martes, 26 de mayo de 2026

La Mujer que agrada a Dios (11)

 

Libertad: La Falsa y la Verdadera

Fay Smart y Jean Young


Tal parece que hay dos grupos principales sosteniendo una posición feminista, cada uno tratando dé redefinir el rol de la mujer en relación con la sociedad, con el mundo del trabajo y con su familia.

La feminista que no es cristiana en gran medida pasa por alto la perspectiva bíblica. Históricamente los períodos abolicionista y sufragista serían considerados como el principio del movimiento para la liberación de la mujer. El abolicionismo buscaba ganar derechos para los esclavos y luego para las mujeres, iguales a los que disfrutaban los hombres. El sufragismo buscaba iguales derechos para la mujer en la esfera política, particularmente, al principio, el privilegio de votar. Una vez que esto se obtuvo vino el movimiento para lograr igualdad en las oportunidades educativas y profesionales. Las proponentes de este movimiento de liberación argumentaban que algunas mujeres son tan inteligentes como los hombres y, estando así dotadas, deben tener oportunidades para su uso y desarrollo. Varios factores se combinaron para ayudar a la posición feminista en esta área. Los empleos que quedaron vacantes cuando los hombres fueron al servicio militar durante las últimas guerras fueron eficientemente ocupados por mujeres. La difícil situación económica reclamaba un segundo ingreso para hacer frente a las necesidades de la familia. Algunas mujeres empezaron a expresarse en las artes, algunas veces bajo un pseudónimo para obtener publicación. La presión política subió hasta hacerse sentir en los legisladores.

A medida que el movimiento ganaba popularidad, otras áreas se reevaluaron, incluyendo el rol de la esposa que trabaja fuera del hogar. Las mujeres argumentaban: "Si es que trabajo tantas horas como mi marido, si es que estoy tan cansada como él cuando regreso del trabajo al hogar, entonces debemos compartir las tareas domésticas." Así es que se esperaba que el marido compartiera en hacer las compras, en la preparación de la comida, en el cuidado del niño, en la limpieza de la casa, etc. Esto condujo al concepto de la igualdad en el matrimonio: compartir en igualdad las decisiones y las responsabilidades, con poca distinción en las funciones del marido y la esposa. El concepto del hogar patriarcal era muy restrictivo para la mujer liberada. Ella quería ser libre para buscar la clase de empleo que ella deseaba. Expresiones como hombre chauvinista comenzaron a usarse para designar a los hombres que supuestamente humillaban a las mujeres y las querían restringir a las tareas y la esfera del hogar.

Algunos de los objetivos feministas son deseables. Por ejemplo, la mayoría de nosotras estaría de acuerdo que igual remuneración se reciba por igual trabajo, sea este hecho por un hombre o una mujer. De la misma manera, el objetivo de darle dignidad a la posición de mujer es atractivo para muchas.

La feminista cristiana recoge muchos de los asuntos del movimiento secular, pero busca encontrar el respaldo escritural para la posición tomada. Algunas afirman que las Escrituras respaldan la tesis de igualdad de la mujer con el hombre y citan ciertos pasajes de su selección. Otras dicen que las Escrituras dan solamente principios y que éstos deben considerarse en el contexto de hoy y que mandatos dados a iglesias del primer siglo no son necesariamente vigentes para los cristianos del siglo 21, debido a diferencias en las condiciones y las culturas. Algunas veces dicen que la Biblia es progresiva y afirman que escritores como Pablo maduraban en sus relaciones con las mujeres. Es extraño su silencio sobre la doctrina de inspiración de las Escrituras (2 Ti. 3:16).

Lo que más inquieta a las feministas cristianas es la falta de oportunidad para ejercitar sus dones ya que no se les permite la predicación en público, Piensan que se les mira con un aire de desprecio y que se discrimina contra ellas. Dicen que la Biblia no hace distinción entre los hombres y las mujeres en cuanto a los dones espirituales, y tienen toda la razón en esto. En los pasajes relacionados con los dones espirituales no se encuentra un don que sea exclusivamente para hombres (véase I Corintios 12). Pero el Señor de la iglesia sí hace distinción entre los hombres y las mujeres cuando se llega al uso de los dones en las reuniones de su pueblo y ciertamente tiene el derecho de hacerlo así. Como estudiaremos el tema de dones espirituales en la lección doce, dejaremos una discusión más amplia de esto para entonces.

Portavoces de las feministas cristianas se molestan cuando se habla acerca de la sujeción que se requiere de las esposas en la relación jerárquica del matrimonio. Se oponen a la autoridad del hombre. Dicen que la sujeción no es bíblica, con la excepción de que todos los cristianos deben estar sujetos unos a otros. Retienen Efesios 5:21 pero rechazan el versículo 22. Ven la relación tradicional del matrimonio como una calle con el tránsito en una sola dirección, con las mujeres haciendo todas las concesiones, sujetándose, cediendo, renunciando a sus derechos, Ellas   reclaman igualdad en todas las áreas de la vida, incluyendo el matrimonio la comercial o profesional y el ministerio en la iglesia, Esto es evidente en la demanda actual para la ordenación de la mujer al ministerio cristiano,

Un argumento común de todas las feministas es que a los niños y a las niñas se les instruye sobre sus roles sexuales desde la infancia: se les acondiciona para que se comporten como niños (más tarde hombres) y como niñas (más tarde mujeres). Dicen que esta enseñanza de los roles sexuales tiene como base el concepto antiguo de la mujer delicada, emocional, maternal y un tanto desvalida en un mundo que pertenece a los hombres. Por el otro lado, se enseña que el hombre es el proveedor, fuerte, superior, sobresaliendo en el deporte y en conocimientos mecanismos que este estereotipo es artificial. ¿Lo es? ¿No tienen valor las distinciones fisiológicas?

El lema es "Liberación". Dicen que la mujer debe liberarse del estereotipo sexual, de la autoridad del hombre, del rol típico de ama de casa y que la mujer debe realizar su potencial en cada área de la vida. Para esto las feministas cristianas alegan tener respaldo bíblico. Le acreditan a Pablo (a pesar de acusarlo a veces de chauvinista y de deplorar su crianza judaica) el promover la idea de unisex cuando escribió. "No hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gá. 3:28).

¿Será posible que Pablo cambiará de opinión, escribiendo una cosa en una carta y algo distinto en otra? ¿No escribió todo bajo el control del Espíritu Santo? ¿O es que las feministas escogen y seleccionan entre las declaraciones de Pablo: "Estas aceptamos; éstas rechazamos"? ¿Qué autoridad tiene alguien de pasar juicio sobre la Palabra de Dios decidiendo lo que viene de Dios y lo que simplemente viene de Pablo? Hasta que no reconozcamos que la Biblia tiene autoridad, toda ella, no tendremos una autoridad confiable como fundamento de nuestras vidas. Un estudio cuidadoso de los contextos de los versículos usados por las feministas disipará las dudas de que Pablo cambió su enseñanza y nos mostrará que lo que escribió fue palabra del Señor (l Co. 14:37).

La liberación cristiana es la que tiene la mujer que acepta la Biblia en su totalidad como la Palabra de Dios y busca obedecer los mandatos de Dios al pie de la letra. La verdadera libertad es el resultado de obediencia. No tenemos derecho de poner en tela de duda los mandatos de Dios ni de poner signos de interrogación donde Dios ha puesto un punto.

Un proverbio chino relata de dos hombres que, caminando por la ribera de un río, vieron un árbol particularmente hermoso. Uno de los hombres comentó que el pobre árbol no podía moverse de ese sitio. ¡Ciertamente aquel árbol debería de ser libre! Así que lo sacaron de raíz para dejarlo libre. En su lugar asignado, el árbol fue libre y hermoso, pero murió al salir de él. De igual manera somos libres, gozosamente libres, cuando obedecemos el plan de Dios y aceptamos el rol que nos ha designado. Mientras el tren permanece sobre sus rieles es libre de funcionar eficazmente. Mientras el barco de vela se somete a la ley de los vientos navega en gloriosa libertad.

Igual sucede con los hombres y las mujeres. Dios en su sabiduría le asignó al hombre ser la cabeza y a la mujer ser su complemento y ayuda. Él ha asignado, y diseñado, los roles apropiados para cada uno y nos ha capacitado para desempeñar esos roles con satisfacción. ¿Podía Dios, el sabio y amoroso Creador, haber planeado para nosotras algo que no fuese perfecto? El secreto de nuestra realización como mujeres descansa en nuestra aceptación del plan de Dios. El corazón satisfecho conoce la verdadera libertad.

¿Significa esto que no hay creatividad para la mujer? ¿Debe estar restringida a las tareas del hogar con un complejo de alfombra a la entrada de la casa que todos pisan? ¡NO! Nuestras lecciones anteriores relacionadas con mujeres tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento demuestran que el ministerio de la mujer no está restringido al hogar (véase Proverbios 31). Para la mujer que espera en Dios, que le escucha y le obedece, hay satisfacción inestimable, aún en las circunstancias más difíciles que aparentan ser restrictivas. ¿Cómo puede el ponernos a la disposición del Dios Creador, infinito y eterno, llevarnos a una experiencia estrecha y estéril? La mujer que busca agradar a Dios, que se deleita en hacer su voluntad, cuya vida está concentrada en Dios y no en ella misma, encontrará que Dios le concede las peticiones de su corazón (Sal, 87:4). 

Buscar la autorrealización como meta principal conduce inevitablemente a un egoísmo estéril y solitario. El camino hacia la verdadera felicidad y realización no está en buscar la satisfacción de nuestros propios deseos sino en darnos en amor y servicio a favor de otros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario