EN LA VIDA COMERCIAL Y PROFESIONAL
En
la lección anterior mencionamos varias maneras en las cuales la mujer puede
servir a Dios en su hogar. Las que están en empleos seculares también tienen
oportunidad para testificar eficazmente para él. Su testimonio descansa
principalmente en el impacto que deje su estilo de vida, su personalidad, sus
intereses. Estas cosas abrirán el camino para el testimonio hablado si están
alertas a las oportunidades. En cualquiera situación en que nos encontramos
podemos brillar para el Señor. Pero hay que tener cuidado de no usar el tiempo
de nuestro patrón para testificar. Debemos cumplir fielmente el trabajo para el
cual se nos está pagando. Pablo escribió a los cristianos en Colosas que ellos
debían trabajar "no sirviendo al ojo, sino con corazón sincero, temiendo a
Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor" (Col,
3:22, 23).
EN LA IGLESIA
Con respecto a la iglesia local, el ministerio
de las mujeres es de gran valor. Normalmente ellas llevan la carga principal de
la obra con los niños en la Escuela Dominical y en la Escuela Bíblica de
vacaciones, conducen servicios evangelísticos y estudios bíblicos para mujeres,
se ocupan de la oración misionera y de los grupos de trabajo, ayudan con la
música y pasan muchas horas visitando enfermos y ayudando a quienes están en
necesidad, tanto espiritual como material. Gran parte del recibimiento cálido y
afectuoso que se ofrece a visitas de la iglesia viene de mujeres cuyos
corazones Dios ha tocado. ¡Qué ayuda es para los hombres que llevan la
responsabilidad de instruir y guiar a la iglesia tener el estímulo, el apoyo en
la oración y la presencia de las mujeres! Nuestras actitudes y condición
espiritual son importantes, a pesar de que nuestras voces no se oigan en las
reuniones públicas. Somos un cuerpo y la condición de cada parte afecta al
todo. No es necesario decir que la contribución de las mujeres en el aspecto de
la comunión fraternal en la vida de la iglesia es importante y estimada en gran
manera, pero ésta no es la única contribución que pueden hacer. Hay un ámbito
extenso para que las mujeres ejerzan sus dones espirituales dentro de la
estructura del orden de la iglesia local tal como lo establece el apóstol
Pablo. Un ministerio de respaldo es esencial para el funcionamiento y bienestar
de la iglesia, como sucede en un ejército que necesita diez hombres detrás de
las líneas por cada soldado que tiene en la línea de fuego. ¿Y quién puede
decir cuál es el más importante? ¿Qué honor más alto podríamos tener que el de
ser llamadas siervas de la iglesia, ayudantes de muchos, colaboradoras en
Cristo Jesús (Ro. 16:1-3)?
EN
EL CAMPO MISIONERO
Nuestro
centro de atención particular en esta lección es el lugar de las mujeres en el
campo misionero, una esfera de actividad en la cual las mujeres se han
destacado a través de los años. Desde la mañana de resurrección cuando a María
Magdalena se le dijo: "Ve y diles" lo que has visto y escuchado (Jn.
20:17, 18), las mujeres han estado testificando para su Señor. El principio del
siglo XIX vio a las primeras mujeres misioneras ir del occidente a tierras
extranjeras. Los nombres de algunas son bien conocidos: María Slessor, Amy
Carmichael, Malla Moe; pero miles, cuyos nombres nos son desconocidos, han
hecho lo que Dios las envió a hacer, aportando su valiosa contribución en
silencio con devoción al Señor.
l. ¿Cómo puedo saber?
La primera pregunta que viene a nuestras mentes
es, ¿cómo sé que Dios quiere que yo sea una misionera? Mucho se ha escrito
sobre el tema de cómo conocer la voluntad de Dios y sería imposible agotar esa discusión
aquí. Alguien ha dicho: "La dificultad que tenemos en conocer la voluntad
de Dios se determina por la distancia a que nos encontramos de él." El
creyente que va caminando en consciente comunión con su Señor, anhelando hacer
su voluntad día tras día, rendido a él para obedecerle en todas las cosas, es
el creyente que conocerá la voluntad del Señor paso a paso. Muchas de nosotras
quisiéramos un diseño gráfico completo de lo que Dios tiene en sus planes para
nosotras, pero Dios no obra de este modo. Él nos conduce un paso a la vez, y
por lo general no revela el segundo paso hasta que no demos el primero.
2. ¿Cómo me preparo?
Nuestra responsabilidad
primaria como cristianas es conocer al Señor en su Palabra y en la experiencia.
No hay substituto para la meditación diaria y el estudio constante de la
Biblia, por cuanto Dios se revela en su Palabra. Esto no es exclusivo para los
misioneros, o sólo para los hombres. Madres y secretarias, maestras y operarias
de fábricas, todas las que deseamos agradar a Dios debemos dar tiempo y
atención a lo que él ha dicho en la Biblia.
Antes de su ascensión el Señor
dijo a sus discípulos: "Y me seréis testigos." (Hch. 1:8). Porque un
testigo tan sólo puede decir lo que él mismo ha visto, escuchado y
experimentado, es necesario que tengamos algún conocimiento y experiencias
personales con el Señor para compartir con otros. Un cristiano recién
convertido puede compartir el gozo del perdón de sus pecados, pero un misionero
debe saber más que esto. Los misioneros deben estar capacitados para enseñar y
guiar a quienes conducen a Cristo para que lleguen a estar firmemente
arraigados en la fe, hasta que sean fuertes y fructíferos, capaces de resistir
la tentación y de sobrevivir la persecución y la oposición que tan a menudo
sigue a la conversión a Cristo.
En
otras palabras, antes de que una persona pueda hacer el trabajo de un misionero
debe ser una persona en cuya vida Dios ha estado actuando. Esta es la persona a
quien llega el llamado de Dios. Él nos llama a ocupar un lugar en su programa,
tal vez en nuestro país, tal vez en el extranjero. Nuestro sexo, edad,
educación y posición social no son de principal importancia y no deben ser
motivo de preocupación para nosotras. El Señor que nos conoce en todo es el que
nos asigna nuestro lugar con sabiduría y amor. Nunca nos llama a una labor para
la cual no nos haya capacitado.
¿Se
necesitan misioneros?
Muchos en la actualidad hacen esta pregunta. La
respuesta es un sí absoluto. La gran comisión está vigente hasta que el Señor
regrese por su pueblo. El Señor dijo: "Id y he aquí yo estoy con
vosotros" (Mt. 28:18-20).
¿Pero
no han cambiado las condiciones? ¿No hay muchos países cerrados a los
misioneros? De nuevo, sí. Pero aún hay muchas puertas abiertas y el soberano
Señor es quien abre y cierra puertas (Ap. 3:7). Él está en control de la
situación mundial, aunque a veces no nos parezca así.
Ministerios de hoy
En
nuestros días las mujeres misioneras están ocupadas en una gran variedad de
ministerios en el mundo. Algunas son directamente de evangelización, otros son
ministerios de apoyo.
Medicina. Tal
vez nada ha abierto las puertas al evangelio tanto como lo que ha hecho el
trabajo médico. El mismo Señor sanó enfermos. La atención amable de las
enfermeras y de los médicos misioneros ha dado a conocer el amor de dios y ha
hecho que la gente esté dispuesta a escuchar el evangelio. En muchos países
donde en el pasado se realizaba un amplio servicio médico los gobiernos nacionales
ya se están encargando de la salud del pueblo, pero en muchas áreas rurales del
mundo aún se necesita de personal médico misionero. En áreas musulmanas donde
las mujeres están aisladas en sus hogares las doctoras y enfermeras están
haciendo una gran labor. Médicos misioneros están aún sirviendo y están aún en
demanda en partes de Africa, Asia y Latinoamérica.
Educación. En
los primeros años de las misiones las escuelas eran parte integral de la obra
porque era necesario que los cristianos aprendieran a leer para que pudiesen
leer la Biblia. Las escuelas misioneras eran las únicas en muchos lugares. Hoy
día la mayoría de los gobiernos se ha hecho cargo de la educación, pero
afortunadamente se les permite a muchos misioneros enseñar las Escrituras en
escuelas patrocinadas por el gobierno. Además, hay escuelas para los hijos de
los misioneros para las cuales hay que proveer personal capacitado para que la
escuela cumpla con los requisitos educativos de los países de donde proceden
los misioneros. Algunas misioneras enseñan ciencias y economía doméstica.
Prácticamente todo misionero está ocupado en algún tipo de enseñanza, en la
Escuela Dominical y en clases bíblicas. En vista de esto es muy útil que todos
los misioneros que van a partir al extranjero tengan algunas nociones de
pedagogía y educación cristiana.
Literatura. El
ministerio de las letras tiene muchas facetas, comenzando con un estudio de
lingüística para proveer símbolos escritos a una lengua que no los tenga, Luego
viene el trabajo de traducción de la Biblia y otra literatura. Más tarde hay
clases de alfabetización cuando se enseña a la gente a leer. Hay escritura y
redacción, impresión y distribución de la literatura por medio de librerías,
del correo y del contacto personal. Las mujeres están ocupadas en todas estas
tareas. Los cursos por correspondencia Emmaús forman gran parte del ministerio
literario de muchos misioneros y las destrezas de oficina son de gran valor en
el manejo de los cursos. La literatura es un medio excelente en la propagación
del evangelio, pero no puede tomar el lugar del contacto personal. La
abnegación y la atención personal del obrero, el encuentro cara a cara, es
todavía la forma más efectiva de ganar almas para Cristo.
Campamentos. Los
que han tenido experi-encia en el trabajo de campamentos se dan cuenta del
valor de este ministerio. Los misioneros también están encontrando que el
trabajo de campamento es realmente fructífero y están ampliando su alcance en
muchas áreas del mundo.
Otros ministerios. Estos
incluyen trabajo secretarial, muy necesario en hospitales, casas editoras,
imprentas y cualquier tipo de institución; producción de programas de radio;
administración de orfelinatos o casas de huéspedes para jóvenes; servicio de
ama de llaves en dormitorios de estudiantes; preparación de dibujos y diseños
para la imprenta; hospitalidad para otros misioneros. La lista puede seguir y
seguir. Cualquier don o aptitud que tengamos, no importa cuán pequeño sea,
puede usarse para el Señor si se rinde a él.
“Vivan, pues, con gran sentido
de responsabilidad, no como quienes no conocen el significado y el propósito de
la vida, pero como aquellos que sí lo conocen. Aprovechen bien el tiempo a
pesar de todas las dificultades de estos días. No sean indecisas. No vacilen.
Aférrense a lo que entienden ser la voluntad de Dios” (Paráfrasis de Ef.
5:15-17).
Fay Smart y Jean Young

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