martes, 3 de julio de 2018

LA PARABOLA DEL MAYORDOMO INFIEL

(Lucas 16:1-15)

En presencia de los fariseos, que eran avaros, el Señor Jesucristo "dijo también a sus discípu­los: Había un hombre rico que tenía un mayor­domo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo".
Al dar esta parábola sobre la mayordomía, el Señor se dirigía especialmente a sus propios discípulos. Pero al decir "también", indica que no dejaba fuera a los escribas y fariseos, ni a la multitud que escuchaba. El versículo 14 infor­ma que los fariseos oyeron todas estas cosas y se burlaban de Él y de su aplicación de la parábola.
La parábola sigue: "Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me qui­ta la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reci­ban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿Cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta y escribe ochenta. Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz".

LA APLICACION QUE EL SEÑOR HIZO.
Habiendo dado esta parábola, el Señor Jesús la aplicó a sus discípulos: "Yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las mora­das eternas. El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto» Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas".

LA VERDAD ESPIRITUAL DE LA PARABOLA.
MAYORDOMOS - Un mayordomo es uno a quien su amo confía sus bienes y le tiene co­mo responsable de su uso provechoso. Anterior­mente el Señor usó la figura del mayordomo en Lucas 12:42. Allí buscaba un mayordomo "fiel y prudente" al cual poner "sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración".
El apóstol Pablo escribió: "Téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administra­dores (mayordomos) de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel" (1 Corintios 4:1-2). Y el apóstol Pedro exhortó: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pedro 4:10).
Los creyentes en Cristo somos mayordomos (administradores) responsables ante Dios de dos maneras distintas. Somos administradores de las cosas espirituales, como dicen las Escrituras mencionadas, y mayordomos de las posesiones materiales, como las riquezas que se conside­ran en la parábola que tenemos delante. Prestemos atención a que este mayordomo es acusado de disipar los bienes de su amo, y cuidémonos de que no suceda así con nosotros.
Se requiere que seamos fieles en el uso de aquello que el Señor ha confiado bajo nuestra responsabilidad, tanto espiritual como material. Ante el tribunal de Cristo seremos llamados a cuentas en cuanto a nuestra mayordomía.
"Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo... de manera que cada uno de noso­tros dará a Dios cuenta de sí" (Romanos 14:10-12). El cristiano debe considerar que su tiempo, su dinero, sus capacidades, su propiedad —son todos bienes de su amo. Y su deber es servir a su amo con aquello que le ha sido confiado.

LA APLICACION A LOS JUDIOS - Aun­que esta parábola puede aplicarse a todos en general, el mayordomo disipador de los bienes de su amo representa a los judíos que poseían muchos privilegios especiales como pueblo escogido de Dios (véase Romanos 3:1-2; 9:4-5). Pero en lugar de usar fielmente estas ventajas y favores, abusaron de ellos y deshonraron a Dios, Habían disipado los bienes de su amo, y ahora en el rechazo de su Mesías estaban a punto de ser desplazados de su mayordomía.

EL MAYORDOMO INJUSTO - Este mayordomo es llamado "el mayordomo infiel". No se le recomienda por su manera injusta de rebajar las deudas debidas a su amo. Sino que su amo le alabó por cuanto había obrado sagaz­mente (v. 8). Noten también que no fue el Señor Jesús quien alabó al mayordomo. Fue su amo terrenal que alabó su prudente proceder con las cosas del presente en vista del futuro.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS
Al aplicar la parábola a sus discípulos, el Señor Jesús dio una enseñanza práctica. Después de decir, "los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz", Jesús agregó: "Yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas" (vs. 8,9). El Señor notó que los hijos de este siglo son más prudentes con respecto a sus contemporáneos que los hijos de luz. Los inconversos estudian para sacar el mejor prove­cho terrenal y negocian más sabiamente que los hijos de Dios en asuntos materiales. El presente debe sacrificarse en vista del futuro.

NUESTRAS AMISTADES - El Señor enseñó que, si Dios nos confía riquezas terrenales, debe­mos hacernos amigos mediante el uso correcto de tales riquezas en este tiempo. Debemos invertirlas en la obra del Señor, empleando nuestro dinero en proyectos para la salvación de las almas. Entonces, cuando el dinero y la riqueza faltan en la muerte, o en el colapso del sistema monetario del mundo (Santiago 5:1-3 y Apocalipsis 6:12-17), seremos recibi­dos en las moradas eternas. Allí veremos a amigos eternos que han resultado del sabio uso de nuestra riqueza terrenal invertida en la causa de Cristo en vista de la eternidad.
El Salvador llamó "riquezas injustas" a todo aquello que el hombre codicia —el dinero, la propiedad y las cosas materiales— usando la palabra aramea, "mamón", la cual originalmen­te fue el nombre del dios cananeo de las rique­zas, y fue llevada a la lengua de Israel como sinónimo de las riquezas o el tesoro.

FIDELIDAD — El Señor enfatizó la necesidad de ser fieles en nuestra mayordomía en las cosas chicas, así como en el uso de la riqueza material. También habló de ser fieles en lo ajeno. Cuatro veces el Señor usó la palabra "fiel" en los versículos 10-12.
Noten que Él requiere fidelidad en lo ajeno. Las posesiones presentes no son realmente nuestras. Pertenecen al Señor quien nos las ha confiado para usarlas para su gloria. Dios ha declarado que "mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados... mío es el mundo y su plenitud" (Salmos 50:10-12). También está escrito que "mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos" (Hageo 2:8). Por lo tanto, somos responsables de considerar nuestras posesiones como propie­dad del Señor y ser tan liberales con ellas en los intereses del Señor como el mayordomo infiel con los bienes de su amo. De este modo pode­mos asegurar el futuro, haciéndonos tesoros en el cielo (Mateo 6:20).

FIEL EN LO POCO - Las cosas chicas con frecuencia prueban la realidad y manifiestan el verdadero carácter de una persona. Si no somos fieles en asuntos de poco valor monetario, no hemos de ser confiables en cosas más grandes. Si no somos juiciosos y leales en el uso de "las riquezas injustas", las verdaderas riquezas espirituales no nos serán confiadas. Tal es el sentido de los versículos 11 y 12.
Las riquezas materiales son lo de menos im­portancia en comparación con las verdaderas riquezas espirituales y eternas. Estas son las cosas más grandes. Si un discípulo no es fiel como mayordomo sobre aquello que es de me­nor importancia y que pertenece a otro, proba­blemente no le serán confiadas las cosas más grandes —las riquezas verdaderas y espirituales. Mayordomía infiel en las cosas materiales con frecuencia se halla junto con la pobreza espiri­tual. "Lo que es vuestro" (v. 12) se refiere a las bendiciones eternas que son nuestras por medio de la fe en Cristo.

NO SE PUEDE SERVIR A DOS SEÑORES -
¡Qué ciertas son estas palabras del Señor! "No podéis servir a Dios y a las riquezas" son sus palabras finales en cuanto al tema de mayordomía. Lector, ¿qué de lo tuyo? ¿Quién es tu señor? ¿Sirves a Dios, reconociendo que le perteneces y que todo lo que tienes le pertenece también?
Sendas de Vida, 1986


No hay comentarios:

Publicar un comentario