viernes, 30 de octubre de 2026

¿Qué es y qué simboliza el día del perdón?

 


Introducción.

Llegamos a la fiesta más importante del calendario judío.

Han pasado 10 días desde la fiesta de las trompetas y los sacerdotes alzan sus trompetas y tocan (Levítico 25:9), indicado que el día más sagrado ha llegado. El pueblo se reúne en torno al tabernáculo sabiendo que no es un momento de felicidad como lo fue anterior fiesta, sino de contrición, que empezaba desde el día anterior. Es tan importante esta reunión, que Dios ha dejado todo un capítulo (levítico 16) que describe esta sagrada ceremonia.

Es este momento solemne, donde todos están en silencio mientras el sumo sacerdote entra con sangre hasta el lugar santísimo por única vez en el año (Levítico 16:2).

Tan importante es que tiene severas medidas:

a)       Se congregaban a sonido de la trompeta como ya lo hemos indicado

b)       Tenían santa convocación,

c)       Afligían sus almas, como también lo hemos expresado

d)      Había sacrificios

e)       Tenía sanción quien trabajaba ese día, quien no estuviese contrito. Esta persona sería cortada de su pueblo.

Llegado al momento más importante de la ceremonia, todos tienen su miranda atenta hacia la entrada al lugar santo, lugar por donde entró el sumo sacerdote, aunque no pueden verlo porque están ellos afuera esperando las buenas noticias.

Ante de continuar daremos una pequeña definición. La palabra “expiación” significa la rectificación del mal hecho, y el hacer reparaciones por el agravio cometido Esto incluye una restitución por las infracciones en general (errores y transgresiones), y también por los delitos cometidos.

La palabra hebrea “kaphar” en un verbo que significa “cubrir” literalmente; en fi­gura. significa expiar, conciliar (o aplacar), cancelar (o pagar). Además, incluye el acto de reconciliar, y como consecuencia, per­donar y extender misericordia. Por ende, la kippur es el sustantivo de kaphar (esta misma palabra se usa para calafatear en el Arca de Noe).

Rito.

Los pasajes bíblicos que tenemos en que nos basamos en este pequeño estudio, son Levítico 16: 1-34; 23:26-32; Número 29:7-11

El autor de la carta de Hebreos nos dice acerca del día de expiación: “…pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; …” (Hebreo 9:7)

Previamente al sacrificio de expiación debía ofrecer “ofrenda encendida a Jehová” (Levíticos 23:27). Y estas son descritas en Números 28:19:  Se ofrecía en holocausto a Jehová en olor grato un becerro de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto.  Además, se ofrecía flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa (6,6 kilos) con cada becerro, dos décimas (4,4 kilos) con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una décima. También se sacrificaba un macho cabrío por expiación; además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y se continuaba con el holocausto diario y de sus ofrendas y de sus libaciones.

                Se escogían dos machos cabríos para expiación por los hijos de Israel.  Al parecer, Aarón esco­ge (de entre muchos animales ofrecidos por la congregación) dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.  Esta selección se efectúa todo a la entrada del Atrio, a la vista de la congregación.

                El sumo sacerdote no podía vestir las vestiduras de uso común, sino las preciosas vestiduras que implicaba su cargo.  No podía llegar y entrar al santuario, sino que previamente debía realizar el sacrificio de un becerro para Reconciliación de Aarón y su casa (Levítico 16:11), recordando que él también era pecador y sin este sacrificio no podía mediar por el pueblo. Entraba con incienso, el equivalente a dos puños, junto a un incensario lleno de brasas del altar mas la sangre del becerro detrás del velo, y allí llenaba de humo de incienso aromático para que cubriese el propiciatoria y no muriese. La sangre del becerro debía rociar con su dedo al lado oriental siete veces hacia propiciatorio.

Luego que salía el sumo sacerdote presenta delante de Jehová los dos machos cabríos. Se echaba Suertes, y un macho cabrío es escogido por Jehová y el otro por Azazel. Uno será ofrecido en expiación y el otro enviado vi­vo al desierto “para hacer la reconciliación sobre él”

Podemos decir “Azazel” en hebreo se compone de “as” - cabra + “asel - irse, o desaparecer, Exiliarse. Este caprino era presentado en altar de Jehová antes de enviarlo al desierto.

El macho cabrío escogido por Jehová es una ofrenda por el pecado, parecida a la ofrenda descrita en Levítico 4:13-18, aun­que bajo distintas circunstancias. Este caprino es sacrificado:

·         Altar de Bronce: Aarón mismo degüella la víctima, y recoge la sangre en una fuente.

·         Lugar Santísimo: Con su dedo Aarón esparce la sangre “sobre el Propiciatorio y delante del Propiciatorio”. Esto se hace 7 veces.

·         Conclusión: “Así purificará el santuario, a causa de las impure­zas de los hijos de Israel…” (v. 16).

En relación macho cabrío para Azazel - v. 20-22:

·         Entrada del Atrio (adentro, cerca del Altar): Aarón pone las dos manos sobre la cabeza del animal, confesando todas las iniqui­dades, rebeliones y pecados de los hijos de Israel.

·         Envío: Lo despide, y un hombre “destinado para esto” lleva el animal al desierto, “a tierra inhabitada”.

Profecía.

Si seguimos la línea que hemos venido expresando acerca de las otra fiestas, esta fiesta tiene una interpretación particular y Visión escatológica de Israel.

 

En lo particular

En lo particular, esta fiesta se cumple en Cristo, en la cruz del calvario.  Los dos machos cabríos son dos aspectos de la misma obra de cruz del calvario. Primero, en el macho cabrío por “Azazel”, simbólicamente, nos hace reconocer, a Jesús, quien, como lo proclamara Juan el Bautista, cargó y se fue con nuestros pecados: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Simbólicamente, al poner las manos sobre el animal, estamos pasado todas nuestras culpas y todos nuestros pecados. Y al llevarlo a un lugar desierto donde no vuelve, simbolizaba que el pecado ya no nos condena (Colosenses 2:14-15).  ¡Él se llevó el pecado, o sea, que lo dejó en un lugar donde no será recordado jamás!

Segundo, encontramos el cumplimiento de la Expiación en Cristo. La palabra “expiación” representa el medio por el cual Dios se muestra misericordioso al pecador. Dios ve a su hijo en este sacrificio, ve su Persona y la Obra de Propiciación (en su muerte y el derramamiento de su sangre) con lo cual nos hace acepto, limpios del pecado.

Encontramos algunas verdades ilustradas en los Dos Machos Cabríos.

a)       Representan dos aspectos de la Obra de Cristo:

1.       Hacer expiación por el pecado (en general) - La víctima por Je­hová representa la Obra de Expiación que Cristo efectuó con su muerte y el derramamiento de su sangre preciosa, para glorificar a Dios y reivindicar su Trono de Justicia (cf. Levítico 16:20).

2.       Llevar nuestros pecados - Cristo llevó “nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). El macho cabrío por Azazel sirve para poner en relieve ciertas frases de Isaías 53: “llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (v. 4); “fue cortado de la tierra de los vivientes” (v. 8); “habiendo él llevado el pecado de muchos” (v. 12).

b)       El Propiciatorio rociado de sangre (de dos víctimas), significa que las justas demandas de la Ley, con respecto al pueblo de Israel, ha­bían quedado satisfechas. Pero el Sacrificio de Cristo es infinita­mente superior, porque satisface las demandas de la Ley (y del Trono) de Dios, que es muy superior a la Ley de Moisés.

           Cristo mismo es a la vez el Sacrificio de Expiación y nuestro Propiciato­rio (es decir, el Lugar en donde efectuar propiciación). Su sangre preciosa es la señal de que El, en lugar nuestro, honró la Ley al aceptar la sentencia justa de muerte. Como consecuencias, el Tro­no de Dios ha sido reivindicado, y Dios es declarado justo al justi­ficar al pecador arrepentido bajo el pacto nuevo.

c)       Supremacía de Cristo con respecto al antiguo Pacto, porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb 9:24-28)

Visión Escatológica sobre Israel

Si como hemos visto en el proceso de las fiestas que hasta el momento hemos analizado sumariamente, relata la obra de Cristo, su resurrección, el nacimiento de la Iglesia y el llamado de reunión de los suyos al sonar de las trompetas. En esta vemos al remanente de Israel al final de la gran tribulación diciendo: “Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos” (Jeremías 8:20).  Tal será la conmovedora lamentación del residuo de Israel cuando el Espíritu de Dios toque sus corazones y sus conciencias.

Zacarias nos aclara en su profecía que ocurre después, cuando el Señor llegue triunfante: “Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur” (Zacarias 14:3-4).

                Y ahí en monte observan marcas muy particulares en su persona y le preguntarán: “¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos” (Zacarías 13:6).

                Tal vez en ese momento alguno del remanente fiel comenzarán a recordar lo que dice el profeta Zacarías en el capítulo 12: “Y en aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. (Zacarías 12:9-10). Y otros comenzarán a recordar y recitar Isaías 53, dándose cuenta por primera vez lo que habían hecho con el Hijo de Dios.

¡Cuán profundo duelo, qué intensa aflicción! Habrá un sin­cero arrepentimiento cuando las conciencias del remanente de Israel recordarán los pecados del pasado, sus descuidos del sábado, no respetar los jubileos, sus violaciones de la ley, la matanza de los profetas, y por sobre todo la crucifixión del Hijo de Dios. Todas estas cosas se presentarán ante sí con plena conciencia, y producirán una pro­funda aflicción en el alma. Pero la sangre expiatoria del Mesías responderá por todo.

Les será dado sentir su culpabilidad y afligirse por ella, y llegarán a comprender, también, la eficacia de la sangre y a encontrar una paz perfecta, un sábado de reposo para sus almas.

 Conclusión.

En esta fiesta, en la cual es la única que no hay alegría, se ordena haber aflicción, tiene dos puntos de vista:

En el primero, del punto de vista del sacrificio de expiación que habla de plena y suficiente obra de Cristo, que limpia de todo pecado, el cual Dios se declara satisfecho y no hay nada para condenarnos.

En el segundo punto de vista, el del oferente, encontramos al pueblo que esta sintiendo su culpabilidad y tiene su esperanza de perdón el sacrificio que el sumo sacerdote lleva a cabo. Como hemos visto, esta tiene una visión de presente y también mira hacia adelante hacia los momentos de aflicción que volverá a vivir el pueblo de Israel y del momento en que reconocerán al humilde nazareno que era su Mesía tan esperado y como lo habían despreciado y maltratado

S.K.R.

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