Están cayendo los valores más insignes: la fe, el
patriotismo, la obediencia a las autoridades, el pudor y toda moral. A expensas
de este retroceso está incólume la influencia de la conducta. “Porque ninguno
vive para sí, y ninguno muere para sí. Mas sea vuestro hablar Sí, sí, No, no,
porque lo que es demás de esto, de mal procede.” (Romanos 14:7, Mateo 5:37)
La experiencia me ha enseñado a conocer que la
conducta es algo que se funde en el carácter, que conciencia y conducta son
sinónimo. Ciencia y educación se pueden aprender en las instituciones docentes,
pero la conducta procede del estado del corazón. La temperatura varía
gradualmente, se mide por el vapor o la humedad, pero la conducta tiene
Un solo desliz puede hacer maltrecha una vida. David
fue hombre según el corazón de Dios, pero su crimen intelectual y su adulterio
voluntario “ha hecho blasfemar a los enemigos de Jehová.” (1 Samuel 11 y 12).
Hasta hoy los criterios parodian la conducta inmoral de David, y muchos de los
caídos toman como excusas y mampara frente aquella escisión en la vida del buen
David.
Ciertamente somos tan bajo que nuestro juicio y
nuestros ojos no buscan sino ver lo vulgar y ruin del hombre. Por eso Dios no
nos juzga por juicio humano, ni nos ve con ojos de carne. “Dios si mirares a
los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón para que
seas reverenciado.” (Salmo 130:3,4)
El rey filósofo observó entre muchas de las cosas que
se hacen debajo del sol: “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay
justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a
quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es
vanidad.” (Eclesiastés 8:14)
Muchas veces la mentira parece pequeña y justificada,
¡pero qué influjo dañoso ocasiona a la conducta! “Sabroso es el pan de la
mentira; pero después su boca será llena de cascajo.” (Proverbios 20:17) Otro
gran hombre fue Abraham, llamado “amigo de Dios.” (Isaías 41:8) Abraham puso
sombra a su conducta; fue “el profeta regañado.” Llegó a errar y por un
prejuicio temeroso miente, expone a su esposa, y como hombre él mismo se
expone; tuvo que salir del lugar como indeseable. (Génesis 20:1-18)
Otra cosa que afecta la conducta es la informalidad.
“Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.” (Eclesiastés 5:5)
Votos, promesas o protestas no agradan al Señor. Su contentamiento está en los
que le temen. Ananías y Safira ofrecieron al Señor tanto. Después que vendieron
la heredad les pareció mucho lo que habían ofrecido y con apariencia de piedad
y mentira negaron a dar una parte de lo que habían ofrecido. Su engaño era como
una afrenta al Espíritu Santo; por tanto, su cortamiento vino enseguida.
El creyente de conducta paga sus cuentas, paga sus
impuestos, cumple sus compromisos, es puntual a su palabra. “El que es fiel en
lo muy poco, también en lo más es fiel, y en lo que en lo muy poco es injusto,
también en lo más es injusto.” (Lucas 16:10)
La puntualidad es la hija mayor de la conducta, aunque
para muchos hoy ser puntual es ser adulante, ser golpista, patronal o
imperialista. El creyente debe ser imitador de aquellos que tenemos, por
ejemplo. “El mensajero que había ido a llamar a Miqueas, le habló diciendo: He
aquí, la palabra de los profetas a una voz anuncia al rey cosas buenas; yo,
pues, te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien.
Dijo Miqueas: Vive Jehová, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré.” (2
Crónicas 18:12,13)
La conducta regida en el temor de Dios es un arma
poderosa para intimidar a los mundanos y licenciosos. Aunque se sometan con
burlas, la conducta es justificada. Cierto hermano de buena conducta era objeto
de burla y crítica de sus compañeros por su puntualidad y responsabilidad. Un
día sus compañeros le vieron venir y con sorna dijeron: “Ahí viene el pastor
pasaporte. ¡Todos derechitos! Nadie se ría” El hermano pasó saludando y
sonriendo. Los otros representaban su papel sin pensar que estaban honrando la conducta
del hermano. Ante la conducta de algunos hermanos hay personas que se cohíben
de hablar vulgarmente por respeto al testimonio del evangélico. (Job 21:22)
No hay palabras para explicar los sufrimientos, pero
fue la conducta del Señor con sus crueles dolores en la cruz que ganó al
centurión para la gracia de Dios. El historiador Josefa dice: “Muchos de los
crucificados desde que eran clavados empezaban y terminaban la vida
maldiciendo.” Pero del Señor dice Marcos: “Y el centurión que estaba frente a
él, viendo que después de clamar, había expirado así, dijo: “Verdaderamente
este hombre era Hijo de Dios.” (15:39)
Aun en los momentos críticos de nuestra vida, si la
paciencia es unida a la conducta hará, que seamos vencedores. José calumniado
fue metido en la prisión. Doce o trece años estuvo preso aquel joven.
“Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona.” (Salmo
105:17-22) Pero la conducta de José fue conspicua. “No necesitaba atender el
jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque
Jehová estaba con José, y lo que hacía, Jehová lo prosperaba.” (Génesis 39:23)
Probamos la conducta según la educación y el estado de
ánimo con que tome una persona las adversidades en un susto dan un alarido; en
un caso de muerte gritan y se desesperan; si reprenden a un niño, todo el
vecindario se informa; si hay reclamos entre los esposos, lo hacen con
escándalos; si reciben una injusticia, usan la espada de la lengua sin
comedimiento.
“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre
por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.” (Santiago 3:13)
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