viernes, 30 de octubre de 2026

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS (10)

 

capítulo 8: Las riquezas de la liberalidad


Pablo había estado recogiendo recursos materiales para la iglesia en Jerusalén, pero los corintios habían tardado en aportar. Ahora les reta.

Su concepto del dar de parte del cristiano es elevado. Lo percibía como una gracia, un ministerio del Espíritu Santo efectuado dentro de uno por experiencia personal y manifestada a otros de una manera práctica. Corinto abundaba en todo lo demás, pero faltaba aquí. Pablo, entonces, les pone por delante dos ejemplos.

Primero, los macedonios, vv 1 al 6:  Eran marcadamente pobres y habían sufrido aflicción, pero había en ellos una devoción abnegada, amando a otros más que a sí mismos. No obstante, su pobreza, habían manifestado liberalidad y dado espontáneamente. Habían suplicado permiso para ayudar; excedieron las expectativas de Pablo, aun “más allá de sus fuerzas”.

El amor no calcula cuánto sobra, o qué no va a doler. ¿Qué era el secreto? Es que “a sí mismo se dieron primeramente al Señor”. Su iniciativa fue la expresión externa de su devoción interna. Como cosa de mayor importancia se entregaron al Señor. Si un hombre siente que no es dueño de sí mismo, mucho menos va a sentir que es dueño de sus bienes.

Dios nos quiere a nosotros mismos antes de a nuestro dinero. Lo que los macedonios dieron fue precedido por un acto de entera entrega propia.

Segundo, Cristo mismo, v. 9: “Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”.

Los motivos supremos del acto de dar de parte del cristiano son el ejemplo de Cristo y nuestra gratitud a él por su condescendencia infinita por el bien nuestro. Pablo habla del misterioso y singular empobrecimiento propio de Cristo. ¿Quién puede concebir de las riquezas que eran suyas? Hacerse pobre, hacernos ricos; tomar nuestra cruz, darnos una corona; asumir nuestro pecado, concedernos la justicia de Dios; tomar nuestra maldición, darnos su bendición.

Él se empobreció para que fuésemos enriquecidos, y parte de nuestra respuesta debe ser el sacrificio de una porción de nuestros bienes terrenales para atender a las necesidades de otros que son de Cristo.

Cuando Pablo escribió, los corintios ya habían comenzado a dar, pero cesaron, vv 6, 10. Él quiere que comiencen de nuevo y de buena gana, cada cual, conforme a su capacidad, vv 11, 12, y con toda confianza de que él guardaría y administraría escrupulosamente su aporte.


B.Osborne

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