viernes, 27 de marzo de 2026

Cristo entregado

 

El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, Mateo 17.22.

Veamos cinco motivos por la entrega:


1. Judas entregó a Cristo por treinta piezas de plata a causa de su codicia; véase Mateo 27.3,4.

El terrible pecado de la codicia tuvo su principio en el Edén, cuando Eva codició el fruto del árbol prohibido para alcanzar la sabiduría; Génesis 3.6. ¡Cuán funestas fueron las consecuencias! Ella se rebeló contra su Creador y llevó a su marido consigo a la ruina espiritual. En su desarrollo la codicia engendra la avaricia, uno de los seis pecados mayores que se nombran en 1 Corintios 5.11 que exigen la excomulgación del culpable.

La codicia alcanzó su mayor proporción cuando Judas traicionó al Salvador en manos de sus enemigos. Cristo pronunció su maldición sobre Judas, diciendo: “¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado!” Mateo 26.24. Le llamó “el hijo de perdición”.

El apóstol Pablo denuncia el amor al dinero, diciendo: “Las muchas codicias necias y dañosas hunden a los hombres en destrucción y perdición”, 1 Timoteo 6.9. La codicia es responsable por más crímenes que cualquier otro mal.

2. El motivo por el cual el concilio entregó a Cristo en manos de Pilato fue la envidia; véase Mateo 27.18.

La envidia motivó el primer crimen fuera del Edén, cuando Caín mató a su hermano Abel. En Proverbios 14.30 leemos que la envidia es carcoma, o podredumbre, de los huesos. Hace sus funestos estragos entre jóvenes y ancianos, sea en la familia, entre amigos o en la asamblea.

El colmo fue cuando los mismos judíos, gente de los más elevados privilegios, fueron cegados por la envidia a tal extremo que demandaron la destrucción por crucifixión de su verdadero Mesías. Ese acto les costó la destrucción total de su ciudad y templo además de la matanza despiadada de tantos de ellos y de sus hijos. Debemos orar y velar para que no seamos tentados así.

3. El motivo de Poncio Pilato al entregar a Jesús fue la conveniencia.

El no tuvo valor en sus convicciones. Pilato sofocó la voz de su conciencia, sometiéndose al clamor popular. En Hechos 4.27 su nombre aparece después del de Herodes en las filas de los que se opusieron a nuestro Señor. ¡Infeliz hombre con su decisión fatal! Muchos son los que buscan la salida más conveniente, aunque esté en pugna con su conciencia y su convicción.

Pilato se lavó las manos en agua, diciendo: “Inocente soy yo de la sangre de este justo”. Enseguida azotó a Jesús y le entregó para ser crucificado; Mateo 27.24,26. Fue el primero en sacar la sangre, y el responsable por todo lo que nuestro amado Salvador tuvo que sufrir. Se ve el peligro de apagar la voz de nuestra conciencia y actuar contra nuestras convicciones, sea por complacer a otro o por miedo de sufrir oprobio.

Habiendo notado el lado humano, consideraremos ahora el lado divino en la entrega del Señor Jesucristo a la muerte.

4. El motivo divino fue el amor.

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo”. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo”, 1 Juan 4.9. En Hechos 2.23 leemos que Cristo fue entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios.

Según Romanos 8.32 el Padre no escatimó a su propio Hijo, sino que le entregó por todos nosotros. El mismo versículo nos indica que su objeto fue el de darnos todas las cosas con Cristo. Este amor de Dios en su inmensidad ha sido derramado en nuestros corazones por su Espíritu que nos ha sido dado.

¿Cuál debe ser la reacción nuestra a un amor tan inmerecido, inagotable, más ancho que el mar y más alto que el cielo? Debemos amarle con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; Lucas 10.27.

5. El amor infinito fue también el motivo por el cual el Señor Jesucristo se entregó a sí mismo a la horrenda muerte de cruz. Dice el apóstol en Gálatas 2.20: “... el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

El amor de Cristo es la potencia mayor en la vida cristiana. Pablo pudo decir que el amor de Cristo nos constriñe. Este motivo fue el secreto de la devoción dinámica y el servicio incansable de aquel ilustre esclavo de Jesucristo. Produjo en él la carrera más admirable en toda la historia cristiana.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”, dijo el Señor. Si queremos descubrir en qué medida hemos alcanzado este objetivo, consultemos 1 Corintios 13. La asamblea de Éfeso dejó su primer amor. Demas abandonó al apóstol en Roma porque había cambiado el amor de Cristo por el amor al mundo. ¡Qué negocio tan fatal!

Santiago Saword

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