domingo, 26 de abril de 2026

JOSIAS

 

—Un instrumento escogido


He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías. 
1 Reyes 13:2

 

Hay un antiguo proverbio irlandés muy pintoresco y cuyo mensaje sigue siendo cierto en la actualidad: «Llega la hora, llega el hombre». Esto se ha demostrado en la historia secular del mundo, para bien o para mal. De manera similar, en la historia del pueblo de Dios, hay momentos en los que él levanta a alguien para llevar a cabo una obra importante en un momento crítico. Esto se puede observar tanto en los registros bíblicos como en la historia de la Iglesia.

Un varón de Dios profetizó que Dios levantaría a un descendiente de David llamado Josías, quien destruiría el altar idólatra de Jeroboam y quemaría sobre él los huesos de los falsos sacerdotes. Aunque esta profecía se cumplió trescientos años después, su cumplimiento fue exactamente como había sido profetizado (véase 2 R. 22:14–20).

En el Nuevo Testamento, Pablo les dijo a los gálatas que Dios lo había apartado para su servicio desde el vientre de su madre. A pesar de haberse convertido en un perseguidor de la Iglesia, Dios lo llamó por gracia y lo transformó, pasando de ser un erudito rabínico a un apóstol de Jesucristo (véase Gá. 1:15). Los ojos de Dios estaban puestos en Pablo, incluso cuando estaba en el vientre de su madre, y fue considerado un “instrumento escogido” (Hch. 9:15). Este mismo patrón lo vemos en el profeta Jeremías (véase Jer. 1:5). Esto nos muestra que Dios conoce y elige a sus siervos antes de llamarlos.

En el siglo 18, en Inglaterra, nació un hombre llamado George Whitefield. Él comenzó a predicar al aire libre, en los campos, en una época en la que tal acto se consideraba inaudito e incluso sacrílego. Sin embargo, su predicación dio como resultado un gran despertar espiritual en el que miles de personas se convirtieron a Cristo. Es interesante considerar que su apellido era White field (campos blancos en español), pareciendo prefigurar su llamamiento, ya que en Juan 4:35 leemos: “Mirad los campos… blancos para la siega”. ¡Es un aliento saber que Dios conoce y escoge a sus siervos antes de llamarlos!

 

—El reformador


De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar… Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová… sin apartarse a la derecha ni a la izquierda. 2 Crónicas 34:1–2

 

El rey Josías fue uno de los monarcas más piadosos en la historia judía. Desde muy joven, demostró su determinación de servir al Dios vivo. A los dieciséis años, comenzó a buscar al Dios de su padre David; a los veinte años, comenzó a limpiar Judá y Jerusalén de los lugares altos; y a los veintiséis años, comenzó a reparar la casa de Jehová su Dios (vv. 3, 8). Josías fue claramente un instrumento escogido por Dios, ¡incluso profetizado por nombre unos 300 años antes de su nacimiento (1 R. 13:2)!

Josías llevó a cabo una reforma impresionante al purgar a Judá e Israel de la idolatría, restablecer la celebración de la Pascua y reparar el templo. También instó al pueblo a unirse a esta causa (vv. 31–33). Esta reforma fue asombrosa si consideramos la profunda decadencia espiritual en la que habían caído muchos de los reyes de Judá e Israel en el pasado. Sin embargo, lamentablemente, este sería el último avivamiento conducido por un rey judío, ya que los ejércitos de Babilonia subirían contra Jerusalén y la sitiarían, lo cual sucedió poco tiempo después de la muerte de Josías.

Todo esto nos deja lecciones muy valiosas. Hace doscientos años, en su gracia, Dios realizó un gran avivamiento en la Iglesia. Él levantó a hombres especialmente capacitados, al igual que Josías, y los utilizó para restaurar la Cena del Señor después de siglos de descuido, devolviéndole la simplicidad con la que se practicaba en el Nuevo Testamento. También recuperó las doctrinas paulinas acerca de la Iglesia y la venida del Señor. En la actualidad, al igual que en los días de Josías, Babilonia está a la puerta (véase Ap. 17:4) y las semillas de la apostasía son evidentes. ¿Seguiremos defendiendo estas verdades? ¡Solemne pregunta!

 

—El hallazgo del Libro de la Ley



Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová… Declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del rey. 
2 Crónicas 34:15, 18

 

El rey Josías había comenzado un proyecto para purificar el templo y reparar los daños causados por la negligencia o la guerra. Es sorprendente e instructivo ver cuánto daño puede sufrir la casa de Dios cuando su pueblo cae en la idolatría. Esto también tiene una lección en la historia de la Iglesia.

Mientras limpiaban los escombros en el templo, el sacerdote Hilcías y sus trabajadores encontraron el Libro de la Ley. Este hecho nos demuestra cuál era el estado espiritual de Israel, ya que la Palabra de Dios había sido tan descuidada que solo quedaba una copia. Sin embargo, Dios, en su providencia, se encargó de preservar su Palabra, algo por lo que podemos estar agradecidos hoy en día.

Cuando el escriba Safán llevó el Libro de la Ley al rey, él se refirió a él simplemente como un libro. Esto puede sugerirnos que ni siquiera estaba seguro de lo que era, ¡y él era escriba! Josías se humilló profundamente cuando encontró este último ejemplar de la Palabra de Dios. Demostró su sensibilidad hacia ella y sintió cuán profundamente el pueblo había transgredido la Ley de Dios. De hecho, cada rey de Israel debía escribir una copia de la Ley para leerla todos los días de su vida (véase Dt. 17:18–19), pero obviamente este mandato había quedado en el olvido. Cada verdadero avivamiento en la historia de la Iglesia ha comenzado a través de un renovado interés en la Palabra de Dios. En nuestra época actual, hemos sido bendecidos con múltiples traducciones y ediciones de la Biblia, más de las que han estado disponibles en cualquier otro momento de la historia; ahora bien, a quien mucho se le da, mucho se le exige.

 

—Después de todas estas cosas

Después de todas estas cosas… Necao rey de Egipto subió para hacer guerra en Carquemis junto al Éufrates; y salió Josías contra él. 

2 Crónicas 35:20

El versículo de hoy comienza con las palabras “después de todas estas cosas”. Es una frase muy breve que aparece en una sección de la Biblia que podría considerarse oscura o poco leída. No te dejes engañar por su brevedad u oscuridad, ya que es uno de los versículos más tristes de la Biblia.

El rey Josías fue uno de los monarcas más importantes del reino de Judá. Antes de ascensión al trono, la nación había caído en la idolatría y había manifestado una total negligencia hacia la Palabra de Dios y el templo. Desde temprana edad, Josías emprendió una campaña de reforma y renovación, centrando su atención en la Palabra de Dios, purificando el templo y restaurando el culto al Dios de Israel durante la Pascua. Las reformas de Josías reflejan lo que ocurrió en la Iglesia cuando Dios levantó siervos fieles en el pasado y proclamó las verdades de la Palabra de Dios.

Después de todas las maravillosas obras de Josías, algo extraño sucedió: actuó de manera inapropiada. Aunque no cayó en inmoralidad o idolatría, actuó imprudentemente al querer ayudar a los caldeos en una batalla contra el rey de Egipto, sin que Dios se lo hubiera pedido. Se involucró en una batalla que no le correspondía y pagó el precio con su vida (vv. 23–24). Esta historia nos enseña una lección: si entendemos que Dios propició un avivamiento hacia sus cosas, ¿cuál es nuestra posición en la actualidad? ¿Estamos actuando inapropiadamente? ¿Estamos participando en batallas que no nos corresponden, como la política o la lucha social? Afortunadamente para Josías, Dios lo preservó de presenciar la invasión de Babilonia sobre su país y fue librado del mal venidero (véase Is. 57:1). ¡Pongamos atención a las lecciones de la vida de Josías!

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