El plan divino de la feminidad
Eleonor Mosquera
Capítulo 2: El daño que produjo el pecado
"La
mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. (1 Timoteo 2.14)
En Génesis 1 y 2 abundan las palabras "y
vio Dios que era bue-no". En verdad, todo lo que Dios hizo era "bueno
en gran manera". Pero cuando llegamos a Génesis 3, quizás el capítulo más
triste de la Biblia, vemos cómo la creación es arruinada con la llegada del
pecado.
Sabiendo
que el diseño divino del hombre y la mujer era maravilloso y traía gozo al
corazón de Dios, Satanás hizo todo lo posible para distorsionar y dañar la
imagen que ellos reflejaban. El pecado entró en el mundo fracturando el orden
divino de la creación, y puso a la humanidad en un declive tal que aun a Dios
"le dolió en su corazón" (Génesis 6.6).
LA CAUSA DE LA DISTORSIÓN
Génesis 3 nos relata cómo
Satanás entró en la escena y con astucia torció la verdad de Dios para engañar
sutilmente a la mujer. Eva consideró lo que Satanás le dijo, dudó de la bondad
y sabiduría de Dios, y escogió lo que pensaba que era mejor para ella. Al mirar
el árbol de la ciencia del bien y del mal, Eva se convenció a sí misma de que
si comía del fruto prohibido se beneficiaría grandemente. Pero no se detuvo a
considerar las consecuencias de esa decisión. Su desconfianza e insatisfacción
la llevaron a la desobediencia.
Eva no sólo comió, sino que además le dio a
Adán para que comiera también. Y así entró el pecado en el mundo, arruinando y
distorsionando el diseño original y oscureciendo la imagen de Dios que ellos
reflejaban. Ese bocado de desobediencia les trajo a ambos tristes y
desagradables consecuencias.
LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO
Apenas Adán y Eva mordieron
aquel fruto, "fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban
desnudos" (Génesis 3.7), Sintieron culpa, vergüenza y miedo. La relación
perfecta que disfrutaban con Dios, y para la cual habían sido creados, se había
roto. La tranquilidad de la inocencia fue reemplazada por el temor de la
culpabilidad, y por primera vez se sintieron inseguros, vulnerables y
expuestos. Por eso, al oír la voz de Dios, se escondieron.
¿Qué había pasado? La Biblia lo resume así:
"El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la
muerte" (Romanos 5.12). La muerte fue la consecuencia mayor. Dios les
había mandado que no comieran del árbol en medio del huerto, "porque el
día que de él comieres", dijo Dios "ciertamente morirás» (Génesis
2.17). Aunque en ese ellos no murieron físicamente, sí murieron espiritualmente
y experimentaron una terrible separación en su relación con Dios. Como dijo
Isaías: "Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro
Dios" (Isaías 59.2). Esta consecuencia fue igual tanto para el hombre como
para la mujer, "porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron"
(Romanos 3.22-23).
En
los primeros dos capítulos de Génesis vemos a Dios como el Creador y
Benefactor, pero ahora en el capítulo 3 lo vemos como Juez al confrontar a Adán
y Eva por su pecado. Él les señala que, además de la muerte, el dolor sería
otra triste consecuencia. "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera
los dolores de tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos... Y al hombre
dijo: ...maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos
los días de tu vida" (Génesis 3.16-17).
Para
la mujer específicamente
Trágicamente, el pecado quebró
el orden natural de la creación de Dios, dañando directamente los atributos de
cada género, y, por lo tanto, afectando la feminidad de la mujer. Aquel día
Dios maldijo a la serpiente (Satanás) como castigo por lo que hizo (Génesis
3.14), y al hombre y a la mujer les declaró cuál sería el fruto que cosecharían
por su pecado. Estas consecuencias para cada uno se relacionarían directamente
con su género. "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores
en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu
marido, y él se enseñoreará de ti" (Génesis 3.16).
La primera parte tiene que ver
con la relación de la mujer y sus hijos. Dios le dice que, como consecuencia
del pecado, la maternidad le iba a producir mucho dolor. La idea es que todo el
proceso de tener y criar hijos iba a ser doloroso «en gran manera", no
sólo el aspecto físico del parto, sino también el aspecto emocional, espiritual
y relacional. El potencial de sufrimiento al criar e interactuar con un hijo va
mucho más allá del aspecto físico. Y Eva lo comprobó más adelante cuando su
hijo mayor, Caín, asesinó a su hijo menor, Abel.
Otra relación que fue
severamente dañada por el pecado fue la relación de la mujer con el hombre.
Dios creó al hombre y a la mujer con características complementarias para que
se relacionaran armoniosamente. Pero el pecado estropeó esta relación, y la afectó
de forma negativa. En Génesis 3.16 Dios les advierte que ahora habría un
conflicto entre el hombre y la mujer. El pecado haría que la mujer sintiera un
deseo por controlar al hombre, y un impulso por resistirse y oponerse a la
autoridad de él. También, el hombre tendría la inclinación y el anhelo de
dominar a la mujer, ejerciendo su autoridad de una manera egoísta, dictatorial,
o autocrática. En otras palabras, el pecado torció tanto el deseo positivo del
hombre de liderar a la mujer con cariño para su bien, como el deseo de la mujer
de responder gustosamente al liderazgo del hombre, convirtiéndolo en un deseo
negativo en ambos.
Lo bueno es que la historia de
la caída del hombre y la mujer no termina aquí, con la mala noticia de los
estragos del pecado, sino con una nota de esperanza: "Jehová Dios hizo al
hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió" (Génesis 3.21). Dios,
en su misericordia, derramó la sangre de un animal inocente para hacerles
túnicas apropiadas, anticipando así la obra redentora de Jesucristo en la cruz
que tendría el poder para resolver el problema y las consecuencias del pecado
una vez y para siempre.

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