martes, 26 de mayo de 2026

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS (5)

 

capítulo 4: Contrastes


La luz contrasta con las tinieblas, vv 1 al 6; la debilidad con el poder, vv 7 al 14; la aflicción con la gloria, vv 14 al 18.

El evangelio sigue siendo un secreto aun para muchos que lo oyen vez tras vez. El hecho de quedarse encubierto de algunos es su condenación, y les señala como enrumbados a la destrucción. Satanás les ha enceguecido, v. 4. Para Pablo el evangelio era una cosa muy grande. La luz que irradia es tan resplandeciente que es increíble que los hombres no la vean, y el poder que se opone a ella debe poseer una malignidad inmensa.

La incredulidad de los hombres le da a Satanás la oportunidad de cegar sus facultades de percepción espiritual. El dios de este mundo hace su obra de enceguecer; el Dios verdadero mandó que la luz resplandeciera. Pablo vio la faz de Jesucristo en su resplandor, y sabía que aquella gloria era la de Dios, v. 6.

El conocimiento de aquella gloria estaba guardado en un vaso de barro, a saber, el cuerpo de hombre con su debilidad y mente limitada. Pero ahí un principio divino, uno que protegía la verdad de que la salvación era de un todo del Señor. Dios dispondrá siempre que su obra sea realizada por hombres que están dispuestos a reconocer que la grandeza de su poder es suyo, y no de ellos.

En los contrastes que siguen Pablo destaca tanto la debilidad suya como el poder de Dios, vv 8 al 10.

Todo era para la bendición de ellos y la gloria de Dios, v. 15. La disminución progresiva en la fuerza de la vida corporal de Pablo se contrasta con la renovación progresiva de su vida espiritual. El velo de una humanidad cansada y sufrida escondía la vida misma de Cristo que latía inmortalidad, la vida misma de Cristo. Se estaba gastando el hombre exterior pero el interior se renovaba de día en día.

Pablo hace contraste entre el presente y el futuro. La aflicción es liviana, pasajera y apunta a la gloria, pero la gloria venidera es, en el texto griego, “¡excesiva al exceso!” El lenguaje no la describe.

Finalmente, el apóstol pone en contraste lo visible y lo invisible. Las cosas vistas se caducan, pero las de gloria perduran para siempre jamás. Todo depende de cómo fijamos nuestra mirada. Levante los ojos al cielo y mida el presente en función de lo invisible y eterno.

B.Osborne

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