Introducción
La primera
carta a los corintios había despertado la conciencia de la mayoría y
reestablecido el temor de Dios en sus corazones, como también integridad en su
conducta. Pablo se sentía aliviado. Si bien describe sus sentimientos antes de
llegar Tito de Corinto con las palabras “ningún reposo tuvo nuestro cuerpo”, él
puede expresar su condición ahora como consolado por la presencia de éste y las
noticias que trajo acerca de los corintios, 7.6,7.
Algunas
circunstancias causaban preocupación todavía. Parecía persistir el peligro de
la inmoralidad, y por esto la exhortación del 6.14 acerca de la luz y las
tinieblas. Más dolorosa en el plano personal era la oposición fuerte a él de
parte de algunos en Corinto. ¿Qué es tan cruel como los conflictos religiosos?
¡Y cuán severos pueden ser!
La carta hace
entrever a qué extremo la contención será promocionada por hermanos falsos. Le
acusaron de ser inconstante, 1.17; egoísta, 3.1; carente de recomendación,
3.1,2; desequilibrado, 5.13; falso apóstol, 11.5, 12.12; deshonesto, 12.16 al
19; grandilocuente en sus escritos pero despreciable en su persona, 10.10;
cobarde, 11.30 al 33; bajo el desagrado de Dios, 12.1 al 10; ningún predicador,
10.10; mañoso, 12.16.
Fue necesario
enfrentar a sus detractores. Pablo había sido provocado a defenderse, 4.2, 6.4,
12.11, y hablar acerca de sí, y por esto tenemos tal vez la más personal, como
también la más conmovedora, de sus epístolas. Se le había acusado de andar
según la carne, pero retará a sus acusadores a juntarse con él en lo que atañe
a la fidelidad a Cristo. Ellos habían dicho con desdén que su presencia
corporal era débil, y les desafiará a reunirse con él. Estos puntos se relatan
en el capítulo 10.
Estos señores
se presentaban como apóstoles por excelencia, 11.5, y negaban el apostolado de
Pablo, pero él hará ver que eran “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que
se disfrazan como apóstoles de Cristo”. Ellos se caracterizaban por la
arrogancia, pero Pablo por el servicio y el sufrimiento.
Por esto veía necesario hablar acerca de sí, cosa que no
le agradaba por cuanto hubiera deseado magnificar a Cristo directamente. Con
todo, era necesario para ellos. Si no lo hubiera hecho, los corintios se
hubieran quedado expuestos ante sus adversarios.
B.OSBORNE
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