miércoles, 5 de agosto de 2015

Meditación.

“Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto” (1 Samuel 28:10).


En los primeros años de su reinado, Saúl había decretado que todos los adivinos y espiritistas debían ser cortados de la tierra. Pero más tarde las cosas fueron de mal en peor en su vida personal y pública. Después de la muerte de Samuel, los filisteos se concentraron contra el ejército de Saúl en Gilboa. Cuando ya no recibió palabra del Señor, consultó a una adivina de Endor quien le recordó con temor que él había ordenado matar a todos los adivinos de la tierra. Fue entonces que Saúl la tranquilizó diciéndole: “Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto” (1 Samuel 28:10).
La lección es clara: la gente tiende a obedecer al Señor solamente cuando le conviene. Cuando ya no le viene bien siempre inventa historias para hacer lo que quiere.
¿Dije “la gente”? Quizás debí decir “nosotros”. Todos nosotros tendemos a evadir las Escrituras, torcerlas o a encontrar interpretaciones “convincentes” cuan-do no queremos obedecer.
Por ejemplo, hay algunas instrucciones evidentes tocantes al papel de la mujer en la iglesia. Pero éstas parecen entrar en conflicto con el movimiento feminista actual.
¿Y qué hacemos? Decimos que esos mandamientos estaban basados en la cultura de aquellos días y no se aplican a nosotros hoy. Naturalmente, una vez que admitimos ese principio, podemos deshacernos de casi todo el contenido de la Biblia.
Algunas veces nos encontramos con algunas declaraciones firmes del Señor Jesús respecto a los términos del discipulado. Si sentimos que demandan demasiado de nosotros, que vamos a tener que cambiar algo en nuestras vidas que nos va a costar, decimos: “Jesús no quería decir que debemos hacerlo, sino solamente que deberíamos estar dispuestos a hacerlo”. Nos engañamos pensando que estamos dispuestos, cuando no tenemos ninguna intención de hacerlo.
Podemos ser muy firmes demandando que los ofensores sean disciplinados de acuerdo a las austeras demandas de la Palabra, pero cuando el ofensor resulta ser nuestro pariente o amigo, insistimos en que las demandas se aflojen o se pasen por alto por completo.
Otra trampa en la que caemos es la de clasificar los mandamientos de la Escritura como “importantes” o “no importantes”. Aquellos en la categoría de “no importantes” pueden dejarse de lado, o al menos eso es lo que nos decimos a nosotros mismos.

Lo que realmente estamos haciendo con todos estos falsos razonamientos, es luchar con las Escrituras para nuestra propia destrucción. Dios desea que obedezcamos a Su Palabra, si nos viene bien o no. ése es el camino a la bendición.

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