miércoles, 5 de agosto de 2015

La Adopción

1) DEFINICION
El diccionario dice: adopción es recibir como hijo, con las formalidades legales, al que no lo es naturalmente. Por lo tanto se refiere a una persona ajena a la familia que se incorpora en una nueva relación, como un hijo en ella.
La adopción que enseña el Nuevo Testamen­to tiene características muy diferentes.
Expresa un acto divino mediante el cual, una persona es recibida en su posición de hijo responsable para vivir plenamente su vida espiritual.
Para ello, debió nacer de nuevo por obra del Espíritu (Jn. 3:5). Es adoptada en ese momento espiritual y aceptada por el Padre como un hijo adulto. Todos los que creen en el Señor Jesu­cristo son hechos hijos de Dios (Jn. 1:12). El ser regenerado no pasa por etapas como la niñez, o la adolescencia. Desde su nacimiento espiritual es un hijo adulto.
Desde el nuevo nacimiento el creyente hace voluntariamente lo que antes debió realizar por temor al ayo, esto es la ley (Gal 3:24,26).
La adopción es una bendición que constituye la nueva relación con y hacia Dios. En el presente se recibe la adopción de hijo y, en el futuro, esta se completará con la redención del cuerpo (Rom. 8:23).

2) LA POSICION DE HIJOS DE DIOS.
La relación que Adán tenía con Dios antes de pecar se modificó con la caída.
El pecado produjo un cambio sustancial y, en conclusión, no existe la paternidad universal de Dios y no todos los hombres son hijos de Dios.
El Señor les dijo a los judíos: "vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer" (Jn. 8:42,44). Para ser hijo de Dios es necesario ser redimido por Cristo Jesús.
La nueva posición es el resultado del cambio de naturaleza por la regeneración y el estado de paz con Dios por la justificación.
Todos los seres humanos tienen la posibili­dad de ser hijos de Dios, y El desea que todos lleguen a serlo. Pero, para que se cumpla este anhelo del Eterno, cada persona debe arre­pentirse de sus pecados y creer en el Salvador. Esto es por gracia, por medio de la fe; es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe (Ef. 2:8,10).
La nueva posición de hijo establece una re­lación diferente con Dios. Esto implica que los hijos poseen rasgos morales y espirituales similares a los de su Padre: "sed pues imitadores de Dios como hijos amados, y andad en amor, como también Cristo nos amó". "En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz" (Ef. 5:1,8).
Además, la Palabra nos enseña una verdad gloriosa que ninguna persona o medio humano podría conceder. Solo la voluntad de Dios pro­duce este milagro. "Cuando vino el cumplimien­to del tiempo, Dios envió a su Hijo" "a fin de que recibiésemos la adopción de hijos, y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gal. 4:4,6).
Esta es una experiencia subjetiva, personal. Este clamor significa la comprensión de la nueva posición, y la obra del Espíritu en nosotros produce un sentimiento filial genuino. Dios no es un ser distante y terrible, sino, un amoroso Padre que comprende y ayuda a sus hijos.

3) LOS PRIVILEGIOS DE LOS HIJOS DE DIOS
La Palabra nos instruye sobre los privilegios que tienen los hijos de Dios, y que detallamos:
a) ENTRADA A LA PRESENCIA DE DIOS
No se recibe el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor sino el espíritu de adopción para clamar ¡Abba, Padre!, y el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Rom. 8:15, 16).
En Gálatas el clamor es del Espíritu y, en romanos "clamamos" nosotros. En esta unidad y clamor conjunto, el creyente revestido de la justicia del Hijo de Dios y hecho agradable al Padre por los méritos del Amado, goza de un acceso, sin tutelas, para adorar en espíritu y en verdad, recibiendo nuevas fuerzas para una filial obediencia. El Espíritu nos inspira la confianza necesaria para invocar a Dios en todas las cir­cunstancias de la vida.
El Salvador resucitado, después de comple­tar su obra, resalta la posición admirable de los hijos de Dios, cuando le dijo a María "ve a mis hermanos, y diles: subo a mi Padre y a vuestro padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Jn. 20:17).
El, "Gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos" que" se compadece de nuestras debili­dades" nos garantiza que podemos acercarnos" confiadamente al trono de la gracia, para alcan­zar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."(Heb. 4:14,16)
b) GOZAR DEL ESPIRITU DE SU HIJO
Cuando el Señor les dijo a los suyos "voy, pues, a preparar lugar para vosotros" (Jn.14:2) también les prometió: y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre" y "estará en vosotros" (Jn. 14:16,17).
El Parakletos es uno llamado al lado de otro para ayudarlo. Consuela y fortalece, guía e ilumina a los adoptados. Les recuerda perma­nentemente la relación con el Padre, a fin de que ellos, se apropien por la fe de todas las promesas, y se afirmen en las evidencias de la adopción.
En esas maravillosas promesas les dice: "Mi­rad cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios" (1 Jn. 3:1).
c)  SON LLAMADOS POR CRISTO HERMANOS
Toda la metamorfosis de la adopción neo testamentaria es por medio del Señor y, la paternidad de Dios es inseparable de la fraternidad con su Hijo.
La Palabra enseña "el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarnos hermanos "anunciaré a mis hermanos tu nombre" (Heb. 2:11,13).
Otra vez señala: "por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote" (Heb. 2:17).
Es el Hijo Eterno que hecho "un poco menor que los ángeles" comparte las flaquezas de sus hermanos para quebrantar la potencia de Satanás, expiar sus pecados, siendo poderoso para so­correr a los que son tentados. (Heb.2:9, 18)
d) TIENEN LA PROTECCION DEL PADRE
El bondadoso Padre tiene todas las cosas bajo su dominio, por tanto, "sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados". (Rom.8:28)
Por lo cual, escribe el Apóstol," estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor Nuestro. (Rom. 8:37, 39)
e)  RECIBEN LA DISCIPLINA PATERNAL
El Padre hace todas las cosas bien, por esto, el castigo forma parte de la escuela divina, y disciplina a sus hijos para provecho a fin de que ellos participen en su santidad. (Heb. 12:10)
Ella tiene como objetivo un beneficio espiri­tual. No se debe olvidar la exhortación que como a hijos dirige: "hijo mío no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayéis cuando eres reprendido por El, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo". (Heb. 12:5, 6).
f)  DECLARADOS HEREDEROS
En la Palabra de Dios leemos enfáticamente: "Y si hijos, también herederos,- herederos de Dios y coherederos con Cristo: si empero padece­mos juntamente con El, para que juntamente con El seamos glorificados" (Rom. 8:17)
Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el cual según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vo­sotros," (1Ped. 1:3,4)
¿Qué más? No alcanzará el tiempo nuestro en la tierra para apreciar todo el significado de la adopción. Se necesitará la eternidad para com­prender, comprobar y gozar de este último pri­vilegio de la adopción, mientras contemplamos las glorias del Amado hijo. A Él sea la honra y el honor por los siglos de los siglos. Amén.
Campo Misionero, diciembre 1991.

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