martes, 3 de julio de 2018

¿ARREBATAMIENTO PARCIAL?


¿ARREBATAMIENTO PARCIAL? (Hebreos 9:28)

Pregunta: ¿Cabe deducir del versículo 28 de Hebreos capítulo 9 que algunos santos no serán arrebatados cuando venga el Señor? La parábola de las diez vírgenes, ¿confirmaría aquel pensamiento?

Respuesta: La aparente dificultad de este ver­sículo sólo se origina si se le quiere dar un sentido peculiar, aislándolo del resto de las Escrituras, lo que resulta peligroso.
Notemos en primer lugar que, aun­que la expresión "para salvar a los que le esperan" o "aparecerá para la salvación de los que le esperan" (VM) pueda tener mayor alcance (y aplicarse, por ejemplo, a la apa­rición de Cristo al remanente judío que le esperará; o a la espera y anhelo de las criaturas, es decir, de la creación entera que está gimiendo (Romanos 8: 19-21), se aplica plenamente a la venida del Señor para arrebatar a la Iglesia.
 I. La Palabra de Dios nos enseña claramente que la espera del Señor para salvación es una posición y un privilegio de los creyentes, que no de­penden de ellos, pero que han de rea­lizar para poder gozarlos. Somos to­dos exhortados a seguir el ejemplo de los Tesalonicenses, los cuales se ha­bían convertido de los ídolos a Dios para "esperar de los cielos a su Hijo." (1ª. Tesalonicenses 1: 9-10)
 II. Que lo realicemos o no, los creyentes estamos esperando la veni­da de Cristo, conforme a la preciosa promesa que nos hizo: "si me fuere, y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo" (Juan 14:3). Cristo arrebatará a todos cuantos hemos creído en El: "los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire" (1ª. Tesalonicenses 4: 16-17).
         III. Hebreos 9 nos enseña que "ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, (Cristo) se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo." (Hebreos 9:26 – LBLA).
Aquel sublime sacrificio nos ha granjeado una salvación completa y eterna cuya plena realización no se llevará a cabo mientras estemos aún en la tierra, pero lo será cuando el Señor vuelva para arrebatar a los que somos Suyos. La expresión del versículo 28: "aparecerá… para salvar" se refiere a la salvación definitiva: la redención del cuerpo completando la del alma.
La salvación definitiva es asegurada a todos los creyentes, o sea a los "mu­chos" mencionados en el citado versículo 28, y cuyos pecados fueron agotados por Cristo.
Ahora bien: la plena redención sólo se realizará cuando se produzca el arrebatamiento de los santos, y va indisolublemente ligada a aquel precioso acontecimiento: "esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya." (Filipenses 3: 20, 21).
¿Cómo suponer, entonces, que la expresión "los que le esperan" de Hebreos 9:28 esta­blezca una diferenciación entre los creyentes, —salvados todos por la san­gre preciosa de Cristo—, de modo que unos serían arrebatados cuando acontezca la venida del Señor mientras que otros se quedarían atrás? Semejante pensamiento no haría más que reba­jar singularmente los resultados de la obra de la Cruz.
"Los que le esperan" es pues un término que indica una posición, un privilegio adquirido, pero no siempre realizado o entendido, y que —sin distinción alguna— es la porción de los "muchos", cuyos pecados Cristo tomó sobre sí (versículo 28).
Numerosos cristianos ignoraron, y siguen desconociendo todavía, la ver­dad del regreso del Señor para arre­batar a la Iglesia. (Notemos, de paso, que la Reforma, en el siglo 16, hizo énfasis sobre la justificación por la fe y afirmó la autoridad absoluta de la Biblia en materia de fe, pero desconoció prácticamente las verda­des del regreso de Cristo para los Suyos y de la acción del Espíritu Santo en el creyente y en la asamblea).
El hecho de que tan preciosa verdad sea des­conocida, o muy imperfectamente entendida por los cristianos, no cambia ni resta nada de su valor, y, con todo, participarán de su cumplimiento. Los Corintio serán carnales; sin embargo, el apóstol les escribe que están "espe­rando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo", contando con Dios, el cual es fiel para confirmarlos para que sean irreprensibles "en el día de nues­tro Señor Jesucristo." (1ª. Corintios 1: 7-9).
 En cuanto a la parábola de las diez vírgenes, no parece relacionarse con el asunto que nos ocupa. Es verdad que las vírgenes insensatas no entraron con el Esposo a las bodas, pero ellas no son una imagen o símil de los cre­yentes: no poseían la vida divina, no tenían aceite en sus vasos (figura del Espíritu Santo). Las vírgenes pruden­tes, o sea las verdaderas creyentes, entran todas con el Esposo: aun cuando vemos que se dejaron invadir por el sopor, figurando así el decli­nar de la Iglesia, la cual ha dejado su primer amor (Apocalipsis 2:4).
¡Bendito sea el Señor! ¡No faltará ningún redimido en el glorioso en­cuentro con Cristo! Amados herma­nos, ya hemos oído el clamor de me­dianoche: aprestémonos para ir al encuentro del Esposo. Si por Él vi­bran nuestros corazones y afectos, vi­viremos constantemente en la espera de Su regreso.
Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1954, No. 9.-

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