Libertad: La Falsa y la Verdadera
Fay Smart y
Jean Young
Tal
parece que hay dos grupos principales sosteniendo una posición feminista, cada
uno tratando dé redefinir el rol de la mujer en relación con la sociedad, con
el mundo del trabajo y con su familia.
La feminista que no es cristiana en gran medida pasa por
alto la perspectiva bíblica. Históricamente los períodos abolicionista y
sufragista serían considerados como el principio del movimiento para la
liberación de la mujer. El abolicionismo buscaba ganar derechos para los
esclavos y luego para las mujeres, iguales a los que disfrutaban los hombres.
El sufragismo buscaba iguales derechos para la mujer en la esfera política,
particularmente, al principio, el privilegio de votar. Una vez que esto se
obtuvo vino el movimiento para lograr igualdad en las oportunidades educativas
y profesionales. Las proponentes de este movimiento de liberación argumentaban
que algunas mujeres son tan inteligentes como los hombres y, estando así
dotadas, deben tener oportunidades para su uso y desarrollo. Varios factores se
combinaron para ayudar a la posición feminista en esta área. Los empleos que
quedaron vacantes cuando los hombres fueron al servicio militar durante las
últimas guerras fueron eficientemente ocupados por mujeres. La difícil
situación económica reclamaba un segundo ingreso para hacer frente a las
necesidades de la familia. Algunas mujeres empezaron a expresarse en las artes,
algunas veces bajo un pseudónimo para obtener publicación. La presión política
subió hasta hacerse sentir en los legisladores.
A medida que el movimiento ganaba popularidad, otras áreas
se reevaluaron, incluyendo el rol de la esposa que trabaja fuera del hogar. Las
mujeres argumentaban: "Si es que trabajo tantas horas como mi marido, si
es que estoy tan cansada como él cuando regreso del trabajo al hogar, entonces
debemos compartir las tareas domésticas." Así es que se esperaba que el
marido compartiera en hacer las compras, en la preparación de la comida, en el
cuidado del niño, en la limpieza de la casa, etc. Esto condujo al concepto de
la igualdad en el matrimonio: compartir en igualdad las decisiones y las
responsabilidades, con poca distinción en las funciones del marido y la esposa.
El concepto del hogar patriarcal era muy restrictivo para la mujer liberada.
Ella quería ser libre para buscar la clase de empleo que ella deseaba.
Expresiones como hombre chauvinista comenzaron a usarse para designar a los
hombres que supuestamente humillaban a las mujeres y las querían restringir a
las tareas y la esfera del hogar.
Algunos de los objetivos feministas son deseables. Por
ejemplo, la mayoría de nosotras estaría de acuerdo que igual remuneración se reciba
por igual trabajo, sea este hecho por un hombre o una mujer. De la misma
manera, el objetivo de darle dignidad a la posición de mujer es atractivo para
muchas.
La feminista cristiana
recoge muchos de los asuntos del movimiento secular, pero busca encontrar el
respaldo escritural para la posición tomada. Algunas afirman que las Escrituras
respaldan la tesis de igualdad de la mujer con el hombre y citan ciertos
pasajes de su selección. Otras dicen que las Escrituras dan solamente
principios y que éstos deben considerarse en el contexto de hoy y que mandatos
dados a iglesias del primer siglo no son necesariamente vigentes para los
cristianos del siglo 21, debido a diferencias en las condiciones y las
culturas. Algunas veces dicen que la Biblia es progresiva y afirman que
escritores como Pablo maduraban en sus relaciones con las mujeres. Es extraño
su silencio sobre la doctrina de inspiración de las Escrituras (2 Ti. 3:16).
Lo que más inquieta a las feministas cristianas es la falta
de oportunidad para ejercitar sus dones ya que no se les permite la predicación
en público, Piensan que se les mira con un aire de desprecio y que se
discrimina contra ellas. Dicen que la Biblia no hace distinción entre los
hombres y las mujeres en cuanto a los dones espirituales, y tienen toda la
razón en esto. En los pasajes relacionados con los dones espirituales no se
encuentra un don que sea exclusivamente para hombres (véase I Corintios 12).
Pero el Señor de la iglesia sí hace distinción entre los hombres y las mujeres
cuando se llega al uso de los dones en las reuniones de su pueblo y ciertamente
tiene el derecho de hacerlo así. Como estudiaremos el tema de dones
espirituales en la lección doce, dejaremos una discusión más amplia de esto
para entonces.
Portavoces de las feministas cristianas se molestan cuando
se habla acerca de la sujeción que se requiere de las esposas en la relación
jerárquica del matrimonio. Se oponen a la autoridad del hombre. Dicen que la
sujeción no es bíblica, con la excepción de que todos los cristianos deben
estar sujetos unos a otros. Retienen Efesios 5:21 pero rechazan el versículo
22. Ven la relación tradicional del matrimonio como una calle con el tránsito
en una sola dirección, con las mujeres haciendo todas las concesiones,
sujetándose, cediendo, renunciando a sus derechos, Ellas reclaman igualdad en todas las áreas de la
vida, incluyendo el matrimonio la comercial o profesional y el ministerio en la
iglesia, Esto es evidente en la demanda actual para la ordenación de la mujer
al ministerio cristiano,
Un argumento común de todas las feministas es que a los
niños y a las niñas se les instruye sobre sus roles sexuales desde la infancia:
se les acondiciona para que se comporten como niños (más tarde hombres) y como
niñas (más tarde mujeres). Dicen que esta enseñanza de los roles sexuales tiene
como base el concepto antiguo de la mujer delicada, emocional, maternal y un
tanto desvalida en un mundo que pertenece a los hombres. Por el otro lado, se
enseña que el hombre es el proveedor, fuerte, superior, sobresaliendo en el
deporte y en conocimientos mecanismos que este estereotipo es artificial. ¿Lo
es? ¿No tienen valor las distinciones fisiológicas?
El lema es "Liberación". Dicen que la mujer debe
liberarse del estereotipo sexual, de la autoridad del hombre, del rol típico de
ama de casa y que la mujer debe realizar su potencial en cada área de la vida.
Para esto las feministas cristianas alegan tener respaldo bíblico. Le acreditan
a Pablo (a pesar de acusarlo a veces de chauvinista y de deplorar su crianza judaica)
el promover la idea de unisex cuando escribió. "No hay varón ni mujer;
porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gá. 3:28).
¿Será posible que Pablo cambiará de opinión, escribiendo una
cosa en una carta y algo distinto en otra? ¿No escribió todo bajo el control
del Espíritu Santo? ¿O es que las feministas escogen y seleccionan entre las
declaraciones de Pablo: "Estas aceptamos; éstas rechazamos"? ¿Qué
autoridad tiene alguien de pasar juicio sobre la Palabra de Dios decidiendo lo
que viene de Dios y lo que simplemente viene de Pablo? Hasta que no
reconozcamos que la Biblia tiene autoridad, toda ella, no tendremos una
autoridad confiable como fundamento de nuestras vidas. Un estudio cuidadoso de
los contextos de los versículos usados por las feministas disipará las dudas de
que Pablo cambió su enseñanza y nos mostrará que lo que escribió fue palabra
del Señor (l Co. 14:37).
La liberación cristiana es la que tiene la mujer que acepta
la Biblia en su totalidad como la Palabra de Dios y busca obedecer los mandatos
de Dios al pie de la letra. La verdadera libertad es el resultado de
obediencia. No tenemos derecho de poner en tela de duda los mandatos de Dios ni
de poner signos de interrogación donde Dios ha puesto un punto.
Un proverbio chino relata de dos hombres que, caminando por
la ribera de un río, vieron un árbol particularmente hermoso. Uno de los hombres
comentó que el pobre árbol no podía moverse de ese sitio. ¡Ciertamente aquel
árbol debería de ser libre! Así que lo sacaron de raíz para dejarlo libre. En
su lugar asignado, el árbol fue libre y hermoso, pero murió al salir de él. De
igual manera somos libres, gozosamente libres, cuando obedecemos el plan de
Dios y aceptamos el rol que nos ha designado. Mientras el tren permanece sobre
sus rieles es libre de funcionar eficazmente. Mientras el barco de vela se
somete a la ley de los vientos navega en gloriosa libertad.
Igual sucede con los hombres y las mujeres. Dios en su
sabiduría le asignó al hombre ser la cabeza y a la mujer ser su complemento y
ayuda. Él ha asignado, y diseñado, los roles apropiados para cada uno y nos ha
capacitado para desempeñar esos roles con satisfacción. ¿Podía Dios, el sabio y
amoroso Creador, haber planeado para nosotras algo que no fuese perfecto? El
secreto de nuestra realización como mujeres descansa en nuestra aceptación del
plan de Dios. El corazón satisfecho conoce la verdadera libertad.
¿Significa
esto que no hay creatividad para la mujer? ¿Debe estar restringida a las tareas
del hogar con un complejo de alfombra a la entrada de la casa que todos pisan? ¡NO!
Nuestras lecciones anteriores relacionadas con mujeres tanto del Antiguo como
del Nuevo Testamento demuestran que el ministerio de la mujer no está
restringido al hogar (véase Proverbios 31). Para la mujer que espera en Dios,
que le escucha y le obedece, hay satisfacción inestimable, aún en las
circunstancias más difíciles que aparentan ser restrictivas. ¿Cómo puede el
ponernos a la disposición del Dios Creador, infinito y eterno, llevarnos a una
experiencia estrecha y estéril? La mujer que busca agradar a Dios, que se
deleita en hacer su voluntad, cuya vida está concentrada en Dios y no en ella
misma, encontrará que Dios le concede las peticiones de su corazón (Sal,
87:4).

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