1. Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo. Hebreos 1:1–2
Nuestro Dios es el Comunicador por
excelencia, y su Palabra siempre es poderosa, eficaz y maravillosa. El Hijo de
Dios creó todas las cosas (v. 2) y las mantiene constantemente
mediante la palabra de su poder (v. 3). Dios creó y sostiene todas
las cosas a través del Hijo. Juan 1 nos presenta al Verbo como el Creador y
Sustentador, y también revela el misterio insondable de la encarnación. Cuando
Jesús fue concebido en el vientre de María y luego nació, “aquel Verbo fue
hecho carne, y habitó entre nosotros” (Jn 1:14). Ya sea como un pequeño
Niño en el pesebre, o como un Niño en el templo o como aquel que fue “obediente
hasta la muerte”, él siempre fue y será “en forma de Dios” (Fil. 2:5–11).
Dios ha hablado de muchas maneras
diferentes, utilizando diversos instrumentos. Sin embargo, en el momento
adecuado, habló directamente por el Hijo (v. 2). En el tiempo
antiguo, Dios se comunicaba a través de eventos, símbolos, figuras, profetas y
otras formas, pero cuando “el Verbo fue hecho carne”, Dios comenzó a hablar
directamente, ya no más a través de intermediarios. Ahora Dios habla a través
de Aquel que es Dios, ¡misterio insondable!
En el Antiguo Testamento, tanto el ángel de Jehová como
Jehová mismo hablaban. En los Evangelios, el Señor Jesús, “el cual es Dios
sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Ro. 9:5), habló y reveló
los pensamientos de Dios, pero su pueblo lo rechazó (véase Jn. 1:11).
Luego envió a los doce apóstoles, y después a setenta discípulos, para que
hablaran y actuaran en su nombre (véase Lc. 9 y 10). Después de la cruz,
la muerte y la resurrección, Jesús fue glorificado y ahora habla desde el
cielo (He. 12:25). ¡Es de suma importancia que lo escuchemos!
¡Poderoso
Creador, sustentador de todas las cosas!
Alabado seas, Señor Jesús, por todo lo que existe.
G. W. Frazer
2.
Porque si la palabra dicha por
medio de los ángeles fue firme… ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una
salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el
Señor, nos fue confirmada por los que oyeron. Hebreos
2:2–3
El Antiguo Testamento
relata cómo los ángeles hablaban en nombre de Dios. Después de 4.000 años, el
Hijo, que es Dios mismo, vino a presentar “una salvación tan grande”. Confirmó
su mensaje con numerosas señales, milagros y prodigios, pero su pueblo lo rechazó
y lo crucificó. Sin embargo, al tercer día resucitó de entre los muertos. El
Libro de Hechos nos habla acerca de él, quien fue exaltado a la diestra de Dios
y actuó en esta tierra, primero a través de sus apóstoles Pedro y los que
estaban con él, y más tarde a través de Pablo. El Señor Jesús, desde el cielo,
confirmó su mensaje, permitiendo que realizaran obras de poder y señales que
apuntaban a él. Estas maravillas requerían la atención de todos, ya que el
Señor, en su gloria, trabajaba junto con sus siervos.
Hebreos 2:2–4 describe
tres etapas en el comienzo. (1) Mientras estuvo en la tierra, el Señor Jesús
habló acerca de “una salvación tan grande”. (2) Aquellos que lo escucharon
confirmaron su mensaje a otros. (3) Luego, desde el cielo, el Señor llamó a Saulo
de Tarso (Hch. 9:3), quien formaba parte de la tercera etapa. Saulo no
había estado con el Señor en la tierra ni con aquellos que lo escucharon. Saulo
se convirtió en el apóstol Pablo, quien escribió esta carta a los Hebreos.
En una visión, mientras Pablo estaba en el
templo de Jerusalén, el Señor Jesús le reveló que la nación judía no aceptaría
su testimonio (véase Hch. 22:18), tal como lo hicieron con su Maestro. Sin
embargo, a pesar de esto, Dios, en su gracia, continúa extendiendo su mano
hacia ellos, y lo seguirá haciendo, ya que siempre habrá un remanente en Israel
que acepte su salvación. En un futuro cercano, llegará el momento en que toda
la nación de Israel será salva (véase Ro. 11:5, 26). En ese momento, el
“mundo venidero, acerca del cual estamos hablando”, no estará sujeto a los
ángeles, sino al Hijo del hombre.
3.
Así tampoco Cristo se
glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi
Hijo, yo te he engendrado hoy. Hebreos
5:5
Esta es la octava vez
que el verbo hablar es utilizado en la Epístola a los Hebreos.
En griego, la frase “el que le dijo” se lee literalmente ‘el que había
hablado’. La cita de hoy proviene del Salmo 2:7: “Yo te engendré hoy”. Esta
cita se aplica principalmente al nacimiento de Jesús y a Dios hablándole como
representante de un nuevo orden en el Hombre (véase Lc. 2:10–14). El Salmo
2 también está relacionado con su resurrección, tal como Pablo lo demostró en
Hechos 13:33–35. Además, Hebreos 1 relaciona este mismo pasaje con la futura
introducción del Mesías en el mundo venidero (véase He. 1:5–6).
Aunque no se registra
en las Escrituras, se puede considerar que Dios pudo haber hablado con su Hijo,
siendo el Padre eterno y el Hijo eterno, mientras el Hijo se ofrecía sin mancha
a Dios a través del Espíritu eterno. ¡Dios halló plena complacencia en el Hijo
y en su obra (véase Mt. 17:5; Jn. 19:30)!
Dios le dijo al Hijo:
“Tú eres sacerdote para siempre” (v. 6). El Hijo sirve a los
intereses de Dios como Sacerdote. El término “para siempre” aparece siete veces
en esta epístola, y destaca la satisfacción de Dios en la obra consumada por
Cristo, la cual es suficiente y perfecta.
Además, el Hijo se presenta como un modelo
para una familia de hijos sacerdotales, un tema importante en esta carta. Como
discípulo de Dios en la tierra, Jesús experimentó sufrimiento y aprendió el
significado de la obediencia. Ahora nosotros aprendemos de él. Es asombroso
pensar que Aquel que está por encima del universo fue un discípulo en la
escuela de Dios, aprendiendo lo que significaba obedecer. La Epístola a los
Hebreos está dirigida a los creyentes que sufren persecución y se sienten
desanimados y cansados (v. 11). Aunque podrían haber sido maestros,
necesitaban comenzar de nuevo para disfrutar de las cosas relacionadas con
Cristo en el cielo. El Mesías, quien fue rechazado y glorificado, es suficiente
para los creyentes de ayer y de hoy.
4.
Oh amados, estamos persuadidos
de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. Hebreos
6:9
Este versículo se
encuentra en un pasaje a menudo malinterpretado y que muchas veces se utiliza
para torcer la doctrina cristiana. No obstante, dejemos que sea un estímulo y
un desafío para nosotros. La palabra salvación se menciona
siete veces en Hebreos. Nuestra posición “en Cristo Jesús” denota una salvación
completa, la cual poseemos y gozamos incluso ahora (véase Ef. 2:1–10).
Como creyentes en este mundo, al cual ya no pertenecemos, vamos camino al
cielo, con la plena certeza de que alcanzaremos nuestro destino. Mientras
tanto, estamos expuestos a ataques y amenazas mortales. La salvación de estos
peligros, proporcionada diariamente por Dios, es imprescindible. Además,
anhelamos que el Señor Jesús, como nuestro Salvador, venga a buscarnos y
transforme nuestros cuerpos para que sean semejantes al cuerpo de la
gloria suya (Fil. 3:20–21). Esta salvación se llevará a cabo en el
arrebatamiento de la Iglesia (véase 1 Ts. 4:16–18; 1 Co.
15:51–58).
El autor de esta epístola destaca la
importancia de progresar, algo que solo es factible cuando confiamos en Dios y
nos apoyamos en la obra del Espíritu Santo, mientras que al mismo tiempo nos
sometemos a la Palabra de Dios (véase He. 6:1–3). En este contexto, el
escritor deja en claro que los milagros que Dios había realizado apuntaban al
“mundo venidero, acerca del cual estamos hablando” (He. 2:5). Los
creyentes ya vamos camino a él (He. 6:11). Es imprescindible tener fe en
sus promesas (v. 12) y al mismo tiempo depositar nuestra
confianza en Aquel que está en la gloria—dentro velo (v. 19), donde
“vemos a Jesús” (He. 2:9). La expresión “aunque hablamos así” alude a las
advertencias que el autor dirigió a quienes les dirigió la carta. Estas
advertencias eran necesarias, no para cuestionar su sinceridad o intenciones,
sino para subrayar su responsabilidad de proclamar a Jesús como Señor. Dicha
proclamación podría acarrear persecución, pero también el respaldo del Señor,
pues él es nuestra Esperanza, nuestra Ancla y nuestro Precursor, quien nos
asegura nuestra llegada al cielo (véase He. 6:18–20).
5.
Porque manifiesto es que
nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al
sacerdocio… habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo
el pueblo… Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio… y muerto,
aún habla. Hebreos 7:14; 9:19; 11:4
Moisés, mencionado once
veces en la Epístola a los Hebreos, actuaba como portavoz y legislador,
transmitiendo la palabra de Dios con autoridad. Aunque la Ley indicaba que
Jesús, el Mesías, siendo de la tribu de Judá, no podía ser Sacerdote, Hebreos
demuestra que Jesús sí desempeñó este papel: primero, en la cruz
durante su obra redentora (He. 1:3; 2:17) y luego como
Gran Sumo Sacerdote en el cielo (He. 2:18; 4:14–16; 10:21). Moisés, que no
pudo hablar de estos roles, tuvo la oportunidad de hablar con Jesús en el monte
de la transfiguración acerca de los sufrimientos que él enfrentaría en la
cruz (véase Lc. 9:30–31). En la Epístola a los Hebreos, estos sufrimientos
son mencionados como eventos pasados.
Como legislador, Moisés
transmitía los mandamientos de Dios al pueblo y los corroboró con la sangre de
sacrificios animales, la cual fue rociada sobre el libro de la Ley y sobre el
pueblo (He. 9:19). Este acto servía como advertencia del castigo por
cualquier transgresión y desobediencia. Esto contrasta con el sacrificio de
Cristo, quien nos salvó del justo castigo de Dios al tomar nuestro lugar: ¡Cuán
maravillosa es la gracia del Señor Jesús!
Abel comprendió la
necesidad de un sustituto para poder acercarse a Dios: este es el motivo por el
que su sangre aún habla. Abel honró a Dios ofreciendo un “más
excelente sacrificio”: los primogénitos de sus ovejas y su grosura.
Por otro lado, su hermano Caín pensó que
había ofrecido algo más excelente, pero se equivocó, pues tomó del “fruto de la
tierra”, la cual había sido maldecida por el juicio de Dios (véase Gn.
3:17; 4:2–3). Caín pasó por alto la necesidad de un sustituto, el cual debía
ser sacrificado y su sangre derramada. Este es el mismo error que cometen
muchas personas en la actualidad.
6.
Habiéndosele dicho: En Isaac
te será llamada descendencia. Hebreos
11:18. Os habéis acercado… a Jesús… y a la sangre rociada que habla mejor
que la de Abel. Mirad que no desechéis al que habla. Hebreos 12:22,
24–25
El primer versículo de
hoy hace referencia a lo que Dios le dijo a Abraham, el padre de los creyentes:
“En Isaac te será llamada descendencia”. Por la fe, Abraham entendió que el
sacrificio de su hijo Isaac impulsaría a Dios a actuar con el poder de la resurrección
para garantizar el cumplimiento de sus promesas (v. 19). Esto nos
conduce a ver al Señor Jesús y su sacrificio, pues Isaac es un tipo de Cristo
en este aspecto.
El autor de la Epístola
a los Hebreos escribió acerca de la fidelidad de Dios y el perfecto sacrificio
de Cristo, no sin antes expresar solemnes advertencias en relación con la
disciplina de Dios para corregir y restaurar. El punto que él hace es claro: Jesús
es el mediador de un nuevo pacto, el cual establecerá con Israel cuando este
sea restaurado en el siglo venidero. La sangre de Jesús fue rociada en
la cruz y esta habla mejor que el sacrificio de Abel.
El sacrificio de
nuestro Señor Jesús marcó el comienzo de un nuevo orden de cosas. Gracias a
ello, los creyentes no tienen que esperar al Milenio para recibir las
bendiciones asociadas a él, pues han sido conducidos a una realidad mucho más
elevada. Sin embargo, esto también incrementa nuestro grado de responsabilidad.
Por lo tanto, debemos prestar atención a Aquel que ahora habla desde el
cielo (véase He. 12:25). Él habla con gracia, pero no puede alejarse de la
verdad y la justicia.
No debemos ignorar a
Aquel que habla. Mayor luz implica mayor responsabilidad. Vivimos en los
tiempos de Laodicea, iglesia en la que el Señor ha sido excluido debido a su
autocomplacencia (Ap. 3:20).
Lamentablemente, los cristianos han dejado de
prestar atención a Aquel que habla desde el cielo. Aunque Abel todavía
habla (He. 11:4), el Señor nos insta a escucharlo a él, que es el que
habla (He. 12:25). Señor, ¡ayúdanos a escucharte!
7. Acordaos de
vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya
sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. Hebreos 13:7
Hebreos 2:3 hace
referencia a aquellos que tuvieron la oportunidad de ver y oír a Jesús
personalmente cuando él estuvo en la tierra. Estos discípulos transmitieron
luego el mensaje a la siguiente generación, quienes a su vez nos lo
confirmaron. Al hablar de nosotros, el autor de la Epístola se
identifica con otros escritores del Nuevo Testamento, con el pueblo de Dios y
con los creyentes de la actualidad.
Los testigos que el
Señor había designado, tal como se narra en el Libro de Hechos, recibieron de
su parte el don de liderazgo para guiar a los creyentes. El término pastores o guías hace
referencia a las capacidades morales y espirituales que Dios otorga, mientras
siguen a Cristo como su principal modelo y líder. Los creyentes deben reconocer
a tales líderes, “a los que trabajan entre
vosotros” (1 Ts. 5:12). Este reconocimiento implica
estar dispuestos a seguir su guía e instrucción, colaborando con ellos.
El versículo comienza
con la palabra acordaos. Este nos sugiere que tales lideres ya
habían partido a la presencia del Señor. Debían acordarse de ellos y su
liderazgo.
En primer lugar,
debían recordarlos porque habían proclamado la Palabra de Dios, no meras
palabras o ideas humanas, ni programas ni agendas humanas.
En segundo lugar,
debían recordarlos por su fe. Las generaciones futuras debían imitar esta fe,
no sus formas, costumbres o prejuicios personales.
En tercer lugar,
debían recordarlos por el resultado de su andar espiritual, el cual daba
autoridad a su enseñanza. Estos pastores que ya no estaban con
ellos, respaldados por su conducta, habían sido ejemplos para grey (véase
He. 13:17; comp. 1 P. 5:3).
¡Estas consideraciones son cruciales para
quienes aspiran a ser guías o conductores en el pueblo de Dios en la
actualidad!
Alfred E. Bouter