viernes, 27 de marzo de 2026

LEYENDO DIA A DIA 2 CORINTIOS (3)

 capítulo 2 Los triunfos del amor de Cristo


Pablo había sido consecuente. Su meta era la felicidad de los santos, y quería evitar una visita a Corinto que conllevaría una reprensión que les provocaría angustia, ya que empleaba la severidad y la reprensión con moderación. Si reprendemos mucho más que alabamos, nuestra severidad pierde efecto, siendo descontada la reprimenda por su frecuencia. Al reprender, Pablo lo hacía con amor, v. 4, y la única reprimenda eficaz es la que se da junto con un abrazo amoroso.

Ellos habían procedido a disciplinar después de la carta anterior, pero ahora eran culpables de una severidad excesiva. La disciplina había sido realizada con miras a la restauración del ofensor, y ahora debían manifestar una disposición a perdonar. El cristiano debe estar siempre dispuesto a perdonar, así como ha sido perdonado por Dios. Había dos peligros. Por un lado, una severidad exagerada podría sucumbir al ofensor en desespero, v. 7, o por otro lado Satanás podría aprovecharse de ella como oportunidad para ahuyentarle de la comunión de los santos, v. 11.

En Troas Pablo tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su carrera. ¿Servir a los pecadores o a los santos? ¿La salvación de almas o los intereses de una iglesia carnal? El suyo era un ministerio doble: (i) el evangelio … del cual yo Pablo fui hecho ministro; y (ii) fui hecho ministro … para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, Colosenses 1.23 al 25. Él se marchó de Troas, y las oportunidades que presentaba, para atender a las necesidades de la asamblea de Corinto. En ese momento, era más importante impedir que le deshonren personas que eran llamadas por el nombre de Cristo que traer al conocimiento de Cristo personas que no le habían recibido.

Tito le había traído noticias de otro triunfo del amor de Cristo en Corinto y Pablo daba gracias a Aquel que siempre lleva en victoria. La metáfora del v. 14 se deriva de los generales victoriosos de Roma. El Conquistador Todopoderoso estaba llevando a Pablo por la vuelta del mundo como ejemplo ilustre de su poder para subyugar y salvar. El enemigo de Cristo era ahora el siervo de Cristo. Estaba en una marcha triunfal, no meramente como uno que había sido conquistado, sino como uno que estaba triunfando con Dios.

Los mismos predicadores apostólicos se presentan como un olor, su personalidad fragante con Cristo, su mensaje muy agradable para Dios. Le eran de un todo aceptables a Dios, aun cuando algunos de sus oyentes estaban rumbo a la destrucción mientras otros se salvaban, vv 15,16.

B.Osborne

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