La Fe de Rahab
J. Koechlin
Josué 2:1-13
Dos
grandes obstáculos impiden la entrada del pueblo en Canaán. En primer lugar, el
Jordán, que constituye la frontera. Luego, en la otra ribera, la
imponente fortaleza de Jericó. Josué envía allá a dos espías. Su misión
parece limitada a la visita a Rahab y a conocer no el poder del enemigo sino el
poder de Dios que obra en el corazón de esa mujer. Rahab ha oído lo que
Dios había hecho por su pueblo Israel. Creyó en él, y aquí se muestra activa,
porque “la fe sin obras es muerta”. A esa miserable cananea, Santiago la toma
como ejemplo de esta verdad, juntamente con Abraham (Santiago 2:25). A los ojos
de los hombres la acción de esta mujer –una traición– es absolutamente
reprensible. Pero eso mismo resalta mejor la diferencia que hay entre una obra
de fe, agradable a Dios, y una «buena obra» alabada por los hombres. Lo que
hace un creyente no siempre es comprendido y aprobado por el mundo.
La fe de Rahab le dio un sitio de honor en dos
listas notables del Nuevo Testamento: la genealogía de Jesucristo (Mateo 1) y
la enumeración de los fieles testigos de Hebreos 11 donde ella es la única
mujer nombrada juntamente con Sara.
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las
Escrituras"
No hay comentarios:
Publicar un comentario