domingo, 26 de abril de 2026

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS (4)

 

capítulo 3: Cartas y pactos


Los corintios eran la “carta” de Pablo, fruto de sus labores, y eran también “carta de Cristo”. Así como Dios escribió en tablas de piedra para Israel, ahora Cristo está grabando en los corazones de su pueblo. La vida del cristiano es una epístola; es un mensaje de Cristo al mundo, ya que el sermón más poderoso es una vida cristiana consecuente. ¿Su mensaje es legible en nuestras vidas?

Pablo no tomaba para sí algún crédito por el cambio en la vida de ellos; era obra de Dios, vv 4, 5. La misma suficiencia divina le capacitó a él para ser ministro competente del nuevo pacto. El viejo se basaba en un documento escrito, Éxodo 24.1 al 8, pero el nuevo pacto en el poder de un Espíritu vivificante. El viejo le decía a uno qué debía hacer, pero el nuevo le cambia a uno, dándole poder para cumplir. El viejo era un instrumento de muerte debido a la incapacidad del hombre a cumplirla, y la pena era la muerte. Aquel viejo pacto nació en gloria con un resplandor que es eterno, vv 7 al 9, y aquella gloria estaba ilustrada en el rostro de Moisés, pero no era intrínseca ni permanente. Por esto Moisés cubrió el rostro para que el pueblo no viera la gloria pasajera, v. 13. Aquel velo simboliza también el velo que está puesto sobre la mente de ellos al leer las Escrituras. Ellos no ven que la gloria del viejo pacto está eclipsada por el resplandor del nuevo, pero aquel velo les será quitado cuando buscan al Señor, v. 16.

    La aspiración de Moisés había sido la de ver la gloria de Dios, Éxodo 33.18, y ella está realizada en el pacto nuevo, v. 18. Además, nosotros estamos transfigurados a aquella gloria. ¿Cómo estamos transformados? Al contemplar y concentrarnos en Cristo como está visto en su Palabra, confiando en el Espíritu Santo para efectuar el cambio. Será progresivo: “de gloria en gloria”. El Espíritu realiza un cambio dentro de nosotros, transformándonos a diario a la imagen de nuestro Señor. Contemplamos y adoramos en silencio; Él efectúa en nuestras vidas lo que vemos en Cristo. Mirando somos transformados, dice el v. 18.

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