viernes, 15 de febrero de 2019

DIOS ES UNO

PreguntaUnos creyentes exponen la dificultad que tienen para comprender la declaración de la Palabra "Dios es uno", y el hecho de que el Señor Jesús sea presentado a veces como Dios, Jehová, el Eterno, del Antiguo Testamento.



Respuesta: La Biblia nos enseña muchas verdades preciosas referen­tes a Dios, Su naturaleza, Sus perfecciones y Su Ser. Pero hay en Dios un misterio que no podemos penetrar: escapa a la más vasta y profunda inteligencia humana.
En todas partes de la sagrada Escritura la unidad de Dios es proclamada, en contraste con la pluralidad de las divinidades paganas. "Hay un solo Dios", era la verdad de base para Israel. "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" dijo el Espíritu Santo por medio de Moisés, y el Señor Jesús recordó aquellas palabras (Deuteronomio 6:4; Marcos 12:29). El Nuevo Testamento también afirma la unidad de Dios "No hay más que un Dios" (1ª. Corintios 8:4). "Porque hay un solo Dios" (1ª. Timoteo 2:5). Pero, en la manifestación de Dios al hombre como nos la presenta la Escritura, vemos que en esta unidad absoluta hay tres Personas distintas: el Padre, el Hijo o el Verbo, y el Espíritu Santo.
Estas tres Personas divinas aparecen en el bautismo del Señor. El HIJO que se hizo hombre, se presenta al bautismo de Juan, diciendo: "así conviene que cumplamos toda justicia." Y después que fue bautizado, luego que los cielos le fueron abiertos, el ESPÍRITU DE DIOS que descendió como paloma, y vino sobre Él, y la voz del PADRE se hizo oír desde los cielos: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." (Mateo 3: 13-17). El bautismo cristiano, según el mandamiento del Señor Jesús después de Su resurrección, se administra "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19; véase también la VM, nota "f"). En la bendición apostólica, vemos también reunidas las tres Personas divinas: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2ª. Corintios 13:14). Y estas tres Personas adorables se unen en la dispensación de las bendiciones divinas a los fieles. Por ejemplo, en el capítulo 14 de Juan, el HIJO conduce al PADRE: "Yo soy", dice Jesús, "el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14:6). El ESPÍRITU SANTO, el Consolador, pone a los creyentes en comunión con el PADRE y con el HIJO. El Señor Jesús dijo: "yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad... el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre." (Juan 14: 16, 26), y declaró también: "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí." (Juan 15:26). Leemos también en 1ª Pedro 1:2: "Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo." Otros muchos pasajes nos presentan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, tres Personas distintas, en actividad para la obra de la redención de los pecadores y la bendición de los salvados.
         De modo que, como se ha dicho, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios, y no son tres dioses, sino un sólo Dios. Es un misterio insondable que el hombre no puede explicar, y que la fe debe aceptar con toda sencillez, como siendo revelado por Dios. Lo encontramos ya desde el primer versículo de la Biblia: "En el principio creo Dios", o "Elohim" (fórmula plural de "El"), es decir, "los dioses creó'", frase gramaticalmente ilógica, estando el sujeto en plural y el verbo en singular. Después, en el versículo 26 de este primer capítulo del Génesis, leemos: ''Hagamos al hombre"; y en el capítulo 3, versículo 22: "He aquí el hombre es como uno de nosotros" (compárese también con Génesis 11:7). En el libro del profeta Isaías, el Señor dice: "¿A quién enviaré? ¿y quién irá por nosotros?" (Isaías 6:8 – VM). Estas palabras, ¿no indican varias personas que toman consejo entre sí, piensan y obran de común acuerdo? También vemos en Hebreos 10 el consejo de Dios, Su voluntad (versículo 7), al Hijo que se presenta para cumplirla (versículo 9), y el Espíritu Santo dando testimonio (versículo 15).
Independientemente de las Escrituras que acabamos de citar, y que establecen la pluralidad de las Personas en la uni­dad de la esencia divina, la Palabra de Dios establece la divinidad de Cristo y del Espíritu Santo de manera clara y positiva. Les atribuye el nombre, las perfecciones y las obras de Dios.
Examinemos pues los pasajes que establecen la divinidad del Hijo, y veremos, en contestación a esta pregunta, cómo el Señor es presentado como siendo el Dios creador, el Eterno, Jehová de los ejércitos, misterio insondable para nosotros, pero que nos mueve a la adoración y a la alabanza.
El evangelio de Juan declara, hablando del Señor Jesús: "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios." (Juan 1:1 – LBLA). Y los versículos que siguen nos enseñan que la Palabra, o el Verbo, es el Hijo unigénito, Jesucristo (versículos 14, 17, 18). Jesús es llamado "Emmanuel, que traducido es: DIOS con nosotros." (Mateo 1:23). Su nombre significa Jehová o el ETERNO SALVADOR. El ángel le dijo a José: "Llamarás su nombre JESÚS (forma griega del hebreo Joshua), porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21). Él es Cristo, "el cual es DIOS sobre todas las cosas, bendito por los siglos." (Romanos 9:5). Es DIOS manifestado en carne (1ª. Timoteo 3:16). Notemos también en Hebreos 1:8: "Mas del Hijo dice: tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo". Otros pasajes declaran que el Hijo es 'el resplandor de la gloria de Dios y la misma imagen de su sustancia', "la imagen del Dios invisible" (Hebreos 1:3; Colosenses 1:15). "En él", dice también el apóstol Pablo, "habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad." (Colosenses 2:9). El apóstol Juan nos dice también de Cristo: "Este es el verdadero Dios, y la vida eterna." (1ª. Juan 5:20). El Señor Jesús, Jehová de los ejércitos, el Rey a quien vio Isaías, y cuya gloria y santidad pro­claman los serafines, es el Señor, pues dice el evangelio: "Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él." (Juan 12:41; Isaías 6: 1-7). Cuando vino a este mundo, es JEHOVÁ, NUESTRO DIOS (Isaías 40:3; compárese con Juan 1:23, y Lucas 3: 4-6); y cuando vuelva, será "la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13).
Es de suma importancia retener todos estos pasajes que dan al Señor Jesús el nombre de DIOS, porque muchos hombres se lo niegan. Otras muchas porciones de la Palabra de Dios demuestran la divinidad y la existencia eterna e inmutable de Cristo, atribuyéndole los títulos que sólo pertenecen a Dios. Vemos por ejemplo que, al hablar Jehová a Moisés, le dio la revelación de su Ser inmutable diciendo: "YO SOY EL QUE SOY"; y el Señor Jesús, hablando a los judíos, dijo: "Antes que Abraham fuese, YO SOY." (Éxodo 3:14; Juan 8:58). También vemos, en Isaías 44:6, que el Rey de Israel, su Redentor, es Jehová de los ejércitos: "Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios." Y Jesús, al presentarse a Juan en su gloria, como el anciano de gran edad y, al mismo tiempo, como el Hijo del Hombre, dice a Su discípulo, caído como muerto a Sus pies: "No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo (o, el VIVIENTE – Nacar-Colunga)." (Apocalipsis 1:17). El VIVIENTE, aquel que tiene la vida en Sí mismo y que da la vida, es también un título dado a Jehová: "pozo del Viviente que me ve." (Génesis 16:14). "Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo." (Jeremías 10:10). Jesucristo es inmutable, nos dice el apóstol: "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos." (Hebreos 13:8). La inmutabilidad sólo le pertenece a Dios. Todo cambia y pasa: Él sigue siendo lo que fue y lo que es. Notemos bien ahora que, en esta misma epístola a los Hebreos, el Salmo 102 que trata de la inmutabilidad de Dios, es aplicada al Señor Jesús. "Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son obras de tus manos: Ellos perecerán, más tú eres PERMANENTE; y todos ellos envejecerse han como vestidura; Y como un manto los envolverás, y serán mudados: tú empero eres EL MISMO, y tus años nunca se acabarán." (Hebreos 1: 10-12; RVR1865).
Tal es la grandeza divina de Jesús. En varias porciones que hemos citado, Él es revelado como Aquel que creó todas las cosas y las sustenta o hace subsistir con la palabra de Su poder (Juan 1:3; Colosenses 1: 16-17; Hebreos 1:3). ¿Quién puede crear, sino el Todopoderoso?, y ¿quién posee la omnipotencia, sino sólo Dios? Una criatura, quienquiera que sea, no puede producir o crear algo, partiendo de la nada. Por consiguiente, Cristo es Dios, ya que creó los mundos, y es el Todopoderoso. Es el título que toma en el Apocalipsis. "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." (Apocalipsis 1:8). Y estas palabras se aplican al Señor Jesús, sin duda al­guna, pues Él mismo, al final de este libro, dice: "He aquí yo vengo pronto… Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último." (Apocalipsis 22: 12-13 y 21-6). Notemos también que estos calificativos suponen la existencia eterna del Señor. Él es Aquel que vive por los siglos de los siglos (Apocalipsis 1: 17-18).
Era esta misma omnipotencia divina que caracterizaba a Cristo cuando estaba sobre la tierra. De igual modo que, al primer día de la creación, dijo "Sea la luz: y fue la luz", podía, por una palabra, calmar el viento y el mar: "Calla, enmudece... y se hizo grande bonanza." (Marcos 4:39). "Quiero, sé limpio", decía al leproso, y quedó limpio de la lepra (Marcos 1: 41-42). Bastaba Su palabra todopoderosa para que los muertos resucitaran: "Joven, a ti te digo, leván­tate", o "¡Lázaro, ven fuera!" (Lucas 7: 14-15; Juan 11: 43-44). Era porque tenía en Sí mismo este poder divino que podía decir: "Destruid este templo (Su cuerpo), y en tres días lo levantaré." (Juan 2:19), y por esta omnipotencia, que le pertenece a Dios solamente, y que Él posee, resucitará a los justos y a los injustos (Juan 5:25-29).
Es porque Él es Dios que podía perdonar los pecados (Marcos 2: 7-10), y porque es Dios, pudo obrar la salvación, porque Jehová ha dicho: "Yo, yo Jehová; y fuera de mí no hay quien salve." (Isaías 43:11). Y el apóstol Pedro proclama, hablando de Jesús: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos." (Hechos 4:12). Este Nombre glorioso es el de Jesús o Jeshua, Jehová Salvador. Y es Él, el Salvador Todopoderoso, el cual volverá de los cielos, y que "transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder por el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas." (Filipenses 3:21).
Retengamos firmemente la enseñanza de la Palabra de Dios referente a la divinidad de nuestro adorable Salvador. "El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió." (Juan 5:23). Y "si alguno me sirviere, mi Padre le honrará (Juan 12:26). Tomás le dijo a Jesús: "¡Señor mío y Dios mío!" (Juan 20:28).
A. L.
Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1963, No. 65.-

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