martes, 29 de septiembre de 2026

La visita más estupenda de los siglos

 

Santiago Saword


Simón Pedro y su miedo


Por naturaleza Pedro era un hombre fuerte, pero hubo por lo menos cuatro ocasiones cuando no aguantó la prueba. El manifestó debilidad en la fe, en lo moral, en su testimonio y en sus convicciones.

Fe débil

Al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces diciendo: ¡Señor, sálvame! Mateo 14.30

Cuando Pedro quería andar sobre el mar para ir a Jesús, se debilitó su fe. En lugar de poner la vista en el Señor, la puso en los elementos turbulentos, cambiando la fe por la vista. Tuvo miedo.

Como pescador él estaba acostumbrado a la vida marítima; sin embargo, al encontrarse hundiendo, se le fue su valor humano. En su apuro el discípulo tuvo que mirar a Cristo. Su oración fue de solamente dos palabras y de suma urgencia, sin tiempo ni necesidad de adornarla con palabras finas. Pero fue una oración que reclamaba una respuesta enseguida: “Al momento Jesús” extendió la mano y asió de él.

¡Cuán fácil es al creyente perder su fe en el momento de una crisis, especialmente cuando es asunto de vida o muerte! El caso de Pedro nos anima a mirar siempre a Cristo, el Sumo Sacerdote que se compadece de nosotros.

Moral sofocada

Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin, Mateo 26.58

Cuando el Señor fue llevado por la turba, vemos en Pedro la debilidad moral. El seguía de lejos, temeroso de quedarse al lado de su Maestro. Le tocó ser el guarda de corps del Señor, pero fue vencido por temor del hombre.

Esta debilidad moral de parte de Pedro le condujo a su gran fracaso. “El temor del hombre pondrá lazo; más el que confía en Jehová será exaltado”, Proverbios 29.25.

Testimonio falso

Pedro estaba sentado fuera en el patio ... él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices, Mateo 26.69,70.

Una joven le acusó: “Tú también estabas con Jesús”. Era verdad, pero Pedro lo negó. El Señor le había advertido de ese peligro, pero en su confianza propia Pedro no lo creía posible. Ahora es miedo de confesar a Cristo. ¡Una muchacha le hizo callar!

Dice la Palabra, “El que piensa estar firme, mire que no caiga”, 1 Corintios 10.12. Es cuando reconocemos nuestra propia debilidad que aguantamos la prueba. “Bástate mi gracia”, es la promesa de 2 Corintios 12.9, “porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

Convicción comprometida

Se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión, Gálatas 2.11,12.

El apóstol Pablo tuvo que resistir a Pedro en cierta ocasión, aun cuando éste tenía más años en el servicio del Señor que Pablo. “Antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba”.

En este caso se puede ver una debilidad de convicción. Vivimos en tiempos cuando hay mucha disimulación. Hay quienes se congregan dónde están por conveniencia, padeciendo de una falta de convicción en cuanto a las verdades relacionadas con lo que es en realidad congregarse en el nombre del Señor Jesucristo. El comportamiento de algunos pone en tela de duda si en verdad hayan renacido por el Espíritu Santo.

El apóstol Juan habla en su primera epístola de algunos que “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros”. Hay otros que sí son, pero no están contentos con el orden que han encontrado, y ellos buscan dónde pueden arrimarse al mundo. Este elemento no adorna la doctrina sino perjudica ante el mundo el testimonio de los que son sinceros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario