La adopción
Puntos clave
• La adopción nos incorpora a la familia
de Dios.
• La adopción le confiere al creyente todos los privilegios de ser
un verdadero hijo.
•
Cristo ha sido el Hijo de
Dios eternamente, mientras que el creyente es hecho hijo por medio de la
adopción.
•
El nuevo nacimiento enfatiza
la nueva vida de
un bebé en Cristo, mientras que la adopción enfatiza los privilegios y la
responsabilidad de un hijo adulto.
El ejemplo de adopción más conocido en las Escrituras es Moisés
siendo “adoptado” por la hija del Faraón (Ex. 2:10; Hch. 7:21)[1].
Él intercambió una vida de peligro por una de seguridad, y padres pobres por
las riquezas de la familia real. Moisés había sido hijo de esclavos y llegó a
ser hijo de un rey. Otro ejemplo es Ester, quien fue adoptada por su tío
Mardoqueo (véase Est. 2:7,15). La experiencia
de Moisés es una ilustración especialmente clara de la adopción del creyente
como la enseña el Nuevo Testamento. Pablo usa la idea de la “adopción”, particularmente en
Romanos y Gálatas, para describir la forma en la que Dios convierte a “hijos de
ira” (Ef. 2:3; 6:4) en “hijos de Dios”.
No parece que existiera ningún proceso formal de adopción para
Israel en el Antiguo Testamento. Cuando se escribió el Nuevo Testamento, la
adopción era posible bajo las leyes griegas y romanas. Muchos emperadores
romanos eran adoptados. Augusto, emperador cuando nació el Señor Jesucristo,
era adoptado. También lo eran Nerón, Calígula y Adriano, por nombrar algunos.
Hoy en día, si una pareja desea adoptar, debe pasar por un largo y minucioso
proceso legal que generalmente cuesta mucho dinero. Cuando los hijos son adoptados, no sólo serán
cuidados y criados, sino que también adquieren todos los derechos de un hijo
biológico de la familia adoptiva. Esto es lo que significa la adopción en el
Nuevo Testamento. La adopción describe cómo una persona que no tenía ninguna
relación con Dios pasa a ser miembro
de su familia y adquiere todos los privilegios y las responsabilidades de un hijo
verdadero.
La adopción también se usa para contrastar la relación que los
creyentes tienen con Dios y la que los israelitas tenían bajo la ley. Bajo la
ley del Antiguo Testamento, Israel era como un siervo, mientras que, bajo la gracia, el creyente es como
un hijo adoptado. La ley traía esclavitud, mientras que la gracia trae
libertad.
Aunque somos descritos en las Escrituras como hijos de Dios, nuestra
condición de hijos es
distinta a la del Señor Jesucristo. Él siempre ha sido el Hijo, mientras que nosotros tuvimos
que ser incorporados a la familia para obtener la condición de hijos. Él nunca fue adoptado. Aun así, la condición de hijo del creyente
tiene algunas similitudes con la condición de hijo de Cristo. Él tiene una
relación íntima con el Padre y asimismo el
creyente puede disfrutar una estrecha relación
con Dios. El hecho de haber
sido guiado por el Espíritu demostró que Cristo era Hijo de Dios, y nosotros
también, al ser guiados por el Espíritu, demostramos que somos hijos. Nuestra
condición de hijos es una imagen
débil de la condición de Cristo como Hijo de Dios.
ESCRITURAS CLAVE
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos
son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar
otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el
cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios
(Romanos 8:14-16).
Y no sólo ella, sino
que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros
también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención
de nuestro cuerpo (Romanos 8:23).
Que son israelitas, de los cuales son la adopción,
la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino
Cristo, el cual es Dios sobre
todas las cosas,
bendito por los siglos.
Amén (Romanos 9:4,5).
Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que
redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios
envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero
de Dios por medio de Cristo (Gálatas
4:4-7).
Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de
Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:5).
CITAS CLAVE
La adopción conlleva…todos los privilegios…de ser independientes de ayos y tutores, y
[la] libertad de un adulto. Por eso, al creyente se le manda “estar firme” en
la libertad con que Cristo lo hizo libre y no
estar “otra vez sujeto al yugo de esclavitud” (una evidente referencia al sistema legal
o de méritos, Gl. 5:1). La adopción
espiritual también impone la responsabilidad correspondiente a la madurez
completa. Lewis sperry Chafer
La relación de adopción es diferente a la del nuevo nacimiento;
por el último nacemos en el seno de la familia, pero la adopción nos da
posición, derechos y privilegios en la familia. Somos hijos e hijas (2 Co.
6:18), pero ahora las hijas tienen todos los privilegios de ser “hijos”, algo
que en los tiempos del Nuevo Testamento se les habría negado. Howard Barnes
[1] Cuando tuvieron que abandonarlo, la hija del faraón lo adoptó y lo crio como
su propio hijo. (Hechos 7:21 NTV)
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