miércoles, 5 de septiembre de 2018

EL CRISTIANO VERDADERO (Parte IX)



En la Palabra de Dios, la vida espiritual es comparada con la vida física, y ambas tienen que sostenerse en forma similar, por medio de una nutrición correcta y cuidadosa. La nueva vida nos fue impartida en un nuevo nacimiento cuando aceptamos al Salvador. Si a un niño recién nacido se lo dejara sin alimentos ni cuidados adecuados, ¿podríamos esperar que creciera y se desarrollara? De la misma manera, la vida espiritual, es decir la vida cristiana, debe ser cuidada y alimentada ¿correctamente a fin de que prospere y crezca. Llegar a ser cristiano, es asunto de nacimiento (el nuevo nacimiento); ser cristiano ya es cuestión de crecimiento. Pedro exhorta: “Creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3: 18).
Toda vida depende, para su crecimiento, de los alimentos. Dios en su sabiduría y gracia ha proveído abundantemente para la alimentación y cuidado de nuestra vida espiritual. Dicha alimentación es su Palabra, la Santa Biblia. Ella contiene una dieta bien equilibrada para nuestra alma, y abastece de todas las vitaminas espirituales necesarias para la sa­lud y el crecimiento. Provee leche pura, dulce miel, pan, vino, el agua de vida, viandas firmes y toda clase de ricos frutos. (Todas estas comparaciones las emplea la Biblia misma al hablar de su contenido).
El cristiano que alimenta su alma diariamente o varias veces por día con la Palabra de Dios, de la misma manera en que alimenta su cuerpo con alimentos físicos, será un hijo de Dios fuerte y sano. Puedes ser un gigante espiritual en lugar de ser un pobre enclenque. Pero sin esta dieta diaria, ningún cristiano puede ser fuerte.
Lee tu Biblia. Léela con diligencia y sinceridad, buscando comprender sus verdades y asimilar sus bendiciones. La lec­tura descuidada no te será de mucha ayuda. Si los hombres leyeran sus libros escolares con el descuido y la indiferencia que leen la Biblia, no adelantaría mucho su instrucción. Por otra parte, si el hombre leyera la Biblia con la misma di­ligencia que lee sus libros de texto, encontraría que la mayor parte de la Palabra de Dios le resultaría comprensible. La gente a menudo se queja de que no entiende la Biblia, cuando tal vez la verdad es que no ha procurado entenderla. Cual­quier cristiano que se ponga a leer cuidadosamente todo el Nuevo Testamento, comenzando por Mateo, ha de encontrar con gran asombro cuan comprensible le resulta la Biblia. Y a medida que lee y absorbe sus verdades, bíblicas, encontrará que su vida espiritual recibe alimento y nutrición. Dirígete a la Biblia con la intención y propósito de entenderla, y la has de entender.
Una versión moderna de la Biblia es de mucha ayuda para comprender mejor las Escrituras. En castellano existen el Nuevo Testamento, Versión Hispanoamericana, y la tra­ducción de la Biblia hecha por H. B. Pratt (la llamada Versión Moderna).
Lee tu Biblia en forma regular y sistemática. No basta ni produce satisfacción la lectura esporádica o hecha al azar. Todos los días debes dedicar una hora fija a la lectura de la Biblia. Lo mejor es leer en combinación con tu hora de oración, y posiblemente sea lo más recomendable leer antes de orar. Como mínimo irreductible, debes dedicar quince mi­nutos diariamente a la lectura de la Biblia. Menos no bas­tará para sostener la vida espiritual de ningún cristiano. Nuestra meta diaria debe ser dos períodos de quince minutos cada uno. Muchos cristianos pasan una hora por día en el estudio de la Biblia.
Por ocupado que estés, nunca puedes estar demasiado ocupado para alimentar el alma. ¿No resulta trágico ver a un hombre que está tan ocupado ganándose la vida que no halla tiempo para comer? Por supuesto que pocas veces se presenta el caso. Pero con frecuencia nos encontramos con cristianos que están tan ocupados ganándose la vida física, que están matando de hambre su vida cristiana. ¿Verdad que es una tragedia? Si quieres ser un cristiano verdadero, sé un cristiano bíblico y lee con regularidad la Palabra de Dios.
En la oración hablamos con Dios. En la Biblia, Dios habla con nosotros. El Dr. Torrey ha dicho: “Un día cualquiera que pasa sin que hayamos estudiado fielmente la Biblia, es un día cuyas puertas se han abierto de par en par para dejar que el error y el pecado entren en nuestros corazones y en nuestras vidas”. Es aquí donde muchos comienzan a vacilar, para luego caer.
Lee la Biblia con obediencia. No hay nada que nos lleve a entender tanto la Biblia como el propósito de obedecerla. Nadie puede comprender en forma apreciable las Escrituras si no está dispuesto a obedecer sus mandatos. Sin duda es por ello por lo que muchos no la entienden. El Señor Jesús dijo: “El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina” (Juan 7: 17). Es asombroso ver con cuánta rapidez se pierde el gusto por la lectura bíblica y cuán pronto la mente ya no puede seguir sus enseñanzas, cuando ha existido una desobediencia abierta frente a sus mandatos. La obediencia en verdades que uno puede ver y entender, lo preparan para ver y entender otras verdades. Desobedecer una verdad comprendida, es oscurecer la mente y el corazón a todas las verdades. Muchos han tenido esta triste experiencia. Procura cultivar una obediencia pronta, completa, feliz y sin discu­sión, frente a todos los mandatos del Libro que con claridad se refieren a ti, y has de descubrir que cada mandato es una señal indicadora que te ha de llevar a mayores verdades y bendiciones. A un amigo que dejó profundas y benéficas huellas en mi vida le oí decir una vez: “Hace años que tomé la resolución de que, a medida que iba leyendo la Biblia, por la gracia de Dios trataría de hacer todo lo que ella me mandara". Esas palabras inmediatamente me hicieron ver cuál era el secreto de su poder espiritual y de su vida parecida a la de Cristo. Ha permitido que la Palabra de Dios cumpla sus propósitos en su corazón.

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