lunes, 4 de abril de 2016

Meditación

“Porque vendrá el enemigo como río, más el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”  (Isaías 59:19b).
Hay tiempos de crisis desesperadas en la vida, cuando Satanás lanza su artillería más potente contra el pueblo del Señor. El cielo se oscurece, la tierra tiembla y no parece quedar ni un rayo de esperanza. Pero Dios ha prometido enviar refuerzos a Su pueblo cuando la situación es extrema. El Espíritu del Señor levanta bandera contra el Diablo justo a tiempo.
Esclavizados por el tirano egipcio, la perspectiva del pueblo de Israel era poco prometedora. Estaban encogidos bajo los azotes del capataz. Pero Dios no era indiferente a sus gemidos. Levantó a Moisés para confrontar al Faraón y finalmente guiar a Su pueblo a la libertad.
En los días de los Jueces, invasores extranjeros mantuvieron en servidumbre a las tribus de Israel. A pesar de esto, en el momento más oscuro el Señor levantó libertadores militares para hacer retroceder al enemigo e introducir al pueblo en un periodo de tranquilidad.
Cuando Senaquerib guió al ejército asirio contra Jerusalén, la cautividad de Judá parecía inevitable. Humanamente hablando, no había manera de detener la fuerza irresistible del invasor. Sin embargo, el ángel del Señor pasó por el campo de los asirios por la noche e hirió a 185.000 hombres.
Cuando Ester era Reina de Persia, el enemigo vino como río promulgando un decreto inalterable que decía que los judíos en todo el reino debían ser ejecutados. ¿Frustraron a Dios los medas y los persas por medio de este decreto? De ningún modo, él arregló las cosas de tal manera que se promulgó otro decreto, permitiendo a los judíos defenderse en aquel día sombrío. Los judíos, ciertamente, salieron arrolladoramente victoriosos.
Cuando Savonarola vio la pobreza, opresión e injusticia en Florencia, vino a ser una bandera en las manos del Espíritu para traer una reforma.
Cuando Martín Lutero comenzó a tronar contra la venta de indulgencias y otros pecados de la iglesia, fue como si una luz surgiera en medio de una era de tinieblas.
La Reina María causaba estragos a la verdadera fe cristiana en Inglaterra y Escocia. Pero Dios levantó a un hombre llamado John Knox en aquel tiempo de necesidad y desesperación. “Y con el rostro a tierra, Knox suplicó a Dios durante toda la noche para que vengara a Sus escogidos y le diera Escocia o le quitara la vida. El Señor le dio Escocia y quitó a la Reina del trono”.
Puede ser que ahora estés afrontando una de las crisis más graves de tu vida. Nunca temas. El Espíritu del Señor enviará refuerzos oportunos y te guiará a un lugar espacioso. ¡Solamente confía en él!

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