viernes, 9 de enero de 2026

La Salvación, Una Introducción (6)

 La adopción

 

Puntos clave

   La adopción nos incorpora a la familia de Dios.

   La adopción le confiere al creyente todos los privilegios de ser un verdadero hijo.

   Cristo ha sido el Hijo de Dios eternamente, mientras que el creyente es hecho hijo por medio de la adopción.

   El nuevo nacimiento enfatiza la nueva vida de un bebé en Cristo, mientras que la adopción enfatiza los privilegios y la responsabilidad de un hijo adulto.

El ejemplo de adopción más conocido en las Escrituras es Moisés siendo “adoptado” por la hija del Faraón (Ex. 2:10; Hch. 7:21)[1]. Él intercambió una vida de peligro por una de seguridad, y padres pobres por las riquezas de la familia real. Moisés había sido hijo de esclavos y llegó a ser hijo de un rey. Otro ejemplo es Ester, quien fue adoptada por su tío Mardoqueo (véase Est. 2:7,15). La experiencia de Moisés es una ilustración especialmente clara de la adopción del creyente como la enseña el Nuevo Testamento. Pablo usa la idea de la “adopción”, particularmente en Romanos y Gálatas, para describir la forma en la que Dios convierte a “hijos de ira” (Ef. 2:3; 6:4) en “hijos de Dios”.

No parece que existiera ningún proceso formal de adopción para Israel en el Antiguo Testamento. Cuando se escribió el Nuevo Testamento, la adopción era posible bajo las leyes griegas y romanas. Muchos emperadores romanos eran adoptados. Augusto, emperador cuando nació el Señor Jesucristo, era adoptado. También lo eran Nerón, Calígula y Adriano, por nombrar algunos. Hoy en día, si una pareja desea adoptar, debe pasar por un largo y minucioso proceso legal que generalmente cuesta mucho dinero. Cuando los hijos son adoptados, no sólo serán cuidados y criados, sino que también adquieren todos los derechos de un hijo biológico de la familia adoptiva. Esto es lo que significa la adopción en el Nuevo Testamento. La adopción describe cómo una persona que no tenía ninguna relación con Dios pasa a ser miembro de su familia y adquiere todos los privilegios y las responsabilidades de un hijo verdadero.

La adopción también se usa para contrastar la relación que los creyentes tienen con Dios y la que los israelitas tenían bajo la ley. Bajo la ley del Antiguo Testamento, Israel era como un siervo, mientras que, bajo la gracia, el creyente es como un hijo adoptado. La ley traía esclavitud, mientras que la gracia trae libertad.

Aunque somos descritos en las Escrituras como hijos de Dios, nuestra condición de hijos es distinta a la del Señor Jesucristo. Él siempre ha sido el Hijo, mientras que nosotros tuvimos que ser incorporados a la familia para obtener la condición de hijos. Él nunca fue adoptado. Aun así, la condición de hijo del creyente tiene algunas similitudes con la condición de hijo de Cristo. Él tiene una relación íntima con el Padre y asimismo el creyente puede disfrutar una estrecha relación con Dios. El hecho de haber sido guiado por el Espíritu demostró que Cristo era Hijo de Dios, y nosotros también, al ser guiados por el Espíritu, demostramos que somos hijos. Nuestra condición de hijos es una imagen débil de la condición de Cristo como Hijo de Dios.

 

ESCRITURAS CLAVE

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (Romanos 8:14-16).

Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Romanos 8:23).

Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén (Romanos 9:4,5).

Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo (Gálatas 4:4-7).

Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:5).

CITAS CLAVE

La adopción conlleva…todos los privilegios…de ser independientes de ayos y tutores, y [la] libertad de un adulto. Por eso, al creyente se le manda “estar firme” en la libertad con que Cristo lo hizo libre y no estar “otra vez sujeto al yugo de esclavitud” (una evidente referencia al sistema legal o de méritos, Gl. 5:1). La adopción espiritual también impone la responsabilidad correspondiente a la madurez completa. Lewis sperry Chafer

La relación de adopción es diferente a la del nuevo nacimiento; por el último nacemos en el seno de la familia, pero la adopción nos da posición, derechos y privilegios en la familia. Somos hijos e hijas (2 Co. 6:18), pero ahora las hijas tienen todos los privilegios de ser “hijos”, algo que en los tiempos del Nuevo Testamento se les habría negado. Howard Barnes

Alan Summers

[1] Cuando tuvieron que abandonarlo, la hija del faraón lo adoptó y lo crio como su propio hijo. (Hechos 7:21 NTV)

 

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