad de Dios imposibilitó la comunión entre el hombre y su Creador. Esta consecuencia, la comunión rota, sigue vigente hasta el día de hoy.

El hombre tiene que ser rectificado ante Dios; tiene que ser reconciliado, y en esto se prueba cualquier evangelio profeso. Es una prueba crucial, porque la cruz es el punto esencial. Dios nos reconcilió así al hacer pecado de Cristo por cuenta nuestra. Cristo era sin pecado, ni conocía pecado; era de un todo santo. Fue tentado en todo a semejanza de nosotros, pero nunca fue tentado por pecado innato. Desde luego, era inconcebible que Él pudiera pecar, porque era Dios manifestado en carne.

Fue hecho pecado. Su impecabilidad era la cualidad que permitía en la estima de Dios que fuese el agente de la reconciliación. Dios lo asoció a él con el pecado, el que no tenía pecado, cosa que requería nada menos que la muerte de cruz. Cristo no sólo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, sino también fue hecho pecado. Pesó en su contra todo el asunto del pecado, y mientras aquello estaba pendiente, la reconciliación era imposible.

Pero Cristo, siendo hecho pecado, murió y lo quitó una vez por todas. El pecado le fue impuesto por Dios, y su muerte es la ejecución de la sentencia divina sobre aquello. Al morir, Él quitó el pecado, de manera que no es una barrera ahora. Dios ha hecho la paz por la transacción del Gólgota, realizando así la reconciliación. El pecado podía ser atendido tan sólo por la muerte. Exigía la muerte de Aquel que, siendo Hombre, podía morir, y siendo Dios, podía impartir a su sacrificio expiatorio toda la dignidad, virtud y gloria de su Persona divina.

                “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo”, v. 19. El creyente es un embajador del corte celestial que trae del Rey el ministerio de la reconciliación del hombre.

B.OSBORNE.


SIGNIFICADO DE ALGUNAS PALABRAS

 

EXPIACIÓN: Es la reconciliación o la restauración de relacione8 amistosas entre Dios y los pecadores.

El pensamiento en el Antiguo Testamento es que Dios ha cubierto los pecados de Su pueblo por la sangre del sacrificio, echándolos fuera de vista (tras sus espaldas, en la profundidad del mar). Esta palabra no se usa en el Nuevo Testamento.

MEDIACIÓN: Es el trabajo de un mediador, uno que actúa entre dos personas. Dios hizo nuestra salvación por Cristo, quien así fue nuestro Mediador. Se le llama el Mediador del Nuevo Pacto porque El, por Su muerte, aseguró para nosotros las promesas mejores que Dios hizo en ese Pacto.

"LO HIZO PECADO" (2 Cor. 5:21): significa que Cristo fue hecho la Ofrenda por el Pecado; nuestros pecados fueron imputados a Él y sufrió por ellos como nuestro Sustituto para que nosotros podamos tener Su justicia imputada a nosotros. por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."

“HECHO MALDICIÓN” (Gál. 3:13): Porque nuestros pecados le fueron imputados, fue hecho maldición por causa de ellos. El sufrió la maldición y así nos redimió de ella; pagó el justo castigo de la ley. 5. PROPICIACIÓN (1 Juan 2:2; 4:10). La palabra en Rom.3:25 es la misma usada en Hebe 9:5. Es el lugar donde el pecador puede encontrarse con Dios porque allí la sangre ha sido rociada. Propiciación significa Satisfacción. Cristo ha satisfecho a Dios de parte nuestra. Él ahora es nuestra propiciación ante Dios (1 Juan 2:2), Aquel en quien Dios ha sido y es satisfecho.

RECONCILIACIÓN significa paz. El Señor hizo "la paz mediante la sangre de su cruz.

REDENCIÓN es rescate por un precio pagado. El Precio es el Rescate; la Redención, la libertad que le sigue.

SUSTITUCIÓN no es una palabra bíblica pero sí una grande verdad bíblica. Significa que uno toma el lugar de otro quien sustituye — un cambio bendito. Así Cristo fue el sustituto para todos 108 que creen, la Cabeza que murió por todos los miembros.

FIADOR. Uno que se hace responsable por la deuda de otro. El Señor Jesús se hizo Fiador por todos Sus santos y en la cruz pagó todo lo que debían.

— G. Goodman


 

NICOLAITISMO: SURGIMIENTO Y CRECIMIENTO DEL CLERO

 “Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco... Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco” (Apocalipsis 2:6,15, en las epístolas del Señor dirigidas a las iglesias de Éfeso y de Pérgamo).

En las cartas proféticas dirigidas a las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3 (las cuales nos dan la historia espiritual de la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles hasta la venida del Señor), la carta a la iglesia de Pérgamo sigue a las cartas a la iglesia de Éfeso y a la iglesia de Esmirna. Pérgamo marca la tercera etapa de la desviación de la verdad por parte de la Iglesia y es históricamente fácil de reconocer. Se aplica al tiempo en el cual, luego de haber atravesado las persecuciones paganas (Esmirna), la Iglesia fue públicamente reconocida y establecida en el mundo. El tema principal de la carta a Pérgamo es “la Iglesia que mora donde está el trono de Satanás”. La palabra correcta es «trono», no «asiento». Satanás tiene su trono en el mundo, no en el infierno, el cual será su prisión y en el cual nunca reinará. Él es llamado “el príncipe de este mundo” en Juan 12:31, 14:30 y 16:11.

Por la tanto, morar donde está el trono de Satanás es asentarse en el mundo, bajo el gobierno y la protección de Satanás. ¡Esto es lo que la gente llama la institución de la Iglesia! Tuvo lugar bajo el emperador romano Constantino, cerca del año 320 d.C. Aun cuando la tendencia de la Iglesia a unirse con el mundo había estado aumentando por algún tiempo, fue entonces cuando ella salió fuera del lugar que le era propio e ingresó en los lugares de la antigua idolatría pagana. La gente llama a esto el triunfo del cristianismo, pero el resultado fue que la Iglesia se posesionó con tal firmeza de las cosas del mundo como nunca antes. El lugar de liderazgo en el mundo fue de ella y los principios del mundo la invadieron rápidamente.

El nombre Pérgamo indica esto. Es una palabra griega que significa casamiento. El casamiento de la Iglesia con cualquier cosa antes que Cristo venga a llevársela consigo (en el arrebatamiento), es infidelidad hacia Él, con quien ella está desposada. Pero aquí está el matrimonio de la Iglesia y del mundo, el final de un noviazgo que había comenzado mucho tiempo antes.

Antes del tiempo de este «casamiento», una cosa importante se menciona en la primera carta a la iglesia de Éfeso, aunque sólo de manera incidental, pues ello no caracteriza la condición espiritual de la asamblea de Éfeso. El Señor les dice: “¡Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco” (Apocalipsis 2:6)! Sin embargo, en Pérgamo tenemos más que las obras de los nicolaítas; tenemos una doctrina, y la Iglesia, en vez de rechazarla, la toleraba. En su tiempo, los santos de Éfeso aborrecían las obras de los nicolaítas, pero en Pérgamo la permitieron y no condenaron a aquellos que sostenían la doctrina.

¿Cómo hemos de interpretar estos versículos? Hallamos que la palabra nicolaítas es lo único que tenemos para ayudarnos. Muchos han realizado grandes esfuerzos para intentar demostrar que existió una secta de los nicolaítas —un grupo religioso llamado por ese nombre— pero la mayoría de los autores concuerdan en que esa hipótesis es muy improbable. Aun si existió tal secta, es difícil entender por qué debería haber en estas epístolas proféticas semejante mención repetida y enfática de una secta oscura acerca de la cual la gente nos puede decir poco o nada. El Señor denuncia solemne y poderosamente: “la cual aborrezco”. Ella debe ser especialmente importante para Él, y también debe ser significativa en la historia de la Iglesia, por poco comprendida que pueda ser. Además, la Escritura no nos remite a la Historia de la Iglesia ni a ninguna historia para que interpretemos sus significados. La Palabra de Dios es su propio intérprete a través del Espíritu Santo y no tenemos que acudir a otras fuentes para descubrir lo que está allí. De lo contrario, la interpretación de la Escritura dependería de hombres eruditos que buscan respuestas para aquellos que no tienen los mismos recursos o aptitudes, ¡las cuales, forzosamente, habrían de ser aceptadas sobre la base de su autoridad solamente!

A lo largo de la Escritura, el significado de los nombres es importante, y el significado de nicolaíta es llamativo e instructivo. Por supuesto, para aquellos que hablaban griego, el significado les habría resultado claro. Significa sojuzgador del pueblo. La última parte de la palabra (Laos) es la palabra griega que designa al «pueblo» y nuestro término de uso común «laicos» deriva de ella. Así pues, los nicolaítas fueron gente que estuvieron sometiendo o reprimiendo a los laicos —la masa del pueblo cristiano— para enseñorearse indebidamente sobre ellos.

Lo que hace que esto sea más claro aún es que en Pérgamo tenemos también a aquellos que sostenían la doctrina de Balaam; un nombre cuya semejanza en lo tocante a significado ha sido observada con frecuencia. Balaam es una palabra hebrea que significa destructor del pueblo, un significado muy importante en vista de su historia. Balaam “enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación” (Apocalipsis 2:14). Con este propósito instigó a Israel a mezclarse con las naciones, de las cuales Dios los había separado con cuidado.

El desbaratamiento de esa necesitada separación significó la destrucción de Israel, mientras prevaleciera. De igual modo, la Iglesia es llamada a salir fuera del mundo, y es sumamente fácil aplicar el tipo divino en este caso. Así, la estrecha relación de estos dos nombres (Balaam y nicolaíta), ayuda a confirmar el significado anterior de nicolaíta.

Observemos el desarrollo del nicolaitismo. Al principio sólo cierta gente adoptó una posición de superioridad sobre el pueblo. Sus obras demostraron lo que eran. Aún no hay doctrina en la carta a la iglesia de Éfeso, pero una doctrina, o enseñanza, se estableció ya en Pérgamo. Ahora el lugar de liderazgo es asumido para ser de ellos por derecho.

     La doctrina —la enseñanza sobre esto— es aceptada al menos por algunos, y la Iglesia se ha vuelto indiferente ante esta situación.
F. W. Grant,Revista Fe

Lecciones que aprendí en mi asamblea (4)

Separación a medias o completa

 Peter Fleming


Cuando se hizo manifiesta la oposición contra nosotros en esta posición de separación, algunos en el grupo pensaron que podríamos apaciguarla al asistir de vez en cuando a las reuniones de evangelización (donde las había) en los sistemas que habíamos dejado. Ciertos miembros del grupo participábamos, por supuesto, en los esfuerzos interdenominacionales los domingos en la noche mientras formábamos parte de las respectivas congregaciones, y la idea era ofrecer nuestra colaboración si aquellos hermanos parecían estar dispuestos a recibirla. Se hizo el intento por un tiempo corto, pero pronto se hizo evidente que éramos como peces fuera del agua. Sentimos más que nunca la servidumbre a los arreglos humanos a expensas de la dirección del Espíritu Santo que estábamos gozando en nuestras pequeñas reuniones propias.

Santa separación

Se nos hizo insoportable la creciente hostilidad de algunos. Estos emplearon tácticas nuevas para manifestar su disgusto ante nuestra posición como un pequeño grupo de adoradores sin pastor asalariado y sin un encargado humano. Hubo prédicas contra “los que causan divisiones”, sin hacer mención, por supuesto, de “contra la doctrina”, Romanos 16.17. Hay, como sabemos por Lucas 12.51, una “división” que es de Dios. Es obra suya separar a los vivos de los muertos y “lo precioso del vil;” Jeremías 15.19. En esos “esfuerzos evangelísticos” oíamos referencias a nosotros mismos como ladrones de ovejas y destructores de iglesias. Lo que habíamos hecho en realidad era restaurar a algunas ovejas del Señor a su debido Dueño y a los pastos que les correspondían, sacándolas de las sendas erradas adonde se habían extraviado entre el ganado cabrío.

Una santa separación de los creyentes de entre los inconversos no divide ni rompe nada que cuenta con la aprobación de Dios, ya que una “multitud mixta” de creyentes y no creyentes no es una iglesia o asamblea en el sentido que las Escrituras emplean el término. Salir de tal cosa no es división sino sencilla obediencia al llamado del Señor; 2 Corintios 6.17. Aprendimos que la separación no sería una experiencia teórica ni superficial sino una manera de vivir delante de Dios y aparte de los impíos. Al obedecer así el llamamiento de Dios, las cosas serían vistas pronto en su condición real, ya que es la presencia de unos pocos creyentes legítimos en los sistemas falsos que mantiene la cohesión de éstos y perpetúa su existencia.

Una separación completa y final

Una vez que vimos esto con claridad, nuestra separación de la religión mundana dejó de ser parcial; fue entera y definitiva. Estoy tan convencido como lo puedo estar que ningún grupo del pueblo del Señor puede estar donde la Palabra de Dios lo llevaría, sin que practique a la vez una separación resuelta de los sistemas religiosos de este mundo a pesar de que éstos se le opongan amargamente.

Cualquier atenuación de las normas de esta separación puede lograr cierta tolerancia de parte de aquellos sistemas. Si se suprime la verdad que separa al cristiano de la religión mundana, bien puede resurgir un intercambio entre los creyentes y los meros religionarios, según el gusto de cada cual. Pero donde se reconoce un solo Nombre y donde se guía por un solo Libro, no habrá ni afinidad ni amalgamación entre una asamblea de verdaderos creyentes congregados al Señor Jesús y las sectas del protestantismo u otro “ismo”.

La senda de la separación nunca conduce a agrupaciones donde no se reconozca la plenitud y la exclusividad de la autoridad de las Sagradas Escrituras. Eso sí: hay creyentes legítimos en aquellas congregaciones, y ellos son nuestros hermanos en Cristo. Son miembros del cuerpo de Cristo, y como tales, los amamos y tenemos una responsabilidad por su cuidado en la medida en que ellos quieran recibir nuestra atención. Lo que aborrecemos es el sistema, el esquema de religión humana que muchas veces hasta esclaviza a estos hermanos.


JESÚS: DIOS CON NOSOTROS

 

"Y llamarás su nombre Emmanuel, que, declarado, es: Dios con nosotros" (Mateo 1:23).


En el Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta Malaquías, tenemos una continua proclamación mesiánica. Israel aparece como un gigantesco pregonero del Mesías. Podemos por verlo ya, desde las manifestaciones vividas por los hombres de Dios, como, por ejemplo, Abraham ofreciendo a Isaac para el sacrificio, hasta la clara y sublime predicación, de Juan el Bautista. Israel no ignoraba aquella promesa que resonó en el Edén cuando el primer pecado, ni tampoco aquel pacto de alianza como pueblo sometido al servicio de Dios. Rodeados de pueblos entregados a ritos misteriosos y arrebatos pecaminosos, completamente hundidos en el lejano paganismo, no faltáronles los peligros de desviación, siempre denunciados por los profetas y los siervos de Dios; pero a pesar de todas estas circunstancias, el anuncio de la venida de Cristo estaba latente.

Cuando el anuncio tomó realidad, cuando el Verbo de Dios fue hecho carne, cuando vino el Emmanuel prometido -- Dios con nosotros— tendióse entonces el puente sobre el abismo de separación. La mediación redentora estaba realizada. El eslabón divino fue unido a la cadena rota. Dios ofrecía al hombre el medio para obtener la reconciliación. “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia”.

Consideremos, pues, la grata significación del Dios humanado y el de Dios en la vida del hombre. Lo primero, extracto maravillosa Cristología, y lo segundo, obtención del resultado positivo de la vida cristiana en el mundo. Vivimos hoy día en un mundo saturado de toda clase de crisis, de subversión de valores, fascinado totalmente por los adelantos científicos y técnicos. Conforme esa manera de vivir va ganando terreno y corazones, el hombre moderno está perdiendo todo sentido de la realidad soberana de Dios. Quieren sacudirse de encima todo contenido religioso o espiritual, considerándolos como ideas vacías o de peso inútil en el plano existencial. Existe una extensa mayoría, algunos, incluso, registrados como personas "religiosas", que piensan jactanciosamente que Jesús fue solamente un idealista, y mártir de su propia doctrina, pero que no admiten al Emmanuel, rechazan al verdadero Dios hecho hombre.

La gran trascendencia es que el Hijo de Dios vino para habitar entre nosotros, especialmente para siempre en los corazones reconocidos y redimidos. El testimonio del apóstol Pablo en Colosenses 1:9-23, es elocuente, bien definido. Cristo "es la imagen del Dios invisible", el primero de toda criatura, creador de todas las cosas, eterno, cabeza de la iglesia, reconciliador, “en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados”. Estamos rodeados de gentes incrédulas, que niegan o reniegan del Mesías, así también, en contraste, de gentes dadas a las idolatrías más estrafalarias.

Hermanos creyentes, procuremos afianzar bien nuestra fe en la divinidad de Cristo. Estemos firmes permaneciendo en la verdad. Por todas partes florecen doctrinas contradictorias, ya sea en lo social, en lo religioso, como en lo filosófico. ¡El materialismo modernista y la idolatría desenfrenada por encima de los propósitos divinos! Olas de angustia y de tinieblas es el triste espectáculo de hoy. Todo es producto de la insubordinación a Dios.

Ciencia, arte, progreso, prosperidad, son valores secundarios. No hemos de dar tanta importancia a lo secundario descuidando lo verdaderamente trascendente. La santidad y majestad de Dios, la grandeza de sus obras, su amor y misericordia, es lo digno de admiración, motivos de adoración al Señor. De adoración ciertamente; pues es menester sentir esa reverencial inclinación del espíritu a su Creador. La adoración es el profundo sentimiento de gratitud y reconocimiento del corazón cristiano; rechazarla sería muestra de un corazón desagradecido, egoísta, falso e infecundo. Los ángeles alabaron a Dios, diciendo: "Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres". La piedra principal la tenemos ya Jesús es Dios, es Emmanuel.

Dios envió al Señor Jesucristo por amor nosotros. La renuncia y la abnegación divina nos conmueve. Existe, por lo tanto, una invitación a que renunciemos de la vida y vivamos según Cristo. "A que dejéis, cuanto, a la pasada manera de vivir, el viejo hombre que está viciado conforme a los deseos de error; ya renovaros en el espíritu de vuestra mente, y vestir el nuevo hombre que es criado conforme a Dios en justicia y en santidad de verdad" (Ef. 4:22-24). Equivocados están aquellos que buscan en el cristianismo evangélico un refugio de tranquilidad o de seguridad terrenal, un lugar para servir a sus conveniencias personales, una armonía según la carne. San Pablo nos da una expresión excelente de su posición: "Las cosas que para mí eran ganancias, las tengo completamente perdidas por amor de Cristo". Sí, por encima de todo, que Cristo esté entronizado en nuestro corazón, sea el motivo de nuestra tendencia, de nuestra vida, sea Dios con nosotros, "para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que, en la tierra, y de los que debajo de la tierra; toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor' a la gloria de Dios Padre". Amen.

Francisco Fernández Marín,Contendor por la Fe