Es
evidente que la última cena que celebró el Señor con sus discípulos es la
conmemoración de la pascua que se efectuó en Egipto la noche anterior en que se
iba el pueblo a salir libre de la esclavitud a que estaban sometidos. Para esa
noche, Moisés les había ordenado previamente que separasen el día diez un
cordero o cabra.
Características
que debía tener el cordero.
·
sin defecto, para ello debía haber una
observación y selección del animal.
·
Se apartaba hasta el día catorce
·
macho de un año, ni más ni menos
·
en el día catorce se sacrificaba entre las dos
tardes
·
la sangre se debía colocar en el dintel y en
los postes de la casa.
·
Y en la misma noche se debía comer asada toda
la carne, y si era mucho, se debía juntar con otra familia
·
Con panes sin levadura y hierbas amargas
·
lo que sobraba se debía quemar.
El
ángel vería la sangre y pasaría de ellos, pero aquellos que no obedecieron (si
es que hubo alguno), pereció su primogénito al igual que sucedía con los
egipcios. En caso contrario, si había algún egipcio que hubiere puesto en
ejecución todo lo que prescribió Jehová Moisés, de seguro que el Ángel hubiese
pasado de largo por aquella casa.
Y
esto ¿por qué?
Porque a diferencia de otros juicios en que
había separación entre Israelita y el egipcio, ahora no había tal situación. El
hecho afectaba a todos por igual.
¿Qué
nos dice ese hecho? El Juicio de Dios era para todos y el método de salvación
era “universal”, es decir, útil para todos aquel que se apropiaba de ella. Además,
¿no dice la escritura que mucho otros pueblos salieron con ellos (Éxodo 12:38)?
Fiesta
Una vez que se produjo el Éxodo desde Egipto y
hubieron pasado milagrosamente el mar rojo, Jehová, en el desierto estableció
sus mandamientos y leyes. En Éxodo 13:3-10, Moisés lo había establecido como
fiesta ritual. Y en Levíticos 23:4-8 se estableció esta como la primera fiesta
del año religioso de Israel.
En esta fiesta se sirve a la mesa los
siguiente:
ü Matzá,
que es el pan sin levadura.
ü Hierbas
amargas.
ü Jaróset
es un alimento preparado de sabor dulce, color oscuro, y aspecto pastoso.
ü cuatro
copas de vino:
1.
de Santificación: Dios separa a Israel de la
esclavitud de Egipto, haciendo referencia a “Os sacaré de debajo de las cargas
de Egipto.” (Éxodo 6: 6a)
2.
De la liberación: Dios libra a Israel de la
opresión y los juicios sobre Egipto, haciendo referencia a “Os libraré de su
servidumbre” (Éxodo 6: 6b).
3.
De la redención: Dios redime a Israel con poder
y milagros, haciendo referencia a “Os redimiré con brazo extendido y con
juicios grandes” (Éxodo 6:6c).
4.
De la alabanza: Dios toma a Israel como Su
pueblo y establece relación con ellos, en referencia a “Os tomaré por mi
pueblo, y seré vuestro Dios.” (Éxodo 6:
7a)
ü Huevos
asados y
ü Karpás,
que es verdura remojada en salmuera
ü Cordero
asado
Simbolismo:
Encontramos
dos simbolismos en la pascua. En el primero en el evento inicial y el segundo
en la celebración o recordatorio de la pascua.
La
pascua
En
el primero es evidente que nos habla del sacrificio de nuestro Señor
Jesucristo. Dios había seleccionado un cordero perfecto (cf. Juan 6:27b). “¡He
aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!" (Juan 1:29),
había exclamado Juan el bautista cuando lo vio venir por primera vez para ser
bautizado por él, y no se quedó allí, en otro día volvió a dar testimonio (Juan
1:36). Se había encontrado el cordero que iba a ser sacrificado para que todo
aquel que se cobije bajo su sangre y sea salvado de la muerte eterna. Los
hebreos, allá en el antiguo Egipto, había confiado que la sangre del cordero
que estaba en los pilares y el dintel de la puerta haría que el ángel de la
muerte pasaría de largo de aquella familia, del mismo modo los que hemos creído
en la obra del Señor Jesucristo, su sangre nos ampara del juicio eterno,
constituyéndonos hijos de Dios. Si lo personificamos de acuerdo a los hechos
ocurridos aquella noche en Egipto, Dios ve la sangre de Cristo en nuestros
corazones y pasa de largo. ¿Por qué? Porque en Cristo hemos sido justificado
por Dios mismo:
“Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo;” (Romanos 5:1).
“Pues
mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él
seremos salvos de la ira”. (Romanos 5:9).
“siendo justificados gratuitamente
por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…” (Romanos 5:9).
“sabiendo
que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de
Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por
la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la
ley nadie será justificado.” (Gálatas 2:16).
Por
último, tanto la Pascua como la obra de Cristo son resultados de la gracia de Dios
para con nosotros; es decir, “para que, justificados por su
gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”
(Tito 3:7). Y esta gracia no queda restringida a algunos, también otros pueblos
fueron amparados por la gracia de Dios; así la obra de Cristo no queda
restringida solo algunos, está disponible para todos, pero solo es efectiva
solo para los se apropian de ella.
La
fiesta
Dios
estableció que existiese una fiesta que permitiese celebrar y recordad los
sucesos que llevaron a Israel a la liberación. Cada plato o comida que servían
recordaban la amargura que pasaron durante su esclavitud en Egipto. No era un
recuerdo triste, sino un recuerdo para meditar; y también una fiesta donde se
recordaba como clamaron a Dios y este los escuchó. Y como resultado “Jehová nos
sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido,
con grande espanto, y con señales y con milagros;”
(Deuteronomio 26:8).
Ahora bien, es evidente que lo
primero que pasa por nuestra mente para encontrar que simboliza esta fiesta, es
la cena de Señor. Solo tenemos que recordar cuándo y cómo se instituyó la cena
del Señor. Él mismo Señor Jesucristo había deseado celebrar la pascua (vea
Lucas 22:15) y en esta fiesta, según piensan algunos eruditos, se estableció
entre la tercera copa (la copa de redención o bendición) y la cuarta copa (copa
de alabanza o consumación).
Lucas
relata de esta forma como se instituyó: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo
partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced
esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la
copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por
vosotros se derrama” (Lucas 22:19-20; comp. 1 Corintios 11:23-26).
O sea, al igual que en la pascua, se hace
memoria o se rememora lo que el Señor hizo por nosotros: “… en memoria de mí…”.
No es una celebración donde hay tristeza, al contrario, hay alegría, hay
esperanza. En otras palabras, se conmemora la victoria del Señor en cruz del
calvario, sin esa victoria no estaríamos en la luz de su salvación.
Pablo dice algo más, que el testimonio que
resulta de celebrar la cena del Señor: “Así, pues, todas las veces que
comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta
que él venga” (1 Co. 11:26). Anunciamos que la victoria de Cristo en la cruz y
de la salvación que deriva de ella para todo aquel que ponga su fe en ella.
Además, no es una extensión de
la pascua vista desde otro punto. ¡No! Es una fiesta totalmente diferente. Los
judíos la celebran una vez al año, con comidas particulares; y nosotros cada
primer día de la semana (vea Hechos 20:7, 1 Corintios 16:2) como tenían
costumbre los primeros cristianos, se celebra con pan y vino.
Conclusión.
Encontramos que la pascua en sus
hechos originales profetiza la obra de Cristo en la cruz del calvario como el
cordero de Dios que con su sangre derramada nos da “vida”.
Y, por otra parte, la fiesta de
la pascua era un preludio o anticipaba la cena de Señor, teniendo presente que
también es distinta en su forma como ya lo hemos explicado.
S.K.R.

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