Hebreos capítulo 6
“Por tanto”: Estas palabras las
cita el escritor a lo menos ocho o nueve veces en su epístola, para aseverar
con el positivo las enseñanzas que viene dando respecto a la superioridad de
Cristo a los pactos, las promesas, y a toda la economía Mosaica. Pablo insta al
creyente a avanzar “adelante a la perfección”. (v. 1) Cita siete sinuosidades
rudimentarias, catequistas que enseñaban como doctrina los rabinos.
De las
cosas del principio debe quedar solamente un recuerdo opaco. Una cosa no
debemos olvidar y es, “la purificación de nuestros antiguos pecados”, pero no
para tener un nuevo remordimiento. Hay pues, una tendencia natural que, si
alcanzamos un mayor conocimiento, o alguna prosperidad, nos olvidamos del día
de las pequeñeces. Nuestro desarrollo en el conocimiento de Cristo debe ser
progresivo. “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa
hago; olvidando cierta mente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está
adelante” (Filipenses 3:13). Los versículos 4 al 8 por su solemnidad han sido
muy discutidos, dan mucho que pensar, que preguntar, que conjeturar. Mi juicio
particular es, que hubo algunos que llegaron a una altura muy elevada, porque
subieron verticalmente sin pasar por desiertos, por montañas, por hoyancos, por
naufragio, por azotes, por cárcel, por vergüenzas y afrentas donde era
necesario ejercitar la fe. Los tales cayeron de sus alturas porque volvieron al
formalismo, a las ceremonias y a las obras muertas de sacrificios simbólicos. A
veces hemos llegado muy rápido a la cima de una montaña arrellanado en el
cómodo asiento de un teleférico, sin considerar los múltiples sufrimientos de
aquellos que suben a pie y ayudan a otros a subir también.
Había
los fieles que seguían escalando por la fe y la paciencia, imitando al Señor,
glorificándole por medio de sus obras y trabajo de amor mostrado a su Nombre.
Con su servicio a los santos hacían que otros alabaran al Señor; mientras que
los otros lo exponían vituperios.
No es
que Abraham no haya cometido sus travesuras de impaciencia, pero en cuanto a su
fe no hay quien lo sobrepase; y Dios que vio el fin desde el principio le dio
al hombre de fe las más excelentes promesas. Ya mucho antes sin juramento,
Abraham había creído a Dios; de modo que el juramento que Dios hizo a Abraham
no fue tanto por Abraham, sino por los que más adelante iban a dudar con
incredulidad de las promesas de Dios. En los tiempos patriarcales el juramento
era el único y todo el honor del hombre establecido y confirmado en su palabra
dada; pero en las dispensaciones posteriores y en la era presente, el hombre ha
cambiado mucho, ese cambio no se debe al tiempo, mucho menos a la palabra de
Dios; la enfermedad radica en el corazón del hombre que es malo desde el
principio. Es muy notable que el pueblo de mayores privilegios. donde se vieron
las maravillas más portentosas, se distinga como el más incrédulo. El paso a
pie por un correas o cintas por indicación de camino abierto en el mar rojo, el
maná venido del cielo, la roca herida donde manó corrientes de aguas, los
milagros del Señor ante sus ojos, su palabra prodigiosa, su muerte vicaria, su
resurrección de entre los muertos, le acreditaron como el Antitipo y
cumplimiento de todas las promesas. El pueblo que vio todas aquellas
maravillas, es el que dijo: “Quien nos diera a comer carne. Nos acordamos del
pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones. los
puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca, pues, nada sino
este maná ven nuestros ojos” (Números 11:4-6). Ahora son algunos de sus
descendientes que cayeron de la gracia volviendo a edificar lo que antes
destruyeron.
¿No es
esto lo que algunos de los gálatas estaban haciendo? Tampoco es extraño si
algunos hoy llamados hermanos, en su desobediencia a la palabra de Dios
uniéndose en yugo desigual, van a un religioso romanista para que les haga la
ceremonia religiosa de su matrimonio. Otros volviéndose a las fábulas encienden
velones a los demonios, usan medallones de José Gregorio Hernández, o de la
Coromoto, se cruzan el cuerpo con correas o cintas por indicación de brujos
espirituales.
En
cuanto a los fieles dice: “A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores
de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”. (v. 12) Sigamos
escalando, subiendo, subiendo. Nuestra carrera es cerro arriba; el corazón
firme, robusto, siguiendo las directrices de la cabeza que es Cristo, “en
virtud de quien todo el cuerpo nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y
ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios”. (Colosenses 2:19) Muchos han
llegado a la cima, muchos más van subiendo y subiendo. No sueltes, pues, la
mano del ancla al cual estás asido. “Ya que el Señor entró por nosotros como
precursor, hecho sumo sacerdote para siempre”. (vv 19,20)
José Naranjo
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