lunes, 4 de abril de 2016

El yugo desigual (Parte IV)

El yugo comercial


¿Qué parte el creyente con el incrédulo?  2 Corintios 6.15.
En una asociación, compañía o sociedad empresarial, dos o más miembros son inversionistas. Cada uno aporta, posiblemente participa en las labores, y recibe su porción de las ganancias. Si un creyente es socio con incrédulos, entonces su yugo es desigual. Hay otras sociedades donde el incrédulo invierte los fondos y el creyente hace el trabajo. Es una entidad mancomunada, a veces llamada una sociedad industrial. Se reparten los beneficios entre las partes. Los dos están bajo el mismo yugo, porque el inversionista puede exigir qué hacer y el creyente está comprometido si se actúa injustamente, con engaño o en contravención de leyes.
Si el hijo de Dios puede disponer de dinero y lo invierte por su propia cuenta, está libre porque puede conducir el negocio como le parece correcto. Está en el deber de cancelar los fondos recibidos en préstamo, con sus intereses, pero el prestamista no tiene voz ni voto en el negocio.
Si el creyente no puede trabajar por su cuenta, o en sociedad con otro que también sea salvo, entonces es mejor que busque empleo bajo una relación de dependencia. ¿Qué son las ganancias materiales en comparación con el galardón celestial? Mejor ser pobre y justo delante de Dios que rico pero desobediente a Él. El desobediente puede incurrir en la disciplina de Dios y corre el riesgo de perder todo.
Un ejemplo bíblico de esto se halla en el rey Josafat. Su amistad con el impío Acab le condujo a continuar así con su hijo Ocozías. Josafat “trabó amistad con Ocozías, rey de Israel, el cual era dado a la impiedad, e hizo con él compañía para construir naves que fuesen a Tarsis. Entonces Eliezer… profetizó contra Josafat, diciendo: Por cuanto has hecho compañía con Ocozías, Jehová destruirá tus obras. Y las naves se rompieron y no pudieron ir a Tarsis”, 2 Crónicas 20.35 al 37.
Ocozías evidentemente no se desanimó en el fracaso, sugiriendo que fue a causa de los tripulantes neófitos de Judá. Pero recibió el trastorno como advertencia de Dios. En 1 Reyes 22.48, 49 leemos: “Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezion-geber. Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso”. ¡Ojalá que todo creyente tentado a seguir en un yugo como este se resuelva igualmente a decir que no!
Posteriormente Amazías, rey de Judá, tomó a sueldo a cien mil hombres valientes de Israel para salir juntos a la guerra. “Más un varón de Dios vino a él y le dijo: Rey, no vaya contigo el ejército de Israel, porque Jehová no está con Israel”, 2 Crónicas 25.6 al 10. Amazías no quería perder la plata invertida, y dijo: “¿Qué, pues, se hará de los cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios respondió: Jehová puede darte mucho más que esto”.
Este ejemplo debe animar a los que han asumido un yugo desigual para que salgan de él. Aunque pierdan materialmente, es mejor obedecer al Señor y confiar en Él, porque es capaz de remunerar con mayores cosas.

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