William Williams, 1936
William
Williams, 1936
(1) José se presenta por vez
primera en Génesis 30.24, y como objeto de oración. “Se acordó Dios de Raquel,
y la oyó Dios, y le concedió hijos.” ¡Qué bendición una madre que teme a Dios!
Esta mujer oraba por su familia antes de tenerla, llamando a su primer hijo,
“Añadirá Dios.” La oración contestada aumenta nuestra fe, y Él sí añadió, pero
a precio elevado. Nació Benjamín y ella falleció.
La verdadera devoción supone sacrificio. La
carne tiene que morir si la gracia va a reinar. El grano de trigo tiene que
morir, o se queda solo. Raquel se fue, pero José y Benjamín se quedaron, todo
según los propósitos divinos. Él añadió esta vez “Un hijo de mi diestra.”
Siglos después, un siervo modelo iba a escribir en Filipenses 3.5 que era “de
la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos.”
Por medio de éste, Dios añadió muchos gentiles, y sigue haciéndolo.
(2) También es bueno
recordar en relación con la obra del Señor que Dios puede añadir todavía más.
“Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a
Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: «Mi siervo Moisés ha muerto.»
“Es uno de los mejores tributos a Moisés: “Mi siervo Moisés ha muerto.” Pero
Dios no, y Él levantó a un Josué. Dios se interesa por, y anticipa, la
necesidad de cada generación. Una buena manera para desanimar a un recién
entrado en la obra es la de darle a entender que es un tapahuecos al lado de
los padres espirituales y los ancianos en la asamblea.
(3) “Amaba [Jacob] Israel a
José,” Génesis 37.3. Es un buen fundamento: saber que uno es amado del Padre, y
el amor suyo impulsará nuestro servicio ante Dios y los hombres. “Le hizo una
túnica de diversos colores [piezas].” Fue un don, y cada siervo del Señor debe
servir según la medida de su don. Nuestra Cabeza ensalzada otorga diversos
dones a los que le sirven. Dios no está limitado a un solo molde; hay variedad
en su proceder. A veces actúa de una manera, y otras veces de otra, y debemos
tener cuidado de no pensar que todos tienen que correr sobre los rieles que
nosotros hayamos colocado. Dios no aprueba las imitaciones; que cada cual
procure con diligencia presentarse a Dios aprobado, como obrero que no tiene de
qué avergonzarse; 2 Timoteo 2.15.
(4) “Sus hermanos le tenían
envidia.” José no complacía a todos, y mientras más el siervo de Dios aprenda
que su objetivo es agradar a Dios, y no a los hombres, mejor será para él o
ella. De esta manera, complacerá a todos aquellos que merecen ser
complacidos. Dios estaba detrás de los
sueños y dichos de José, así que tengamos cuidado de que la ofensa no sea a
causa de nuestras propias expresiones y hechos carnales. Parece que algunos
confunden la gracia con la fidelidad.
Tres veces en el capítulo 37 leemos del aborrecimiento hacia José. Si no
fuera por Rubén, el asunto hubiera terminado en homicidio. Chupa de uno la
salud espiritual el antagonismo hacia los que de una u otra manera sirven al
Señor, y es más común de lo que queremos reconocer.
(5) En el capítulo 39 José está en otro salón de la escuela
de Dios. Está en Egipto, en la casa de Potifar, para vivir tal vez la etapa más
difícil de su vida, pero el capítulo se destaca por contar cuatro veces que
“Jehová estaba con José.” Sí, “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo: y
si por los ríos, no te anegarán,” Isaías 43.2. Mientras más intensa la prueba,
mientras más oscura la nube, mayor el poder y presencia de nuestro Padre. “Como
tus días serán tus fuerzas,” Deuteronomio 33.25.
(6) “Era José de hermoso semblante y bella presencia,” 39.6,
pero un físico atractivo no necesariamente será un beneficio para quien sirva a
su Señor. Los sueños habían expuesto este hombre a la enemistad de sus
hermanos, y ahora su buena presencia le expone a la lascivia de una mujer
impía.
“Hablando ella a José cada día ...” Si hubiera estado libre, debía haber
huido la primera vez como de una mapanare, y sin duda ella se volvió más y más
atrevida. La respuesta noble de José, “no escuchándola,” muestra que temía a
Dios, pero con todo sentimos que actuó imprudentemente al permitirse estar a
solas con la seductora. “Consérvate puro,” 1 Timoteo 5.22, es una advertencia
que suena y resuena: puro en pensamiento, en motivo, en conducta.
Donde hay tentación, huya. Donde hay tentación, más razón para estar
acompañado. El Señor envió a los discípulos de dos en dos, y es una buena
práctica en la obra del Señor.
(7) “El dejó su ropa en las manos de ella;” tuvo que perder
su ropa para salvaguardar su carácter. La prueba circunstancial estaba en su
contra, y también una mujer descaradamente mentirosa. José tuvo que pasar a
otro salón en la escuela divina. Que el incidente sea una advertencia a no
actuar con base en meros indicios. Acordémonos de Deuteronomio 13.14: “Tú inquirirás,
y buscarás y preguntarás con diligencia ...”
(8) “Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla
de nosotros.” Ella se vale del antisemitismo para vengarse del joven, pero
Jehová estaba con éste en el pozo, en la casa y ahora en la cárcel también.
José ha podido estar en la casa del oficial con una mala conciencia, pero optó
por estar en la cárcel con una buena conciencia. No fue el último que ha tenido
que elegir.
(9) “Aconteció que pasados
dos años ...,” 41.1. Se había probado su amor, su integridad, y ahora su
paciencia. Algunos siervos del Señor son amables, pero su paciencia no aguanta
un desayuno desagradable o una noche sin mucho sueño. La tribulación produce
paciencia, y tenemos que dejar que haga su obra completa; Romanos 5.3, Santiago
1.4.
Es de esperar que el evangelista, pastor o
maestro sea olvidado por el mundo, y es de temer que sea olvidado por sus
hermanos también, pero lo más difícil de llevar es que sea olvidado por
aquellos a quienes ha hecho bien. Se le ha criticado a José a veces con decir
que confió en el copero en vez de Dios, y se ha criticado a los siervos del
Señor por un sinfín de faltas, tanto supuestas como auténticas. Generalmente
viene de aquellos que nunca han padecido persecución por causa de la justicia.
Odiado, vendido, tentado, calumniado, encarcelado y olvidado, José pasa de
primaria a secundaria. Al cabo de trece años de persecución, está donde Dios le
puede usar.
(10) “Era José de edad de
treinta años cuando fue presentado delante de Faraón,” 41.46. Había hecho falta
experiencia para estar en pie ante el rey en esas circunstancias. Ahora bien,
el que escribe no va a fijar una edad obligatoria para otro que va a salir en
fe a la obra del Señor en su propio país o en otro, pero el tenor de las
Escrituras nos indica cautela en animar a uno hacer esto antes de, vamos a
decir, los veinticinco años de edad. El hermano dispuesto a dedicarse
tranquilamente a las cosas del Señor hasta tal vez los veintiocho o treinta
años, atraerá la atención de algún experimentado siervo de Cristo que sabrá
consultar a la asamblea del joven (posiblemente sin que éste lo sepa) y luego
le invitará a acompañarle en alguna actividad evangelística. A menudo aquella
asamblea, conociendo mejor los antecedentes, tendrá el gusto de confirmar el
ejercicio y encomendará el hermano a la obra a tiempo completo.
(11) “José, cuando vio a sus
hermanos, los conoció; más hizo como que no los conocía, y les habló
ásperamente,” 42.7. El hombre tenía firmeza, discernimiento y carácter. Son
tres cualidades necesarias, porque habrá pruebas y dificultades en la obra del
Señor. Se nota una diferencia en ese sentido en la vida de Pablo en contraste
con la de Pedro. “El entendido en la palabra hallará el bien,” Proverbios
16.20. Mi reputación es lo que los hombres piensan de mí, pero mi carácter es
lo que Dios ve en mí.
(12) “Besó a todos sus
hermanos, y lloró,” 45.15. Este es José en lo mejor de su ser. El hermano de
responsabilidad entre el pueblo del Señor está mostrando el carácter de Cristo
cuando puede perdonar con franqueza los abusos que ha recibido.
(13) Ocho veces leemos que
José lloró. Esto es hermoso. La firmeza y la ternura eran trama y urdimbre de
su hermoso carácter, pero lamentablemente es algo que no se encuentra con
frecuencia. Por regla general, hay una falta de ternura en aquellos que son
firmes por la verdad, como también una falta de firmeza en aquellos que son
tiernos. La firmeza para defender la verdad viene con la lectura y aplicación
de la Palabra de Dios; la ternura viene con la oración y confesión delante de
él