viernes, 30 de octubre de 2026

Dios me Hizo Mujer (3)

 


El plan divino de la feminidad

Eleonor Mosquera 

Capítulo 2: El daño que produjo el pecado

"La mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. (1 Timoteo 2.14)


En Génesis 1 y 2 abundan las palabras "y vio Dios que era bue-no". En verdad, todo lo que Dios hizo era "bueno en gran manera". Pero cuando llegamos a Génesis 3, quizás el capítulo más triste de la Biblia, vemos cómo la creación es arruinada con la llegada del pecado.

Sabiendo que el diseño divino del hombre y la mujer era maravilloso y traía gozo al corazón de Dios, Satanás hizo todo lo posible para distorsionar y dañar la imagen que ellos reflejaban. El pecado entró en el mundo fracturando el orden divino de la creación, y puso a la humanidad en un declive tal que aun a Dios "le dolió en su corazón" (Génesis 6.6).

LA CAUSA DE LA DISTORSIÓN

Génesis 3 nos relata cómo Satanás entró en la escena y con astucia torció la verdad de Dios para engañar sutilmente a la mujer. Eva consideró lo que Satanás le dijo, dudó de la bondad y sabiduría de Dios, y escogió lo que pensaba que era mejor para ella. Al mirar el árbol de la ciencia del bien y del mal, Eva se convenció a sí misma de que si comía del fruto prohibido se beneficiaría grandemente. Pero no se detuvo a considerar las consecuencias de esa decisión. Su desconfianza e insatisfacción la llevaron a la desobediencia.

Eva no sólo comió, sino que además le dio a Adán para que comiera también. Y así entró el pecado en el mundo, arruinando y distorsionando el diseño original y oscureciendo la imagen de Dios que ellos reflejaban. Ese bocado de desobediencia les trajo a ambos tristes y desagradables consecuencias.

LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO

Apenas Adán y Eva mordieron aquel fruto, "fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos" (Génesis 3.7), Sintieron culpa, vergüenza y miedo. La relación perfecta que disfrutaban con Dios, y para la cual habían sido creados, se había roto. La tranquilidad de la inocencia fue reemplazada por el temor de la culpabilidad, y por primera vez se sintieron inseguros, vulnerables y expuestos. Por eso, al oír la voz de Dios, se escondieron.

¿Qué había pasado? La Biblia lo resume así: "El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte" (Romanos 5.12). La muerte fue la consecuencia mayor. Dios les había mandado que no comieran del árbol en medio del huerto, "porque el día que de él comieres", dijo Dios "ciertamente morirás» (Génesis 2.17). Aunque en ese ellos no murieron físicamente, sí murieron espiritualmente y experimentaron una terrible separación en su relación con Dios. Como dijo Isaías: "Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios" (Isaías 59.2). Esta consecuencia fue igual tanto para el hombre como para la mujer, "porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron" (Romanos 3.22-23).

En los primeros dos capítulos de Génesis vemos a Dios como el Creador y Benefactor, pero ahora en el capítulo 3 lo vemos como Juez al confrontar a Adán y Eva por su pecado. Él les señala que, además de la muerte, el dolor sería otra triste consecuencia. "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores de tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos... Y al hombre dijo: ...maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida" (Génesis 3.16-17).

Para la mujer específicamente

Trágicamente, el pecado quebró el orden natural de la creación de Dios, dañando directamente los atributos de cada género, y, por lo tanto, afectando la feminidad de la mujer. Aquel día Dios maldijo a la serpiente (Satanás) como castigo por lo que hizo (Génesis 3.14), y al hombre y a la mujer les declaró cuál sería el fruto que cosecharían por su pecado. Estas consecuencias para cada uno se relacionarían directamente con su género. "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti" (Génesis 3.16).

La primera parte tiene que ver con la relación de la mujer y sus hijos. Dios le dice que, como consecuencia del pecado, la maternidad le iba a producir mucho dolor. La idea es que todo el proceso de tener y criar hijos iba a ser doloroso «en gran manera", no sólo el aspecto físico del parto, sino también el aspecto emocional, espiritual y relacional. El potencial de sufrimiento al criar e interactuar con un hijo va mucho más allá del aspecto físico. Y Eva lo comprobó más adelante cuando su hijo mayor, Caín, asesinó a su hijo menor, Abel.

Otra relación que fue severamente dañada por el pecado fue la relación de la mujer con el hombre. Dios creó al hombre y a la mujer con características complementarias para que se relacionaran armoniosamente. Pero el pecado estropeó esta relación, y la afectó de forma negativa. En Génesis 3.16 Dios les advierte que ahora habría un conflicto entre el hombre y la mujer. El pecado haría que la mujer sintiera un deseo por controlar al hombre, y un impulso por resistirse y oponerse a la autoridad de él. También, el hombre tendría la inclinación y el anhelo de dominar a la mujer, ejerciendo su autoridad de una manera egoísta, dictatorial, o autocrática. En otras palabras, el pecado torció tanto el deseo positivo del hombre de liderar a la mujer con cariño para su bien, como el deseo de la mujer de responder gustosamente al liderazgo del hombre, convirtiéndolo en un deseo negativo en ambos.

Lo bueno es que la historia de la caída del hombre y la mujer no termina aquí, con la mala noticia de los estragos del pecado, sino con una nota de esperanza: "Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió" (Génesis 3.21). Dios, en su misericordia, derramó la sangre de un animal inocente para hacerles túnicas apropiadas, anticipando así la obra redentora de Jesucristo en la cruz que tendría el poder para resolver el problema y las consecuencias del pecado una vez y para siempre.

        Hoy en día, debido a la realidad del pecado, poder experimentar y expresar el ideal bíblico de la feminidad resulta difícil para nosotras como mujeres. Tenemos una naturaleza pecaminosa y vivimos en un mundo contaminado y arruinado por el pecado. Sin embargo, por medio de la redención de Cristo, Dios nos ofrece los recursos necesarios para vivir según el diseño divino de la feminidad y disfrutar la bendición de agradarlo a Él.
Eleonor Mosquera,

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