Introducción.
Llegamos a la fiesta más importante del
calendario judío.
Han pasado 10 días desde la fiesta de las
trompetas y los sacerdotes alzan sus trompetas y tocan (Levítico 25:9),
indicado que el día más sagrado ha llegado. El pueblo se reúne en torno al
tabernáculo sabiendo que no es un momento de felicidad como lo fue anterior
fiesta, sino de contrición, que empezaba desde el día anterior. Es tan
importante esta reunión, que Dios ha dejado todo un capítulo (levítico 16) que
describe esta sagrada ceremonia.
Es este momento solemne, donde todos están en
silencio mientras el sumo sacerdote entra con sangre hasta el lugar santísimo
por única vez en el año (Levítico 16:2).
Tan importante es que tiene
severas medidas:
a)
Se congregaban a sonido de la trompeta
como ya lo hemos indicado
b)
Tenían santa convocación,
c)
Afligían sus almas, como también lo
hemos expresado
d)
Había sacrificios
e)
Tenía sanción quien trabajaba ese día,
quien no estuviese contrito. Esta persona sería cortada de su pueblo.
Llegado al momento más
importante de la ceremonia, todos tienen su miranda atenta hacia la entrada al
lugar santo, lugar por donde entró el sumo sacerdote, aunque no pueden verlo
porque están ellos afuera esperando las buenas noticias.
Ante de continuar daremos una
pequeña definición. La palabra “expiación” significa la rectificación del mal
hecho, y el hacer reparaciones por el agravio cometido Esto incluye una
restitución por las infracciones en general (errores y transgresiones), y también
por los delitos cometidos.
La
palabra hebrea “kaphar” en un verbo que significa “cubrir” literalmente; en figura.
significa expiar, conciliar (o aplacar), cancelar (o pagar). Además, incluye el
acto de reconciliar, y como consecuencia, perdonar y extender misericordia.
Por ende, la kippur es el sustantivo de kaphar (esta misma palabra se usa para calafatear
en el Arca de Noe).
Rito.
Los
pasajes bíblicos que tenemos en que nos basamos en este pequeño estudio, son Levítico 16: 1-34; 23:26-32; Número 29:7-11
El
autor de la carta de Hebreos nos dice acerca del día de expiación: “…pero en la
segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual
ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; …” (Hebreo 9:7)
Previamente al
sacrificio de expiación debía ofrecer “ofrenda encendida a Jehová” (Levíticos
23:27). Y estas son descritas en Números 28:19:
Se ofrecía en holocausto a Jehová en olor grato un becerro de la vacada,
un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. Además, se ofrecía flor de harina amasada con
aceite, tres décimas de efa (6,6 kilos) con cada becerro, dos décimas (4,4
kilos) con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una décima.
También se sacrificaba un macho cabrío por expiación; además de la ofrenda de
las expiaciones por el pecado, y se continuaba con el holocausto diario y de
sus ofrendas y de sus libaciones.
Se
escogían dos machos cabríos para expiación por los hijos de Israel. Al parecer, Aarón escoge (de entre muchos
animales ofrecidos por la congregación) dos machos cabríos para expiación, y un
carnero para holocausto. Esta selección se
efectúa todo a la entrada del Atrio, a la vista de la congregación.
El sumo sacerdote no podía vestir las vestiduras de
uso común, sino las preciosas vestiduras que implicaba su cargo. No podía llegar y entrar al santuario, sino
que previamente debía realizar el sacrificio de un becerro para Reconciliación de Aarón y su casa (Levítico 16:11), recordando que él también era
pecador y sin este sacrificio no podía mediar por el pueblo. Entraba con
incienso, el equivalente a dos puños, junto a un incensario lleno de brasas del
altar mas la sangre del becerro detrás del velo, y allí llenaba de humo de
incienso aromático para que cubriese el propiciatoria y no muriese. La sangre
del becerro debía rociar con su dedo al lado oriental siete veces hacia
propiciatorio.
Luego
que salía el sumo sacerdote presenta delante de Jehová los dos machos cabríos.
Se echaba Suertes, y un macho cabrío es escogido por Jehová y el otro por Azazel. Uno será ofrecido en expiación
y el otro enviado vivo al desierto “para hacer la reconciliación sobre él”
Podemos
decir “Azazel” en hebreo se compone de “as” - cabra + “asel - irse, o
desaparecer, Exiliarse. Este caprino era presentado en altar de Jehová antes de
enviarlo al desierto.
El macho
cabrío escogido por Jehová es una ofrenda por el pecado, parecida a la ofrenda
descrita en Levítico 4:13-18, aunque bajo distintas circunstancias. Este
caprino es sacrificado:
·
Altar de Bronce: Aarón mismo degüella la
víctima, y recoge la sangre en una fuente.
·
Lugar Santísimo: Con su dedo Aarón esparce la
sangre “sobre el Propiciatorio y delante del Propiciatorio”. Esto se hace 7
veces.
·
Conclusión: “Así purificará el santuario, a
causa de las impurezas de los hijos de Israel…” (v. 16).
En
relación macho cabrío para Azazel - v. 20-22:
·
Entrada del Atrio (adentro, cerca del Altar):
Aarón pone las dos manos sobre la cabeza del animal, confesando todas las
iniquidades, rebeliones y pecados de los hijos de Israel.
·
Envío: Lo despide, y un hombre “destinado para
esto” lleva el animal al desierto, “a tierra inhabitada”.
Profecía.
Si
seguimos la línea que hemos venido expresando acerca de las otra fiestas, esta
fiesta tiene una interpretación particular y Visión escatológica de Israel.
En
lo particular
En
lo particular, esta fiesta se cumple en Cristo, en la cruz del calvario. Los dos machos cabríos son dos aspectos de la
misma obra de cruz del calvario. Primero, en el macho cabrío por “Azazel”,
simbólicamente, nos hace reconocer, a Jesús, quien, como lo proclamara Juan el
Bautista, cargó y se fue con nuestros pecados: “He aquí el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Simbólicamente, al poner las manos sobre
el animal, estamos pasado todas nuestras culpas y todos nuestros pecados. Y al
llevarlo a un lugar desierto donde no vuelve, simbolizaba que el pecado ya no
nos condena (Colosenses 2:14-15). ¡Él se
llevó el pecado, o sea, que lo dejó en un lugar donde no será recordado jamás!
Segundo,
encontramos el cumplimiento de la Expiación en Cristo. La palabra “expiación”
representa el medio por el cual Dios se muestra misericordioso al pecador. Dios
ve a su hijo en este sacrificio, ve su Persona y la Obra de Propiciación (en su
muerte y el derramamiento de su sangre) con lo cual nos hace acepto, limpios
del pecado.
Encontramos
algunas verdades ilustradas en los Dos Machos Cabríos.
a)
Representan dos aspectos de la Obra de Cristo:
1.
Hacer
expiación por el pecado (en general) - La víctima por Jehová
representa la Obra de Expiación que Cristo efectuó con su muerte y el
derramamiento de su sangre preciosa, para glorificar a Dios y reivindicar su
Trono de Justicia (cf. Levítico 16:20).
2.
Llevar
nuestros pecados - Cristo llevó “nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero” (1 Pedro 2:24). El macho cabrío por Azazel sirve para poner en
relieve ciertas frases de Isaías 53: “llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores” (v. 4); “fue cortado de la tierra de los vivientes” (v. 8);
“habiendo él llevado el pecado de muchos” (v. 12).
b) El
Propiciatorio rociado de sangre (de dos víctimas), significa que las justas
demandas de la Ley, con respecto al pueblo de Israel, habían quedado
satisfechas. Pero el Sacrificio de Cristo es infinitamente superior, porque
satisface las demandas de la Ley (y del Trono) de Dios, que es muy superior a
la Ley de Moisés.
Cristo
mismo es a la vez el Sacrificio de Expiación y nuestro Propiciatorio (es
decir, el Lugar en donde efectuar propiciación). Su sangre preciosa es la señal
de que El, en lugar nuestro, honró la Ley al aceptar la sentencia justa de
muerte. Como consecuencias, el Trono de Dios ha sido reivindicado, y Dios es
declarado justo al justificar al pecador arrepentido bajo el pacto nuevo.
c)
Supremacía de Cristo con respecto al antiguo Pacto, porque no
entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el
cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en
el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido
necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la
consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio
de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está
establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el
juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de
muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a
los que le esperan. (Heb 9:24-28)
Visión
Escatológica sobre Israel
Si como hemos visto en el proceso de
las fiestas que hasta el momento hemos analizado sumariamente, relata la obra
de Cristo, su resurrección, el nacimiento de la Iglesia y el llamado de reunión
de los suyos al sonar de las trompetas. En esta vemos al remanente de Israel al
final de la gran tribulación diciendo: “Pasó la siega, terminó el verano, y
nosotros no hemos sido salvos” (Jeremías 8:20).
Tal
será la conmovedora lamentación del residuo de Israel cuando el Espíritu de
Dios toque sus corazones y sus conciencias.
Zacarias nos
aclara en su profecía que ocurre después, cuando el Señor llegue triunfante: “Después
saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la
batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que
está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por
en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande;
y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur”
(Zacarias 14:3-4).
Y
ahí en monte observan marcas muy particulares en su persona y le preguntarán: “¿Qué
heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa
de mis amigos” (Zacarías 13:6).
Tal
vez en ese momento alguno del remanente fiel comenzarán a recordar lo que dice
el profeta Zacarías en el capítulo 12: “Y en aquel día yo procuraré destruir a
todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Y derramaré sobre la casa de
David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y
mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito,
afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. (Zacarías 12:9-10).
Y otros comenzarán a recordar y recitar Isaías 53, dándose cuenta por primera
vez lo que habían hecho con el Hijo de Dios.
¡Cuán profundo duelo, qué intensa aflicción! Habrá un sincero arrepentimiento
cuando las conciencias del remanente de Israel recordarán los pecados del
pasado, sus descuidos del sábado, no respetar los jubileos, sus violaciones de
la ley, la matanza de los profetas, y por sobre todo la crucifixión del Hijo de
Dios. Todas estas cosas se presentarán ante sí con plena conciencia, y
producirán una profunda aflicción en el alma. Pero la sangre expiatoria del
Mesías responderá por todo.
Les será dado sentir su culpabilidad y
afligirse por ella, y llegarán a comprender, también, la eficacia de la sangre y a encontrar una paz perfecta,
un sábado de reposo para sus
almas.
Conclusión.
En esta
fiesta, en la cual es la única que no hay alegría, se ordena haber aflicción,
tiene dos puntos de vista:
En el primero, del punto de vista del
sacrificio de expiación que habla de plena y suficiente obra de Cristo, que
limpia de todo pecado, el cual Dios se declara satisfecho y no hay nada para
condenarnos.
En
el segundo punto de vista, el del oferente, encontramos al pueblo que esta
sintiendo su culpabilidad y tiene su esperanza de perdón el sacrificio que el
sumo sacerdote lleva a cabo. Como hemos visto, esta tiene una visión de
presente y también mira hacia adelante hacia los momentos de aflicción que
volverá a vivir el pueblo de Israel y del momento en que reconocerán al humilde
nazareno que era su Mesía tan esperado y como lo habían despreciado y
maltratado
S.K.R.

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