domingo, 21 de febrero de 2021

ESTÉFANAS

 

1 Corintios capítulo 16

            Fue este un creyente cuya recomendación es digna de imitar, pues no hay pecado ni crítica alguna en imitar las cosas buenas y la sana conducta de aquellos que tenemos, por ejemplo. (Filipenses 3:17)

           


De Estéfanas tenemos la experiencia de su vida cristiana en un orden claro y real que no hay lugar a dudas ni confusión. Son cuatro los pasos destacados en la vida de Estéfanas.

            Primero, su conversión. Esto sucedió en el primero o el segundo viaje misionero de Pablo, éste habiendo pasado de Corinto a Acaya, probablemente en el año y medio que pasó en eta región. (Hechos 18:11, 19:21) Predicó el evangelio en Acaya, y Estéfanas, que pertenecía a una familia respetable, fue de los primeros que oyó el mensaje y creyó en el Señor Jesús.

            Entonces el apóstol dice: “Estéfanas y su casa son las primicias de Acaya.” (1 Corintios 16:15) ¡Qué preciosa suena la palabra primicias!

El creyente que da primicias

tendrá en sus trojes la abundancia,

por huésped de su casa la delicia,

y en el cielo mayor ganancia. (Proverbios 3:9,10) 

 

            Hay hermanos que parece que nunca tuvieron primicias; esto se manifiesta en su obra y carácter, los frutos son casi nulos. Otros son los que se gozan en su confesión; en su carácter no hay separación, y sus frutos son como los de la tierra de Jericó. (2 Reyes 2:19)

            El segundo paso de Estéfanas es su bautismo. “Y también bauticé la familia de Estéfanas.” (1 Corintios 1:16) No sabemos si esta vez fue bautizado junto con su familia. Una cosa sabemos, que era una familia y que todos obedecieron a la fe y al bautismo. ¡Qué tiempos aquellos de abundantes primicias, cuando en las casas que recibían el Evangelio se convertía toda la familia!

            En aquel tiempo no era conocido el “papaíto” sino el padre y cabeza de casa, y eso que era paganos. El Evangelio hace un cambio en la familia; como fruto se muestra el amor, el respeto y la gratitud a los padres. En aquel tiempo no había Consejo de Niño que prohíbe el castigo y la disciplina a los niños, que patrocina la independencia del niño, “que no le estorbe las ideas al niño.”

            Hoy muchas naciones están cosechan-do la siembra de su mala enseñanza en los niños, con una juventud sin temor a Dios, sin respeto a los padres, ni a las leyes, ni al gobierno. La delincuencia juvenil se incrementa cada día con una juventud criminal. Para ellos, matar a un hombre es como matar a un perro. Violan una niña y la asesinan para después exhibirse en las planas de los periódicos sin vergüenza ninguna.

            Hoy la educación y el deporte lo absorbe todo. Es prohibido poner a los niños a trabajar; por tanto, muchos tienen la oportunidad de especializarse en el robo y el asalto a mano armada. Las cárceles están llenas y muchos de ellos se tropiezan en las calles, fungen de “gran cacao” y hasta se codean con cierta sociedad. ¡Gracias a Dios! por los que nos hicieron trabajar de día e ir a la escuela de noche.

            Años atrás al niño se le enseñaba que Dios está en todas partes; hoy Dios está muy lejos de sus pensamientos. Los banderines con nombres e insignias de los líderes y símbolos del comunismo se muestran en las paredes de las casas de los cristianos. Prefiero pasar por montuno y fanático, teniendo conmigo al Señor, que por civilizado y científico vacío de Cristo. La poeta uruguaya dijo:

 

Así avanzo son saber adónde,

andando no por visto, más por fe

Prefiero con Cristo caminar a oscuras

que a la luz de todo lo que sé.

            El tercer paso de Estéfanas fue la consagración de su casa. Él y su familia se habían dado primero al Señor. Luego, viendo la dificultad que tenían para reunirse en sus cultos los santos en Acaya, oraron al Señor y ofrecieron su casa para que la iglesia se reuniese, y “se dedicaron al ministerio de los santos.” ¡Oh benditas primicias!

            Es considerado un privilegio servir a los santos. “he aquí tu sierva, para que sea sierva que lave los pies de los siervos de mi señor.” (1 Samuel 25:41) La familia de Estéfanas tenía un testimonio que les acreditaba; los santos de Acaya aceptaron su proposición “y se sujetaron a ellos.” El Espíritu Santo también hace que los nombres de esta familia cristiana figuren en las páginas bíblicas y las generaciones alaben al Señor por su misericordia.

            El cuarto paso de Estéfanas fue la suplencia que hizo. (1 Corintios 16:17) Lo que no hicieron los otros lo hizo Estéfanas, Fortunato y Acaico. Ellos suplieron en amor, en noticias, en consolación. Habían pasado algunos años, pero las primicias seguían en abundancia.

            Hay hermanos y hermanas que saben suplir lo que a los santos falta; estos son verdaderos diáconos y diaconisas que como Febe han ayudado a muchos. (Romanos 16:1,2). ¡Ojalá que el Señor nos dé más amor a su obra! para que con íntegra consagración podamos suplir con entereza lo que otros no pueden hacer por incapacidad o dificultad, o lo que otros no quieran hacer por negligencia.

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