lunes, 15 de agosto de 2022

MEDITACIÓN

 


SEGUIR A JESÚS

Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo ... y le dijo: Sígueme.     (Mateo 9:9)

 


Hace poco le dije a mis hijos (que ya son adultos): «Ustedes los jóve­nes siempre hablan de quién siguen en Twitter*». Entonces conti­nué: «Yo sé a quién sigo también; leo sus mensajes cada mañana». Instintivamente, ellos ya sabían lo que les iba a decir, así que les dije: «Así es. Cuando estudio mi Biblia cada día en la mañana recibo mensajes de mi Señor, porque yo lo sigo».

Pedro le hizo una pregunta al Señor acerca de su amigo Juan: “¿qué de éste?" Pero el Señor Jesús le respondió: “Sígueme tú” (Jn. 21:21-22). Juan estaba siguiendo al Señor Jesús, pero Pedro necesitaba poner más atención a su propia relación con el Señor. ¿Qué hay de nosotros? ¿Lo estamos siguiendo? Cuando los «men­sajes» parecen ser menos frecuentes, en momentos de sequía, cla­mamos a Él: «¡Señor, realmente necesito escucharte!» ¡Y entonces los mensajes comienzan a llegar! Así me sucedió hace poco. Tenía por delante algunas reuniones y me preguntaba: «¿Cómo puedo entregar a los demás lo que yo mismo no tengo?» Sin embargo, un día a la mañana, mientras seguía a mi Señor, Él me envió el siguiente mensaje: “Abre tu boca, y yo la llenaré” (Sal. 81:10).

Esto puede ser igual para todos sus seguido-res. La Biblia dice: “No sólo de pan vivirá el hombre" (Mt. 4:4). ¡Habla de los mensajes que Él te envía! “El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos” (Is. 50.4 LBLA). Es verdad que este versículo nos habla profética- mente de Cristo, pero también podemos aplicarlo a nosotros. Puede que no recibas mensajes de Él en la mañana, sin embargo, sus mensajes pueden llegar en cualquier momento del día o la noche. Si no eres aún un “seguidor", vuélvete uno. Él está esperando hablarle a los que están dispuestos a escuchar.

Brian Reynolds

El Señor está cerca

Disfrute su Biblia (8)

 Disfrute su Biblia



Los evangelios son quizás la parte más familiar de la Biblia. Aun así, pocos cristianos entienden realmente su alcance y propósito.

Estos libros no intentan dar una reseña completa de la vida de Cristo; eso sería imposible (Jn. 21:25). Con la excep­ción de cinco capítulos, se dedican a los tres últimos años de Su vida (84 de 89). Veintiocho capítulos están dedicados a los 10 días entre Su última llegada a Betania y Su resurrección (28 de 29).

Algunos eventos se encuentran en uno, dos, o tres evange­lios. La alimentación de los 5,000 está en los cuatro.

Los eventos no siempre se relatan en el mismo orden. Algunos son:

Cronológicos - arreglados en la secuencia temporal en que ocurrieron.

Dispensacionales — Mateo 8:1-17. Se observan cuatro mila­gros. El primero, Jesús está físicamente presente, se lo muestra en la tierra ministrando a los enfermos en la casa de Israel. En el segundo, Jesús no está presente pero sana a un gentil. Cuando Jesús sana a la suegra de Pedro, Él está presente. Finalmente, sana a la multitud. Estos cuatro milagros pueden bien represen­tar el ministerio terrenal del Señor, y además su obra sanadora durante este tiempo de gracia, lo cual será proseguido por la restauración de Israel en Su Segunda Venida. Y finalmente, su ministerio durante el Milenio.

Morales o Espirituales — Mateo 9:23-24. Los muertos son resucitados. Los ojos ciegos ahora ven. Los labios enmudecidos son abiertos para testificar. ¿No es también este el orden de los eventos cuando una persona es salva?

En el evangelio de Juan, los eventos llevan a un discurso o enseñanza del Señor. Por ejemplo, en Juan 12:20-26, la visita de los griegos guió las palabras del Salvador a un grano de trigo.

Evangelio   Jesús como:       Símbolo          Color

Mateo       Rey                   León               Púrpura (Jud. 8:26)

Marcos      Siervo               Becerro, buey  Rojo (Sal. 22:6)10

Lucas        Hombre             Hombre         Blanco (Ap. 19:8)

Juan          Dios                   Águila            Azul/zafiro (Ex. 24:10)

Existen otras dos maneras mediante las que se describen los cuatro evangelios:

Evangelio           El retoño (o hijo) ¡Helo aquí!

No existe manera de que escritores humanos pudieran haber colaborado para producir estas cuádruples presentaciones del Señor Jesús como sería descrito siglos después en los cuatro evangelios.

El Espíritu Santo selecciona el material a partir de esta base. Por ejemplo, no hay genealogías en Marcos o Juan. Tal cosa sería innecesaria para un esclavo, o inexistente para el eterno Hijo de Dios. Pero es importante para Jesús como Rey (Mateo) y como Hijo del Hombre (Lucas).

Algunas veces lo que parece ser el mismo evento registrado en evangelios diferentes, en realidad es diferente. La purificación del templo en Juan 2:13-25 ocurrió al principio del ministerio público de Jesús, la que se nombra en Mateo, Marcos y Lucas, al final.

Las diferencias en los registros del evangelio respecto al mismo evento no son contradictorias. Algunas veces son suple­mentarias. Para obtener la escritura completa que estaba en la Cruz del Salvador, combine los cuatro evangelios y leerá, “Este es Jesús de Nazaret, el Rey de los Judíos”.

La razón de las diferencias siempre es relevante y signifi­cativa. Por ejemplo, en Mateo 10:24, Jesús es el Maestro y Amo, y nosotros los discípulos y siervos. En el pasaje que acompaña, Lucas 6:40, nosotros somos el maestro y al que estamos intentando enseñar es el discípulo. Otra vez, en Mateo 7:22, los incrédulos profesan servicio al Rey, mientras que en Lucas 13:26, profesan comunión con el Hombre. La historia de los 99 en Mateo 18:12-13 enfatiza el cuidado del Señor por sus pequeños, mientras en Lucas 15:11-17, condena a los Fariseos, quienes no sentían necesidad de arrepentirse.

INDICADORES PARA LIBROS ESPECÍFICOS

Parece que la gente pierde el verdadero sentido cuando escribe libros intentando armonizar los evangelios. No son las similitudes las que son relevantes sino las diferencias. El Espíritu Santo nunca se repite innecesariamente a Sí mismo.

El ministerio público de Jesús puede dividirse en tres etapas:

Su Ministerio Judío, aproximadamente 1 año (Jn. 1:154:54).

Su Ministerio Galileo, aproximadamente 1 año y 9 meses (Mt. 4:12 - 18:35; Me. 1:14 - 9:50; Le. 3:19 - 9:50; Jn. 5:1 - 10:21).

Su Ministerio Pereano, cuatro o cinco meses (Jn. 10:22 — 11:57).

Los primeros tres evangelios son llamados sinópticos (“vis­tos juntos” en griego), porque en términos generales, cubren el mismo terreno.

El evangelio de Juan es llamado autóptico. Más del 90% del material que usa es único de su evangelio.

Excepto por Juan, los evangelios no son sólo una presenta­ción del camino de la salvación, sino más bien un registro histó­rico de los eventos por los cuales fue posible la salvación. Por supuesto, en todos ellos hay versículos individuales que enseñan sobre la salvación por fe en Cristo, pero hay que esperar hasta llegar a Romanos para poder encontrar la explicación de la doc­trina de salvación.

(A) ENTENDIENDO EL SERMÓN EN EL MONTE DE LOS OLIVOS

Suponga que está leyendo Mateo 24 y 25 por primera vez. Usted se asombraría por los dramáticos eventos descritos allí. Pero además quedaría perplejo. Surgirían todo tipo de preguntas en su mente. ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Cómo se aplica esto a mi vida?

Existen cuatro llaves principales para abrir el sentido del sermón.

1.  Tiene que ver con Israel, no con la iglesia. De hecho, no hay referencia alguna de la iglesia en el sermón del Monte de los Olivos. Observe las referencias judías: el lugar santo, esto es, el templo en Jerusalén (24:15); Judea (24:16), y el hecho de no viajar grandes distancias en el sábado (24:20).

No se confunda con las referencias a “los escogidos” (24:22, 24, 31). Estas se relacionan a los judíos escogidos por Dios (los elegidos) durante la Tribulación. Los escogidos del período de la iglesia ya van a haber sido raptados al cielo por el Señor.

De esta misma manera, “los pequeños” en el 25:40 son el pueblo judío del Señor.

2.  Tiene que ver con el futuro profético, no con la historia o con eventos venideros.

a.  La Tribulación (24:4-28).

b.  La Segunda Venida (24:30).

c.   El Juicio a las Naciones (25:31-46).

3.  El evangelio mencionado en el Monte de los Olivos (24:14) es el evangelio del reino, no el evangelio de la gracia de Dios.

Esto no contradice el hecho de que existe sólo un evange­lio - la salvación por fe en el Señor. Pero hay diferentes énfa­sis y diferentes administraciones del evangelio en diferentes épocas. En la época del Antiguo Testamento, las personas eran salvas creyendo en las revelaciones que Dios les daba. Hoy, somos salvos por la fe en Cristo con la promesa de que nos llevará al cielo cuando regrese. El énfasis en la Tribulación será, “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, y cuando El regrese, entrarás en el reino con El.” Ese es el evangelio, o buenas noticias, acerca del reino.

4.  Tiene que ver con la venida de Cristo a reinar, no con el Rapto. Este será precedido por disturbios celestiales, será acom­pañado por temibles juicios, y la resurrección no es enfatizada. No hay señales de los cielos antes del Rapto. No hay juicios en el Rapto. Y la resurrección es una de las características promi­nentes del Rapto.

En el 24:40-41, aquellos que son quitados son juzgados. Aquellos dejados atrás son los que entran al reino. Esto es jus­tamente lo opuesto a lo que sucede en el Rapto de la iglesia. En el 23:15, las vírgenes necias representan a los que durante la Tribulación se profesan judíos, pero nunca nacieron de nuevo. Las vírgenes sabias son los judíos que creyeron y que participarán de la fiesta de bodas en la Segunda Venida.

Aunque la interpretación del discurso en el Monte de los Olivos está relacionada con Israel y las naciones, eso no quiere decir que no tenga un mensaje para nosotros hoy día. Nos advierte que estamos en los últimos días, que la venida del Señor está cerca, que debemos estar despiertos y esperando, y evangeli­zando activamente para que la gente sea salva de la ira venidera.

 

(B)  BIBLIAS CON LETRAS ROJAS

¡Un último comentario! Las Biblias que imprimen las pala­bras de Jesús en rojo, perdieron perspectiva. Parecen sugerir que Sus palabras son más importantes, o más inspiradas que otras. El hecho es que no existen grados de inspiración. La Biblia fue inspirada por Dios de tapa a tapa. (Sin embargo, si usted está haciendo un estudio de las palabras de nuestro Señor, las letras rojas facilitan mucho su búsqueda.)

William Macdonald

Figuras de Cristo(8)

 El Cordero de Dios

Éxodo 12


El Cordero de la Pascua es el cuadro más maravilloso de Cristo en el Antiguo Testamento. Nos enseña el significado de la muerte del Señor Jesús en la cruz y lo hace más claramente que cualquier otra figura.

Dios planeaba juzgar al pueblo de Egipto y algunos de ellos debían morir. Pero él dijo a su pueblo, los Israelitas, que sacrificaran un cordero. Este cordero debía morir en lugar de ellos y Dios no los castigaría al ver la sangre del cor­dero, Éxodo 12:13. Miles de personas se salvaron, pero tam­bién, miles de otros, murieron.

Estas cosas sucedieron después de la muerte de José. Los Israelitas vivieron en paz mientras él estuvo vivo, porque el faraón amaba a José y a su familia y les dio la tierra de Gosén para vivir en ella. Allí los Israelitas cuidaban sus ganados y tenían mucho alimento.

Pero José y el faraón murieron y otro faraón gobernó en Egipto. Este rey no había conocido a José y estaba celoso de los israelitas. Ellos fueron convertidos en esclavos de los egipcios y tenían que hacer ladrillos y trabajar muy duro. El faraón les temía y ordenó matar a todos sus niños cuando nacieran. Solamente las niñas debían vivir.

Dios en su misericordia levantó a Moisés para que guiara a su pueblo, Israel. Lea acerca de la primera parte de la vida de Moisés en los capítulos 2 y 3 del libro de Éxodo. Moisés estaba en el desierto cuidando ovejas cuando Dios le habló desde una zarza ardiendo y le dijo que fuera y sacara a los Israelitas de Egipto.

Moisés fue al faraón y le pidió que dejara libres a los israelitas, pero el faraón rehusó. Dios castigó al faraón en­viando plagas sobre la tierra de Egipto y sobre el faraón mismo, pero el corazón de éste permaneció tan duro como una roca.

Estas son las plagas que Dios envió: primero convirtió las aguas del río en sangre. Luego, envió ranas, granizo, moscas, piojos, langostas y oscuridad y también una enfermedad sobre el ganado. El corazón del faraón per­maneció tan duro como antes y rehusó dejar libre al pueblo de Israel. Entonces, Dios decidió enviar la décima plaga: la plaga de muerte.

Dios comunicó a Moisés y a Aaron sus planes para castigar a los egipcios, Éxodo 12:12,23. Él dijo que pasaría a través de la tierra de Egipto y daría muerte a cada primogénito de los hombres y de los animales.

Dios también les comunicó cómo los israelitas podrían ser salvos mediante la muerte de un cordero. Él ordenó a cada hombre tomar un cordero para su familia. El cordero tenía que ser macho, un animal perfecto, de un año de edad. Ellos tenían que guardarlo por dos semanas para asegurarse de que era realmente perfecto. Luego tenían que sacrificarlo a la puesta del sol, Éxodo 12:3-6.

Este cordero es un hermoso cuadro de Cristo. Todos los hombres, en toda parte, son pecadores y merecen ser castigados por Dios con la muerte. Pero Dios ha preparado un camino de salvación. El Señor Jesucristo es llamado el Cordero de Dios, Juan 1:29 y él murió en lugar nuestro. Los corderos que murieron en Egipto son una figura del Señor Jesús que murió por nosotros en la cruz.

Los corderos de Egipto debían ser perfectos. El Señor Jesús es perfecto, sin mancha ni defecto; 1 Pedro 1:19; 2:22. Él no merecía la muerte, pero murió por nosotros, pecadores, para llevarnos a Dios, 1 Pedro 3:18.

Un cordero fue sacrificado en lugar de cada familia de Israel, pero Dios no hizo diferencia entre estos corderos. El los vio a todos como un cordero, Éxodo 12:3-5. Todos ellos fueron una figura de aquel único cordero, el Señor Jesucristo.

Dios ordenó a los israelitas tomar la sangre del cordero sacrificado y pintar con ella el dintel de la puerta, Éxodo 12:7. Él dijo que la sangre señalaría en cuáles casas vivían los israelitas. Él pasaría de largo por estas casas y no destruiría al primogénito cuando pasara para juzgar a la tierra de Egip­to, vs. 13.

Los israelitas creyeron en la palabra de Dios. Sacrificaron el cordero y pusieron su sangre en la puerta. Ellos per­manecieron en sus casas para comer la carne asada del cor­dero, tal como Dios lo había ordenado; ellos comieron de prisa, todos vestidos y listos para emprender el viaje fuera de Egipto.

A la medianoche, Dios mató a todo primogénito en las casas de Egipto que no tenían sangre en la puerta, Éxodo 12:29. Aún el primogénito del faraón murió. Pero Dios pasó sobre cada casa con sangre y no destruyó al primogénito que estaba dentro. Él recibió la sangre del cordero como paga del pecado de las personas que estaban en la casa y ellos vivieron porque el cordero había muerto en su lugar.

El Señor Jesucristo murió en nuestro lugar. Somos salvos y recibimos vida eterna cuando creemos que él murió y de­rramó su sangre por nosotros. Somos libres por el costoso sacrificio de Cristo, 1 Pedro 1:18,19.

por W.A. Deans

Amo a Jehová

Las bendiciones

Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas. Salmo 116.1

Por sorprendente que nos parezca, ningún otro santo del Antiguo Testamento ha dejado registrada una exclamación tan personal y explícita de su amor por el Señor como ésta de parte de David. Aseguradamente no ascendió al corazón de Dios ninguna nota más agradable que la de uno que fue conocido como “el dulce cantor de Israel”, 2 Samuel 23.1.

El Señor Jesús anhelaba oír semejante confesión espontánea de los labios de Pedro, por ejemplo, pero espera tal cosa de ese discípulo amado fue (para usar la expresión de otro) como intentar sacar el colmillo de un tigre. El Señor le preguntó: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? [apagë, un amor profundo]”.  La respuesta fue: “Sí, Señor, tú sabes que te amo [phileo, te tengo afecto]”.

El corazón de David se encuentra inundado de gratitud por todo el trato de Dios para con él en gracia. En una ocasión de gran angustia sus súplicas fueron contestadas abundantemente y Dios le había tratado con gran favor. El lenguaje del Salmo 116 es intensamente personal. El escritor había vivido experiencias que dejaron huellas en su alma, y su propósito ahora es vivir por Dios.

Su ejercicio en la oración se ha fortalecido porque Dios le escuchó. Está resuelto a ordenar bien sus pasos, consciente de estar en la presencia de Dios. El tomará la copa de la salvación y se apropiará de la plenitud de la gracia divina. Dos veces dice que pagará sus votos — versículos 14 y 18 — y cuando uno calcula cuánto de sus bienes él apartó para la construcción de la casa de Dios, se da cuenta de que cumplió su promesa solemne.

El asume el lugar de un siervo dispuesto a hacer cualquier cosa que Dios le ordene, y de un adorador que ofrecerá el sacrificio de gratitud, no limitándose a simplemente decir cosas que nada le costarían. Y así sus pensamientos se dirigen al centro de reunión que Jehová tenía para su pueblo, los mismos atrios de Dios; el salmo termina con el gran, eterno coro: “¡Aleluya!”

El amor de Dios por su pueblo se expresa repetidas veces en el Antiguo Testamento. Por ejemplo:

Ø  Aun amó a su pueblo …, Deuteronomio 33.3

Ø  Con amor eterno te he amado, Jeremías 31.3

Ø  Yo os he amado, dice Jehová, Malaquías 1.2

Con razón, El esperaba que ellos le amaran a él: “¿Qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma …?” Deuteronomio 10.12. Pero en todo esto Israel fracasó miserablemente, y Dios como Esposo tuvo que renunciarlos.

La historia se repite, y la acusación penetrante que la Cabeza exaltada lanza a su Iglesia se expresa en su mensaje a Efeso: “Tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. La infiltración del mundo estaba alejando el amor de esa asamblea de su Amado, y nuestro Señor había predicho que ése sería uno de los males del fin de la época que rápidamente se acerca: “El amor de muchos se enfriará”, Mateo 24.12.

El Benévolo

Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Salmo 18.1

Veamos brevemente otra declaración de David sobre su amor para con Jehová. Los primeros versículos del Salmo 18 revelan un motivo más profundo por su amor que encontramos en el salmo que acabamos de considerar. Ahora él no se ocupa tanto con las bendiciones como con quien se las da. David encuentra ocho estriberones que conducen al corazón mismo de Dios:

fortaleza mía Dios mío roca mía mi escudo castillo mío la fuerza mi libertador alto refugio

Esto sí es tomar para uno mismo lo que nos quiere dar. ¡Cuán infinitos los recursos que David encontró en Dios! El suyo no fue ningún amor secreto, sino un verdadero bramar por las corrientes de las aguas, como lo expresa el Salmo 42.

Bien nos preguntaríamos cómo podemos manifestar el amor que tenemos para con el Señor. Vamos a sugerir varias maneras:

Devoción a él mismo David contaba con amigos íntimos que estaban dispuestos a morir por él. Tal vez no se nos pida esto, pero nuestra devoción sí será sujeta a prueba en la medida en que estemos dispuestos a sufrir reproche por su nombre. El mismo dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

Amor para su pueblo Quien le ama a él, busca a los suyos”. Servíos por amor los unos a los otros”, Gálatas 5.13.

Lealtad a su Palabra Él nos ha dejado un legado abundante, las Escrituras. Si las guardamos en nuestro corazón, ellas nos guardarán del pecado y nos separarán del mundo que le aborrece a él.

Amor por el lugar de su nombre “Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria”, Salmo 26.8.

Fidelidad a su obra Pablo describió esa obra como “el trabajo de vuestro amor”, 1 Tesalonicenses 1.3, y el motivo supremo detrás del trabajo que él realizaba fue, “El amor de Cristo nos constriñe”, 2 Corintios 5.14. Es esto que valdrá ante el tribunal de Cristo. Posiblemente las circunstancias les impiden a algunos servir en actividades evangelísticas como ellos desearían; pero donde hay amor genuino éste se manifestará en lo que damos, si no en lo que hacemos.

Anhelo por su venida Seamos de “todos los que aman su venida”, 2 Timoteo 4.8.

Y, en resumen: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”, 1 Juan 3.18.

 Santiago Saword

MUJERES DE FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO (8)

 


8.María, la hermana de Moisés

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”. (1 Pedro 5.5)

La historia de la hermana de Moisés está en Éxodo 2.1-11, 15.21, Números 12.1-15 y 20.1.


Hemos leído de la familia de Jocabed, su esposo Amram, sus hijos Aarón y Moisés y su hija María. Aquella muchacha astuta ofreció buscar una nodriza de las hebreas para criar al niño que la princesa iba a adoptar y así fue cumplida la voluntad divina. Moisés fue criado en el temor del Señor, escogió sufrir con el pueblo de Dios y fue líder de la nación de Israel. ¡Cuánta sabiduría y cautela mostró aquella jovencita!

Transcurrieron unos años y Dios mostró su poder haciendo milagros a favor de su pueblo. Los israelitas fueron librados de la esclavitud de Egipto y sus enemigos fueron destruidos. “Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová”. Así como Moisés los había guiado en sus peregrinaciones y también en su adoración, María, una líder natural, guió a las mujeres en sus acciones de gracias.

“María la profetisa” es llamada, la primera mujer a la que la Biblia honra concediéndole ese título de profetisa. Parece que permaneció soltera en un tiempo cuando las solteras gozaban de poca importancia en la sociedad. Tiene que haber vivido en comunión con su Señor, recibiendo sus mensajes y enseñándole al pueblo su voluntad; María se dedicó al servicio de Él y de su pueblo.

Pero un triste día sucedió algo deshonroso en la vida de María.

Leemos la historia en Números 12. Por siete días estuvo María, ya le acercaba algún extraño lo único que podía decir era “inmunda, inmunda”.

Tal vez, reflexionando sobre la bondad y severidad de Dios, María se acordaba del pasado, cuando le habló a la princesa egipcia para el bien de su hermanito. Años después a la orilla del Mar Rojo su lengua fue empleada para dirigir el cántico de las mujeres en alabanza a Dios. María fue una portavoz del Señor, una profetisa. Pero, ¿cómo fue posible que unos días atrás aquella mujer y su hermano Aarón hablaran contra su hermano Moisés, el líder del pueblo de Israel?

Es probable que lo de la mujer etíope con quien Moisés se casó fue solamente una excusa para expresar su envidia y María había guardado pensamientos amargos por mucho tiempo antes de que su hermano se casara con esa mujer. Si hubiera pensado en la carga que llevaba Moisés guiando a ese pueblo rebelde por el desierto, tal vez no habría sentido celos de él.

Su hermano Aarón se mostró débil en el asunto del becerro de oro (Éxodo 32) y para ella no fue difícil instigarlo a criticar a Moisés. Se dieron cuenta de que él era más prominente que ellos, y sintiendo celos, preguntaron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Dios? ¿No ha hablado también por nosotros?”

¡Pero lo oyó Dios! Y como consecuencia, el Señor convocó una reunión de los tres implicados. Hizo a María y a Aarón recordar que El había escogido a Moisés de una manera única y que le hablaba a él directamente porque Moisés había sido fiel en todo. “¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?”, preguntó el Dios Omnisciente y, enojado, se apartó de ellos. Como castigo por su pecado, María se volvió leprosa.

Fijémonos en Deuteronomio 24.9: “Acuérdate de lo que hizo Jehová tu Dios a María en el camino, después que salisteis de Egipto”. Este pasaje habla de la enfermedad de la lepra y muchas personas sufrieron contra su hermano Moisés, el líder del pueblo de Israel.

Algunos piensan que los celos y la crítica son faltas pequeñas, pero la historia de María muestra cuán serio es rebelarse contra un siervo de Dios. La mujer que había codiciado honores fue deshonrada y Dios honró a Moisés con un tributo singular, llamándolo su siervo, fiel en toda su casa, con quien Él hablaba cara a cara.

Con razón Aarón, el sumo sacerdote, confesó que ellos se habían portado mal, pero fue Moisés quien intercedió ante Dios a favor de María. “Moisés era muy manso, más que todos los hombres” y no habló en su propia defensa. Nos hace pensar en Jesucristo, “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición” (1 Pedro 2.23).

Lamentablemente, la actitud de María no solamente le hizo daño a ella, sino también a todo el pueblo de Israel. La nación entera fue detenida hasta que la culpable regresó sana. Pero Dios es misericordioso y “si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1.9). Dios la reunió a su pueblo y los israelitas siguieron la marcha.

No sabemos más nada de María, sino que después de su larga peregrinación murió y fue enterrada en el desierto de Cades. Eso ocurrió un año antes de que el pueblo de Israel llegara a Canaán, la tierra prometida. Ciertamente el Señor siempre juzga con equidad a sus santos y se acuerda de su fiel servicio a pesar de los fracasos. Muchos años después de la muerte de María Dios la honró diciéndole al pueblo de Israel: “Yo te hice subir de la tierra de Egipto y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María” (Miqueas 6.4).

LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES (6)

 


3.1 al 11: En pos de la vida

 


Cuando prosigue sobre “las mismas cosas”, Pablo nos hace ver que tratará el mismo tema de no ocuparse de lo suyo. Había adversarios que buscaban su propio provecho y este empeño dividía a los santos, de manera que hacía falta repetir las advertencias. Los maestros judaizantes querían imponer ritos externos, pero los creyentes son la circuncisión legítima [la disciplina propia], que está caracterizada por la experiencia del santuario y la confianza en Cristo en vez de en la carne.

El apóstol afirmaba, “Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado”, 1 Corintios 2.2. Y: “lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, Gálatas 6.14. Les recordaba a los colosenses, en 2.11,12: “Fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos”.

Aquí en Filipenses 3 Pablo se pone en contraste con los maestros falsos que confiaban en la carne. Él renunciaba su prestigio propio en honor de Cristo. Su dignidad por pacto, nación, tribu, raza, ceremonia, religión y moral: todo esto estimaba como ventajoso antes de ser salvo, pero en la carrera cristiana lo descarta como cosa sin valor. Cristo había cautivado su corazón y por esto Cristo era su meta.

“A fin de conocerle”, a saber, a Cristo en su resurrección, porque sólo en él el corazón se satisface de un todo. Pablo deseaba ocuparse enteramente del Señor. La madurez espiritual se produce sólo por un conocimiento presente, personal y práctico de Cristo. “El poder de su resurrección” es la fuerza que emana de Cristo en su resurrección, un poder que proporciona la victoria en el conflicto cristiano y produce una vida de santidad y piedad.

“La participación de sus sufrimientos” le permite a uno entrar en el reproche y rechazo que el Señor sintió. “Por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”, 2 Corintios 12.10. “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio”, Hebreos 13.13.

Sufrimos así por causa de la justicia y por cumplir con la voluntad de Dios. “Si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois”, 1 Pedro 2.12 al 23, 3.14.

La consecuencia es “ser semejante a él en su muerte”. Aun cuando Pablo estaba dispuesto a morir como mártir, nos parece que la idea aquí es más bien la de morir al pecado. “En cuanto [Cristo] murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado”. De esta manera, seremos una bendición a los demás.

“Si en alguna manera [yo] llegase a la resurrección de entre los muertos”. No es que Pablo dudaba, sino que manifiesta un ardiente deseo por una experiencia presente de vivir como uno que ha sido resucitado con Cristo. Su afán era alcanzar una condición que otros vieran en él un hombre celestial que vivía aún en la tierra.

sábado, 16 de julio de 2022

El dinero habla … ¿Qué dice?


 “El dinero habla” es simplemente una versión moderna del antiguo proverbio: “El dinero sirve para todo” (Eclesiastés 10.19). Es el lenguaje internacional. ¿Sabes algo de japonés? ¿No? Pero conoces la palabra “yen”. ¿Y hebreo? Todos reconocemos la palabra “shekel”. Lo mismo pasa con “peso”, “euro" y “dollar”. Los viajeros que no pueden comunicarse por medio del dialecto local, simplemente tienen que alargar sus carteras... he instantáneamente, ¡todo el mundo comprende!

El dinero habla, pero ¿qué dice? El rey Salomón fue la persona que más dinero tenía para escucharlo hablar, y esto es lo que él oyó:

1. El dinero no puede evitar que el “gran evento” suceda. Aunque el sabio va a la muerte con los ojos abiertos y el necio se hunde en la oscuridad, el último enemigo es insobornable. “Un mismo suceso acontecerá al uno como al otro” (Eclesiastés 2:14). El dinero habla elocuentemente en la sala de juntas, es adulador en el banquete, pero mudo en el lecho de muerte.

2. El dinero no puede acompañarnos en nuestro viaje final (1 Timoteo 6.7). Dejamos el mundo con las mismas posesiones que cuando llegamos (Eclesiastés 5.15). Y así es trágicamente posible ser sabio para este mundo, pero necio para la eternidad.

3. Cuanto más dinero tengas, más importancia parece tener. Si el dinero va tomando más y más lugar en mi vida, entonces a esta misma medida él va expulsando gozo, amor y contentamiento de mi vida. El dinero hace un buen siervo, ¡pero un maestro cruel!

El hombre que “lo tenía todo” declaró: “todo es vanidad”. Luego, ¿es malo el dinero? Pues, lo necesitamos para funcionar. ¿Es malo vivir para el dinero? Claro que sí. Es la manera más segura de convertirse en uno que vive en la pobreza espiritual. Escucha a tu dinero y verás.

Un refrán dice: “Cuando el dinero habla, la verdad calla”, porque el dinero ha interferido muchas veces con la verdad, aun en las iglesias.

Jesucristo preguntó: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8.36). ¿Quieres ser realmente rico?  “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.23). (En esto Pensad: http://asambleabetel.blogspot.com/2022/04/)