domingo, 26 de abril de 2026

La Mujer que agrada a Dios (10)

La Mujer fuera del hogar

 EN LA VIDA COMERCIAL Y PROFESIONAL

En la lección anterior mencionamos varias maneras en las cuales la mujer puede servir a Dios en su hogar. Las que están en empleos seculares también tienen oportunidad para testificar eficazmente para él. Su testimonio descansa principalmente en el impacto que deje su estilo de vida, su personalidad, sus intereses. Estas cosas abrirán el camino para el testimonio hablado si están alertas a las oportunidades. En cualquiera situación en que nos encontramos podemos brillar para el Señor. Pero hay que tener cuidado de no usar el tiempo de nuestro patrón para testificar. Debemos cumplir fielmente el trabajo para el cual se nos está pagando. Pablo escribió a los cristianos en Colosas que ellos debían trabajar "no sirviendo al ojo, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor" (Col, 3:22, 23).

EN LA IGLESIA

Con respecto a la iglesia local, el ministerio de las mujeres es de gran valor. Normalmente ellas llevan la carga principal de la obra con los niños en la Escuela Dominical y en la Escuela Bíblica de vacaciones, conducen servicios evangelísticos y estudios bíblicos para mujeres, se ocupan de la oración misionera y de los grupos de trabajo, ayudan con la música y pasan muchas horas visitando enfermos y ayudando a quienes están en necesidad, tanto espiritual como material. Gran parte del recibimiento cálido y afectuoso que se ofrece a visitas de la iglesia viene de mujeres cuyos corazones Dios ha tocado. ¡Qué ayuda es para los hombres que llevan la responsabilidad de instruir y guiar a la iglesia tener el estímulo, el apoyo en la oración y la presencia de las mujeres! Nuestras actitudes y condición espiritual son importantes, a pesar de que nuestras voces no se oigan en las reuniones públicas. Somos un cuerpo y la condición de cada parte afecta al todo. No es necesario decir que la contribución de las mujeres en el aspecto de la comunión fraternal en la vida de la iglesia es importante y estimada en gran manera, pero ésta no es la única contribución que pueden hacer. Hay un ámbito extenso para que las mujeres ejerzan sus dones espirituales dentro de la estructura del orden de la iglesia local tal como lo establece el apóstol Pablo. Un ministerio de respaldo es esencial para el funcionamiento y bienestar de la iglesia, como sucede en un ejército que necesita diez hombres detrás de las líneas por cada soldado que tiene en la línea de fuego. ¿Y quién puede decir cuál es el más importante? ¿Qué honor más alto podríamos tener que el de ser llamadas siervas de la iglesia, ayudantes de muchos, colaboradoras en Cristo Jesús (Ro. 16:1-3)?

EN EL CAMPO MISIONERO

Nuestro centro de atención particular en esta lección es el lugar de las mujeres en el campo misionero, una esfera de actividad en la cual las mujeres se han destacado a través de los años. Desde la mañana de resurrección cuando a María Magdalena se le dijo: "Ve y diles" lo que has visto y escuchado (Jn. 20:17, 18), las mujeres han estado testificando para su Señor. El principio del siglo XIX vio a las primeras mujeres misioneras ir del occidente a tierras extranjeras. Los nombres de algunas son bien conocidos: María Slessor, Amy Carmichael, Malla Moe; pero miles, cuyos nombres nos son desconocidos, han hecho lo que Dios las envió a hacer, aportando su valiosa contribución en silencio con devoción al Señor.

l. ¿Cómo puedo saber?

La primera pregunta que viene a nuestras mentes es, ¿cómo sé que Dios quiere que yo sea una misionera? Mucho se ha escrito sobre el tema de cómo conocer la voluntad de Dios y sería imposible agotar esa discusión aquí. Alguien ha dicho: "La dificultad que tenemos en conocer la voluntad de Dios se determina por la distancia a que nos encontramos de él." El creyente que va caminando en consciente comunión con su Señor, anhelando hacer su voluntad día tras día, rendido a él para obedecerle en todas las cosas, es el creyente que conocerá la voluntad del Señor paso a paso. Muchas de nosotras quisiéramos un diseño gráfico completo de lo que Dios tiene en sus planes para nosotras, pero Dios no obra de este modo. Él nos conduce un paso a la vez, y por lo general no revela el segundo paso hasta que no demos el primero.

2. ¿Cómo me preparo?

Nuestra responsabilidad primaria como cristianas es conocer al Señor en su Palabra y en la experiencia. No hay substituto para la meditación diaria y el estudio constante de la Biblia, por cuanto Dios se revela en su Palabra. Esto no es exclusivo para los misioneros, o sólo para los hombres. Madres y secretarias, maestras y operarias de fábricas, todas las que deseamos agradar a Dios debemos dar tiempo y atención a lo que él ha dicho en la Biblia.

Antes de su ascensión el Señor dijo a sus discípulos: "Y me seréis testigos." (Hch. 1:8). Porque un testigo tan sólo puede decir lo que él mismo ha visto, escuchado y experimentado, es necesario que tengamos algún conocimiento y experiencias personales con el Señor para compartir con otros. Un cristiano recién convertido puede compartir el gozo del perdón de sus pecados, pero un misionero debe saber más que esto. Los misioneros deben estar capacitados para enseñar y guiar a quienes conducen a Cristo para que lleguen a estar firmemente arraigados en la fe, hasta que sean fuertes y fructíferos, capaces de resistir la tentación y de sobrevivir la persecución y la oposición que tan a menudo sigue a la conversión a Cristo.

En otras palabras, antes de que una persona pueda hacer el trabajo de un misionero debe ser una persona en cuya vida Dios ha estado actuando. Esta es la persona a quien llega el llamado de Dios. Él nos llama a ocupar un lugar en su programa, tal vez en nuestro país, tal vez en el extranjero. Nuestro sexo, edad, educación y posición social no son de principal importancia y no deben ser motivo de preocupación para nosotras. El Señor que nos conoce en todo es el que nos asigna nuestro lugar con sabiduría y amor. Nunca nos llama a una labor para la cual no nos haya capacitado.

¿Se necesitan misioneros?

Muchos en la actualidad hacen esta pregunta. La respuesta es un sí absoluto. La gran comisión está vigente hasta que el Señor regrese por su pueblo. El Señor dijo: "Id y he aquí yo estoy con vosotros" (Mt. 28:18-20).

¿Pero no han cambiado las condiciones? ¿No hay muchos países cerrados a los misioneros? De nuevo, sí. Pero aún hay muchas puertas abiertas y el soberano Señor es quien abre y cierra puertas (Ap. 3:7). Él está en control de la situación mundial, aunque a veces no nos parezca así.

Ministerios de hoy

 En nuestros días las mujeres misioneras están ocupadas en una gran variedad de ministerios en el mundo. Algunas son directamente de evangelización, otros son ministerios de apoyo.

Medicina. Tal vez nada ha abierto las puertas al evangelio tanto como lo que ha hecho el trabajo médico. El mismo Señor sanó enfermos. La atención amable de las enfermeras y de los médicos misioneros ha dado a conocer el amor de dios y ha hecho que la gente esté dispuesta a escuchar el evangelio. En muchos países donde en el pasado se realizaba un amplio servicio médico los gobiernos nacionales ya se están encargando de la salud del pueblo, pero en muchas áreas rurales del mundo aún se necesita de personal médico misionero. En áreas musulmanas donde las mujeres están aisladas en sus hogares las doctoras y enfermeras están haciendo una gran labor. Médicos misioneros están aún sirviendo y están aún en demanda en partes de Africa, Asia y Latinoamérica.

Educación. En los primeros años de las misiones las escuelas eran parte integral de la obra porque era necesario que los cristianos aprendieran a leer para que pudiesen leer la Biblia. Las escuelas misioneras eran las únicas en muchos lugares. Hoy día la mayoría de los gobiernos se ha hecho cargo de la educación, pero afortunadamente se les permite a muchos misioneros enseñar las Escrituras en escuelas patrocinadas por el gobierno. Además, hay escuelas para los hijos de los misioneros para las cuales hay que proveer personal capacitado para que la escuela cumpla con los requisitos educativos de los países de donde proceden los misioneros. Algunas misioneras enseñan ciencias y economía doméstica. Prácticamente todo misionero está ocupado en algún tipo de enseñanza, en la Escuela Dominical y en clases bíblicas. En vista de esto es muy útil que todos los misioneros que van a partir al extranjero tengan algunas nociones de pedagogía y educación cristiana.

Literatura. El ministerio de las letras tiene muchas facetas, comenzando con un estudio de lingüística para proveer símbolos escritos a una lengua que no los tenga, Luego viene el trabajo de traducción de la Biblia y otra literatura. Más tarde hay clases de alfabetización cuando se enseña a la gente a leer. Hay escritura y redacción, impresión y distribución de la literatura por medio de librerías, del correo y del contacto personal. Las mujeres están ocupadas en todas estas tareas. Los cursos por correspondencia Emmaús forman gran parte del ministerio literario de muchos misioneros y las destrezas de oficina son de gran valor en el manejo de los cursos. La literatura es un medio excelente en la propagación del evangelio, pero no puede tomar el lugar del contacto personal. La abnegación y la atención personal del obrero, el encuentro cara a cara, es todavía la forma más efectiva de ganar almas para Cristo.

Campamentos. Los que han tenido experi-encia en el trabajo de campamentos se dan cuenta del valor de este ministerio. Los misioneros también están encontrando que el trabajo de campamento es realmente fructífero y están ampliando su alcance en muchas áreas del mundo.

Otros ministerios. Estos incluyen trabajo secretarial, muy necesario en hospitales, casas editoras, imprentas y cualquier tipo de institución; producción de programas de radio; administración de orfelinatos o casas de huéspedes para jóvenes; servicio de ama de llaves en dormitorios de estudiantes; preparación de dibujos y diseños para la imprenta; hospitalidad para otros misioneros. La lista puede seguir y seguir. Cualquier don o aptitud que tengamos, no importa cuán pequeño sea, puede usarse para el Señor si se rinde a él.

“Vivan, pues, con gran sentido de responsabilidad, no como quienes no conocen el significado y el propósito de la vida, pero como aquellos que sí lo conocen. Aprovechen bien el tiempo a pesar de todas las dificultades de estos días. No sean indecisas. No vacilen. Aférrense a lo que entienden ser la voluntad de Dios” (Paráfrasis de Ef. 5:15-17).

Fay Smart y Jean Young


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