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martes, 29 de septiembre de 2026

José como figura del siervo de Dios

 William Williams, 1936 


William Williams, 1936  

(1) José se presenta por vez primera en Génesis 30.24, y como objeto de oración. “Se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos.” ¡Qué bendición una madre que teme a Dios! Esta mujer oraba por su familia antes de tenerla, llamando a su primer hijo, “Añadirá Dios.” La oración contestada aumenta nuestra fe, y Él sí añadió, pero a precio elevado. Nació Benjamín y ella falleció.

La verdadera devoción supone sacrificio. La carne tiene que morir si la gracia va a reinar. El grano de trigo tiene que morir, o se queda solo. Raquel se fue, pero José y Benjamín se quedaron, todo según los propósitos divinos. Él añadió esta vez “Un hijo de mi diestra.” Siglos después, un siervo modelo iba a escribir en Filipenses 3.5 que era “de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos.”  Por medio de éste, Dios añadió muchos gentiles, y sigue haciéndolo.

(2) También es bueno recordar en relación con la obra del Señor que Dios puede añadir todavía más. “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: «Mi siervo Moisés ha muerto.» “Es uno de los mejores tributos a Moisés: “Mi siervo Moisés ha muerto.” Pero Dios no, y Él levantó a un Josué. Dios se interesa por, y anticipa, la necesidad de cada generación. Una buena manera para desanimar a un recién entrado en la obra es la de darle a entender que es un tapahuecos al lado de los padres espirituales y los ancianos en la asamblea.

(3) “Amaba [Jacob] Israel a José,” Génesis 37.3. Es un buen fundamento: saber que uno es amado del Padre, y el amor suyo impulsará nuestro servicio ante Dios y los hombres. “Le hizo una túnica de diversos colores [piezas].” Fue un don, y cada siervo del Señor debe servir según la medida de su don. Nuestra Cabeza ensalzada otorga diversos dones a los que le sirven. Dios no está limitado a un solo molde; hay variedad en su proceder. A veces actúa de una manera, y otras veces de otra, y debemos tener cuidado de no pensar que todos tienen que correr sobre los rieles que nosotros hayamos colocado. Dios no aprueba las imitaciones; que cada cual procure con diligencia presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse; 2 Timoteo 2.15.

(4) “Sus hermanos le tenían envidia.” José no complacía a todos, y mientras más el siervo de Dios aprenda que su objetivo es agradar a Dios, y no a los hombres, mejor será para él o ella. De esta manera, complacerá a todos aquellos que merecen ser complacidos.  Dios estaba detrás de los sueños y dichos de José, así que tengamos cuidado de que la ofensa no sea a causa de nuestras propias expresiones y hechos carnales. Parece que algunos confunden la gracia con la fidelidad.

Tres veces en el capítulo 37 leemos del aborrecimiento hacia José. Si no fuera por Rubén, el asunto hubiera terminado en homicidio. Chupa de uno la salud espiritual el antagonismo hacia los que de una u otra manera sirven al Señor, y es más común de lo que queremos reconocer.

(5) En el capítulo 39 José está en otro salón de la escuela de Dios. Está en Egipto, en la casa de Potifar, para vivir tal vez la etapa más difícil de su vida, pero el capítulo se destaca por contar cuatro veces que “Jehová estaba con José.” Sí, “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo: y si por los ríos, no te anegarán,” Isaías 43.2. Mientras más intensa la prueba, mientras más oscura la nube, mayor el poder y presencia de nuestro Padre. “Como tus días serán tus fuerzas,” Deuteronomio 33.25.

(6) “Era José de hermoso semblante y bella presencia,” 39.6, pero un físico atractivo no necesariamente será un beneficio para quien sirva a su Señor. Los sueños habían expuesto este hombre a la enemistad de sus hermanos, y ahora su buena presencia le expone a la lascivia de una mujer impía.

“Hablando ella a José cada día ...” Si hubiera estado libre, debía haber huido la primera vez como de una mapanare, y sin duda ella se volvió más y más atrevida. La respuesta noble de José, “no escuchándola,” muestra que temía a Dios, pero con todo sentimos que actuó imprudentemente al permitirse estar a solas con la seductora. “Consérvate puro,” 1 Timoteo 5.22, es una advertencia que suena y resuena: puro en pensamiento, en motivo, en conducta. 

Donde hay tentación, huya. Donde hay tentación, más razón para estar acompañado. El Señor envió a los discípulos de dos en dos, y es una buena práctica en la obra del Señor.

(7) “El dejó su ropa en las manos de ella;” tuvo que perder su ropa para salvaguardar su carácter. La prueba circunstancial estaba en su contra, y también una mujer descaradamente mentirosa. José tuvo que pasar a otro salón en la escuela divina. Que el incidente sea una advertencia a no actuar con base en meros indicios. Acordémonos de Deuteronomio 13.14: “Tú inquirirás, y buscarás y preguntarás con diligencia ...”

(8) “Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros.” Ella se vale del antisemitismo para vengarse del joven, pero Jehová estaba con éste en el pozo, en la casa y ahora en la cárcel también. José ha podido estar en la casa del oficial con una mala conciencia, pero optó por estar en la cárcel con una buena conciencia. No fue el último que ha tenido que elegir.

(9) “Aconteció que pasados dos años ...,” 41.1. Se había probado su amor, su integridad, y ahora su paciencia. Algunos siervos del Señor son amables, pero su paciencia no aguanta un desayuno desagradable o una noche sin mucho sueño. La tribulación produce paciencia, y tenemos que dejar que haga su obra completa; Romanos 5.3, Santiago 1.4.

Es de esperar que el evangelista, pastor o maestro sea olvidado por el mundo, y es de temer que sea olvidado por sus hermanos también, pero lo más difícil de llevar es que sea olvidado por aquellos a quienes ha hecho bien. Se le ha criticado a José a veces con decir que confió en el copero en vez de Dios, y se ha criticado a los siervos del Señor por un sinfín de faltas, tanto supuestas como auténticas. Generalmente viene de aquellos que nunca han padecido persecución por causa de la justicia. Odiado, vendido, tentado, calumniado, encarcelado y olvidado, José pasa de primaria a secundaria. Al cabo de trece años de persecución, está donde Dios le puede usar.

(10) “Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón,” 41.46. Había hecho falta experiencia para estar en pie ante el rey en esas circunstancias. Ahora bien, el que escribe no va a fijar una edad obligatoria para otro que va a salir en fe a la obra del Señor en su propio país o en otro, pero el tenor de las Escrituras nos indica cautela en animar a uno hacer esto antes de, vamos a decir, los veinticinco años de edad. El hermano dispuesto a dedicarse tranquilamente a las cosas del Señor hasta tal vez los veintiocho o treinta años, atraerá la atención de algún experimentado siervo de Cristo que sabrá consultar a la asamblea del joven (posiblemente sin que éste lo sepa) y luego le invitará a acompañarle en alguna actividad evangelística. A menudo aquella asamblea, conociendo mejor los antecedentes, tendrá el gusto de confirmar el ejercicio y encomendará el hermano a la obra a tiempo completo.

(11) “José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; más hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente,” 42.7. El hombre tenía firmeza, discernimiento y carácter. Son tres cualidades necesarias, porque habrá pruebas y dificultades en la obra del Señor. Se nota una diferencia en ese sentido en la vida de Pablo en contraste con la de Pedro. “El entendido en la palabra hallará el bien,” Proverbios 16.20. Mi reputación es lo que los hombres piensan de mí, pero mi carácter es lo que Dios ve en mí. 

(12) “Besó a todos sus hermanos, y lloró,” 45.15. Este es José en lo mejor de su ser. El hermano de responsabilidad entre el pueblo del Señor está mostrando el carácter de Cristo cuando puede perdonar con franqueza los abusos que ha recibido.

(13) Ocho veces leemos que José lloró. Esto es hermoso. La firmeza y la ternura eran trama y urdimbre de su hermoso carácter, pero lamentablemente es algo que no se encuentra con frecuencia. Por regla general, hay una falta de ternura en aquellos que son firmes por la verdad, como también una falta de firmeza en aquellos que son tiernos. La firmeza para defender la verdad viene con la lectura y aplicación de la Palabra de Dios; la ternura viene con la oración y confesión delante de él

(14) “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen,” Salmo 25.14. José sabía que Dios iba a visitar a su pueblo. “Por le fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos,” 50.26, Hebreos 11.22.