La ofrenda de paz —también conocida como
ofrenda de comunión— tenía como propósito principal expresar la comunión del
pueblo con Dios. Se describe en Levítico 3 como se realiza el sacrificio y que
es lo que se quema en el altar; y se amplía en Levítico 7, donde se detallan
sus características y regulaciones que esta celebración tiene. Este sacrificio
es el último de los llamados “de olor grato”, y merece ser desglosado para com-prender
su significado y su simbolismo breve-mente.
La víctima
Los animales que se utilizaban en este
sacrificio podían ser vacunos, ovejunos o cabras. El oferente se identificaba
con la victima colocando su mano en la cabeza. Luego era degollado a la puerta
del tabernáculo por el sacerdote. La sangre derramada era recogida y se llevada
al altar, y allí el sacerdote rociaba con ella sobre el altar. Además, la
grosura que cubría los intestinos, la de las entrañas, riñones, ijares e
hígado, eran cuidadosamente sacada y quemada en el altar, sobre el holocausto
que estaba quemándose sobre la leña. Esto ascendía como
olor grato a Jehová.
Otros
alimentos.
Además,
había otros alimentos que se podían llevar y ofrecer, y que formaban parte de
esta celebración. En Levítico 7:11-21 encontramos lo que el oferente podía
llevar:
·
Tortas sin levaduras amasadas con
aceite
·
Hojaldres sin levadura untadas con
aceite
·
Tortas de flor de harina fritas con
aceite.
·
Tortas de pan con levadura
Los
beneficiarios
Los beneficiarios de este sacrificio eran el oferente y su familia, el sacerdote y Dios.
Dios había provisto también para el
sacerdote. Levíticos 7:34 lo expone
claramente: “Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel
el pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón
el sacerdote y a sus hijos, como estatuto perpetuo para los hijos de Israel”.
Todos los que participaban de esta
fiesta debían estar ceremonialmente puros (Levíticos 7:19b). La lección espiritual es clara: solo los
hijos de Dios, aquellos que han puesto su fe en la obra de Cristo en la cruz,
pueden disfrutar de esta comunión, la cual anticipa la fiesta eterna con Él.
Hemos colocado a Dios en la lista como
parte de esta fiesta, porque creemos que, así como en todo nuestro caminar por
esta vida, está presente y en constante ayuda para nuestra vida, y por eso nos
gozamos con él, y para él es la mejor porción: la grosura que
cubría los intestinos, la de las entrañas, riñones, ijares e hígado,
la cual se quemaba y subía en olor grato. Esta grosura es la parte más rica y
selecta de animal, de ahí que nos habla de Cristo el deleite del Padre.
Las
prohibiciones
Este
sacrificio tiene dos prohibiciones:
1.
No podían comer la sangre ni la grasa,
porque Dios había ordenado que la sangre se derramase en tierra, porque en ella
estaba la vida; y la grasa porque era la parte que correspondía a Dios, como lo
hemos visto.
2.
Y debía ser comida el mismo día, lo que
sobraba debía ser quemado, porque las sobras que quedaban para el día siguiente
eran impuras. Si se comía las sobras o residuo, estarían quebrantando el
mandato de Dios y la santidad de la ceremonia. Una excepción a la regla cuando
esta ofrenda era producto de un voto voluntario se podía comer hasta el segundo
día, lo que quedaba para el tercer día se quemaba, de lo contrario el
sacrificio no era aceptado, y el oferente cometía pecado al hacerlo. (Levíticos
7:16)
¿Qué
prefigura este sacrificio?
C.H
Mackintosh lo describió claramente en su estudio sobre el libro de Levíticos: “En
el sacrificio de paz, el pensamiento principal es la comunión del adorador. No
representa a Cristo como objeto exclusivo de contentamiento para Dios, sino
como objeto de gozo para el adorador en comunión con Dios”. (CH Mackintosh,
Levítico).
¿Qué
otro simbolismo encontramos?
Es
un acto de gracias a Dios por las bendiciones que este le había otorgado. El
sacrificio se comía el mismo día, se comía fresco y todo. O sea, si lo vemos a
la luz del evangelio esto, la gracias de Dios es para hoy, mañana es demasiado
tarde.
También
podemos ver que Simboliza la comunión con Dios (la cena del Señor) y la
comunión con los hermanos, ya que no solo se podía comer con su familia, sino
con quien quisiese, así lo podemos ver con el que cumple los votos (véase a
David en el Salmo 22:25b-26).
¿Y
la carne impura?
Levíticos
7:19 indica que la carne que tocara algo ceremonialmente impuro no debía
comerse; debía ser quemada. Es decir, no puede haber un sincretismo entre lo
santo y lo profano. Cualquier acto profano invalida nuestro “sacrificio”
quedando solo un solo camino, que es quemarla. Es decir, Dios exige una
separación absoluta con cualquier cosa que contamine nuestras vidas como
cristianos.
Jesús
cumplió la ofrenda de paz (Levítico 3).
Los
tipos de animales que se sacrificaban hablan claramente de la muerte de Cristo,
para que pudiésemos tener paz.
Los siguientes pasajes expresan
claramente que Dios hizo la paz con nosotros por medio de su hijo, de modo que
existe una comunión única, donde aquello que nos separaba ya no existe, de
modos que todos podemos comer de ese sacrificio de paz.
·
Por tanto, habiendo sido
justificados por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
(Romanos 5:1)
·
Porque él es nuestra paz, que de
ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo
en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en
ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo
la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo,
matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a
vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él
los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya
no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y
miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles
y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien
todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el
Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios
en el Espíritu. (Efesios 2:14-22).
Hay
más aspectos, pero encontrarlas es tarea del lector.
Conclusión.
El Sacrificio de Paz nos habla de la
relación única de gratitud que tenemos para con Dios. Sin su paz, no podríamos
celebrar esta fiesta de amor; y sin la obra de Cristo no podríamos tener paz,
es decir, quienes podrán celebrarla, son aquellos que la sangre de Cristo los
limpió de toda inmundicia (ceremonialmente limpios). Así como la oveja dio su
vida para que pudiésemos gozarnos en esta fiesta de amor, del mismo modo se
reflejado la muerte de Cristo.

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