martes, 2 de febrero de 2016

Figuras simbólicas en la Biblia (Parte II)

II - Colores simbólicos



El blanco representa la pureza, justicia y santidad. La cortina blanca alrededor del atrio del tabernáculo nos representa la santa ley de Dios. Marcos presenta al Señor con este color: “... sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos”, Marcos 9.3. “Lávame, y seré más blanco que la nieve”, Salmo 51.7. El caballo blanco representa al conquistador; Apocalipsis 6.2, 19.11.
La púrpura (violeta) representa la dignidad imperial; es el color de los reyes. “Le vistieron con un manto de púrpura”, Juan 19.2. La cortina del atrio del tabernáculo era de púrpura y otros colores; véase Éxodo 27.16. Mateo presenta al Señor con este color. También la gran ramera estaba “... vestida de púrpura y escarlata...”, y es la que “reina sobre los reyes de la tierra”, Apocalipsis 17.4, 18.
El azul se identifica con el carácter celestial y la fidelidad. “... pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul... para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová”, Números 15.38, 39. Juan presenta a Cristo con este color, como el Hijo de Dios que descendió del cielo. De nuevo, véase Éxodo 27.16.
 El rojo, carmesí y grana son típicos de la carne y sangre. “El también participó de... carne y sangre”, Hebreos 2.14; o sea, la humanidad del Señor. Lucas presenta a Cristo con este color, como el Hijo del Hombre. También la grana y carmesí son figuras de las manchas de pecado que sólo la sangre de Cristo puede emblanquecer; Isaías 1.18. El caballo bermejo simboliza la sangre derramada en guerra; Apocalipsis 6.4.

El verde está asociado con la resurrección, como las hojas verdes brotan en la primavera. “Habrá alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda”, (color verde) Apocalipsis 4.3.


La escarlata representa la gloria terrenal. “La gran ciudad, que estaba vestida... de escarlata”, Apocalipsis 18.16. “La mujer estaba vestida de... escarlata”, 17.4.


El amarillo representa la pestilencia. “Si... el pelo de ella fuere amarillento... le declarará inmundo”, Levítico 13.30. Véase también Apocalipsis 6.8.


El negro nos representa la aflicción, humillación y la oscuridad del infierno. “Mi piel se ha ennegrecido y se me cae”, Job 30.30. “...para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”, Judas 13. El caballo negro simboliza el hambre en Apocalipsis 6.5.

El yugo desigual (Parte II)

El yugo del compañerismo

¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?  2 Corintios 6.14.
El que es creyente en Cristo tiene que vivir con quienes no son, trabajar con ellos y comerciar con ellos. De otro modo, tendría que salir del mundo, al decir de 1 Corintios 5.9, 10.
Entonces tenemos que distinguir en la Biblia entre la separación del mundo que el creyente debe mantener y el contacto con el mundo que es inevitable. “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”, Salmo 1.1. “Las malas conversa­ciones corrompen las buenas costumbres”, 1 Corintios 15.33.
Ahora, notemos que Jesús vivió “apartado de los pecadores”, Hebreos 7.26, pero a la vez leemos que “muchos publicanos y pecadores… se sentaron juntamente a la mesa con Jesús”, Mateo 9.10. De tal modo que los fariseos preguntaron por qué el Maestro comía con los tales. Esto nos ayuda a distinguir. Él se sentó con los pecadores para hablarles de las cosas de Dios, pero no para compartir con ellos en sus vanidades ni andar en sus consejos.
Esto nos enseña que debemos manifestar cariño y amor a los pecadores, para ganarles con la Palabra de Dios. Conviene visitarles en sus casas para hacerles bien, demostrarles la benevolencia y ayudarles en sus necesidades. Debemos confortarles en sus tristezas pero no sentarnos con ellos para charlar de sus maldades ni hablar de sus vanidades. No debemos tener amistad íntima para andar con ellos en su mundanalidad. Esto sería un yugo desigual. No debemos compartir con ellos en sus fiestas, cines, etcétera.
Los que siempre están de paseo con los amigos inconversos, pronto se contaminan. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo, Juan 15.19.
La Biblia trata al creyente como miembro de la Iglesia que es la novia de Cristo. Las bodas del Cordero no se han efectuado todavía. Como la novia comprometida tenía que guardar su virginidad, Deuteronomio 22.23, 24, asimismo la Iglesia. “Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen a Cristo”, 2 Corintios 11.2. De modo que cualquiera infidelidad espiritual de amistarnos con los mundanos se trata como una contradicción de este compromiso. “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?” Santiago 4.4.
Debemos evitar, pues, la intimidad de compartir con los impíos su vida mundana. Esto no impide que un creyente en Cristo acepte una invitación a comer en una casa de personas que no son salvas, 1 Corintios 10.27 al 29, siempre y cuando esté dispuesto a dar testimonio de Cristo y no compartir con ellos en sus licores, baile, juegos y demás costumbres de quienes no son salvos.
          La Biblia nos da ejemplo del mal de este yugo. La doctrina de Balaam, condenada en Apocalipsis 2.14, se refiere a Números 31.16: “He aquí, por consejo de Balaam ellas (las incrédulas) fuera causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová”. Como resultado de esta amistad, “el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses”, Números 25.1, 2. Había este mismo mal en la iglesia de Pérgamo, Apocalipsis 2.14.

ALGUNAS MUJERES DEL ANTIGUO TESTAMENTO (Parte II)

Agar, la sierva egipcia

Agar figura en Génesis 16, 21, 25
Viendo Sara que era humanamente imposible que tuviera hijo, ella se adelantó a los propósitos de Dios, y dio a su marido su esclava para que tuviese hijos en ella. La consecuencia inmediata fue la rivalidad que surgió entre Agar y Sara. La esposa sintió que Agar la miraba con desprecio y por eso la afligía. Agar optó por huir, aunque sin derecho a hacerlo porque era esclava. En el desierto el ángel de Jehová se le apareció junto a una fuente y le dijo: Agar, sierva de Saraí ¿de dónde vienes tú y a dónde vas? Agar confesó que estaba huyendo. Otra vez el ángel le habló: Vuélvete a tu señor, y ponte sumisa bajo su mano.
         Luego le habló de la gran multitud que sería descendencia suya; que llamaría a su hijo Ismael, porque Jehová había oído su aflicción; y por último dijo que Ismael sería hombre fiero: todos contra él y él contra todos. Ella, humillada ya, dice: Tú eres Dios que me ve; ¿no he visto también aquí al que me ve? Agar regresó a casa de Abraham.
         La segunda consecuencia del problema con Sara fue la rivalidad entre Ismael e Isaac, porque éste nació cuando el primero tenía catorce años. Es ahora Abraham quien despide a Agar e Ismael, por órdenes de Sara y con la aprobación de Dios. Los despacha con pan y un odre de agua. En el desierto de Beerseba el agua pronto se acabó. Agar puso el muchacho bajo un arbusto porque se moría de sed.
         Ella se sentó a cierta distancia, diciendo: No veré cuando el muchacho muera. Pero el muchacho lloró y Dios le oyó. En otro mensaje angelical la fe de Agar fue fortalecida. Entonces Dios le abrió los ojos y ella vio una fuente de agua. Termina el relato diciendo que Dios estaba con el muchacho.

         El apóstol Pablo utiliza la historia de Agar como una alegoría para distinguir entre la gracia y la ley. La comparación es entre Agar la esclava y Sara la libre; entre Ismael el hijo según la carne Isaac el hijo por la promesa. Los que son hijos de Dios tienen todavía a Ismael —la carne—quien persigue a Isaac—el hombre espiritual en el creyente. La amonestación de Pablo es: Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis sujetos otra vez al yugo de esclavitud, Gálatas 5. El Señor Jesucristo también nos dice: El esclavo no queda en la casa para siempre. Al que el Hijo libertare, ésta será verdaderamente libre. 

LA PRIMERA EPÍSTOLA DE JUAN (Parte II)

Capítulo 1: Vida y Comunión (Continuación)


(c) El Dios con Quien podemos tener comunión (1:5 - 2: 2)

(Versículo 5). Que se haya hecho posible para un hombre, que una vez era pecador en sus pecados, tener comunión con Personas divinas es una verdad maravillosa, y de inmediato hace surgir la pregunta, ¿Quién es el Dios con Quien hemos sido traídos a tener comunión?
El apóstol nos dice que el Único en Quien ha sido manifestada la vida eterna en toda su perfección es también el Único en Quien Dios ha sido perfectamente dado a conocer -el Dios con Quien esa vida nos lleva a tener comunión. De esta manera él puede escribir, "Y este es el mensaje que hemos oído de él y os lo anunciamos: Que Dios es luz, y no hay en él ningunas tinieblas." (v.5 - VM). Los apóstoles, mientras contemplaban a Cristo, veían la perfecta revelación de todo lo que Dios es. Ellos vieron la perfecta pureza de Cristo, y comprendieron que Dios es luz - santidad absoluta. Ellos vieron el perfecto amor de Cristo, y comprendieron que Dios es amor. Estas son las grandes verdades que el apóstol enfatiza en el curso de la Epístola - Dios es luz y Dios es amor (1 Juan 4:8). La vida, la luz y el amor han sido perfectamente manifestados en Cristo.

(Versículo 6). Pero la verdad en cuanto a Dios enseguida llega a ser una prueba de la realidad de nuestra profesión. Si Dios es luz, se deduce que, si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en un camino que prueba que estamos en total ignorancia de Dios, profesamos aquello que es completamente falso.

(Versículo 7). En los días del Antiguo Testamento, Dios moraba en densas tinieblas. Algunos atributos de Dios fueron revelados, pero Su naturaleza aún no había sido dada a conocer. La plena revelación de Dios esperaba la venida de Cristo. Nadie sino una Persona divina podía revelar una Persona divina. Así, cuando Cristo se hizo carne, leemos, "el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer." (Juan 1:18). No sólo es verdad que "Dios es luz", sino que a través de la plena revelación de Dios en Cristo, Él también "está en luz." Más aún, los Cristianos, teniendo la plena revelación de Dios en Cristo, han sido llamados de las tinieblas y la ignorancia de Dios a su luz admirable. El privilegio de ellos ahora es andar en la luz de Dios plenamente revelado. Los resultados prácticos de andar la luz se dan a continuación:
En primer lugar, tenemos comunión unos con otros. En la vida cotidiana aquí, tenemos intereses separados y egoístas, pero "en luz" de la plena revelación de Dios, tenemos intereses y gozos comunes. Entramos a una comunión en el conocimiento de Personas divinas, marcada por vida y luz y amor. Esta comunión permanece verdadera para nosotros a pesar de todo el fracaso en la Iglesia en la responsabilidad. El tiempo no puede tocarla y la muerte no la arrebatará de nosotros. El día de Pentecostés dio una brillante ilustración de esta comunión. Jerusalén estaba en tinieblas, pero en ese día tres mil almas vinieron a la luz de Dios revelada en Cristo. Ellos hablaron en otras lenguas y venían de "todas las naciones bajo el cielo", pero de inmediato se encontraron en una comunión entre ellos, ya que leemos que ellos "perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros." (Hechos 2:42)
En segundo lugar, estando en luz conocemos la eficacia infinita de la sangre de Jesucristo Su Hijo que nos limpia de todo pecado, y así nos hace perfectamente aptos para la luz. Sería espantoso para un pecador entrar a la luz de Dios plenamente revelado si no hubiera limpieza de sus pecados. Pero el Único que ha dado a conocer plenamente a Dios ha muerto para hacernos completamente aptos para la presencia de Dios así revelado.

(Versículos 8-10). En tercer lugar, en la luz hay una completa exposición de todo lo que somos. Tenemos pecado en nosotros y hemos cometido pecados. Si decimos que hemos llegado a una perfección sin pecado, nos engañamos a nosotros mismos y probamos que la verdad no está en nosotros, ya que el pecado está aún en nosotros. Si decimos que nunca pecamos, no solamente nos engañamos a nosotros mismos sino que hacemos a Dios mentiroso, "pues que en muchas cosas todos tropezamos." (Santiago 3:2 - Versión Moderna). No obstante, en los modos gubernamentales de Dios para con Sus hijos, "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados."  No se nos dice que pidamos perdón, sino, como hijos, que confesemos los pecados que necesitan perdón. Nosotros reconocemos nuestros pecados al Padre, y Él no sólo perdona los pecados sino que nos limpia de las contaminantes influencias de los pecados.

(1 Juan 2: 1, 2). En cuarto lugar, el perdón de los pecados del creyente es hecho posible a través de la abogacía del Señor Jesús. Como el pecado está en nosotros, y podemos pecar, Dios ha hecho una rica provisión para mantenernos en comunión. No obstante, estas cosas han sido escritas para nosotros de forma que podamos ser guardados de pecar. El hijo que desobedece al padre no deja de ser hijo; y si nosotros pecamos, nuestras relaciones como hijos con el Padre permanecen, aunque nuestra comunión con el Padre es impedida. Para que el pecado pueda ser juzgado y confesado, y que la comunión pueda ser restaurada, el Señor Jesús actúa como nuestro Abogado -Uno que representa y se encarga perfectamente de nuestra causa delante del Padre.
          Esta abogacía está fundamentada en la inmutable eficacia de la obra propiciatoria de Cristo. Él se ofreció a Sí mismo sin mancha a Dios, y en vista de todo lo que Cristo es y ha hecho, no sólo por el Judío sino por todo el mundo, Dios puede proclamar el perdón para todos y justificar a aquellos que creen, trayéndolos a una relación con Él mismo como Padre, la cual no puede ser alterada por ningún fracaso de parte del creyente. Pero, en esa posición como hijos, si fracasamos, Jesucristo es nuestro abogado. El Señor ejerció Su abogacía a favor de Pedro incluso antes de que él hubiese fracasado. Él pudo decir a Pedro a la vista de su cercana negación, "yo he rogado por ti." El resultado de la abogacía del Señor es vista cuando Pedro es conducido al arrepentimiento y restauración.  Así el efecto de estar en la luz de la plena revelación de Dios en Cristo es traer a los creyentes a una comunión totalmente independiente de cosas terrenales, para manifestar la eficacia limpiadora de la sangre, para exponernos como teniendo el pecado en nosotros y estando propensos a pecar, y para revelar a Cristo como nuestro Abogado, Quien trata con nuestros fracasos para restaurarnos a la comunión.

domingo, 3 de enero de 2016

Pensamiento.



Apagar el Espíritu significa ahogar Su obra en medio de nosotros, limitarlo y estorbarlo. El pecado apaga al Espíritu. Las tradiciones lo apagan. Los reglamentos y normas humanas en el culto público lo apagan. La desunión lo apaga. Alguien ha dicho: «Las miradas frías, las palabras despreciativas, el silencio, la calculada indiferencia, hacen mucho por apagarle. Lo mismo las críticas carentes de amor». Ryrie dice que el Espíritu es apagado siempre que Su ministerio es ahogado en un individuo o en la iglesia.
William Macdonald, Comentario a Tesalonicenses 5:19