sábado, 1 de noviembre de 2014

LAS DOS NATURALEZAS

¿Es Correcto o Incorrecto?


Lo más importante es el cambio del "YO" del viejo hombre al nuevo hombre. Este cambio no siempre se efectúa prácticamente en el momento de la conversión, pues frecuentemente oímos a creyentes jó­venes decir, "Quiero ir al teatro o al baile, pero no sería correcto aho­ra," o dicen "Yo quisiera tener un vestido como fulana o tanto dinero como zutano." Aquí el "YO" es claramente la vieja naturaleza, pues a la nueva no le interesa el teatro o el baile y tampoco codicia. Con todo, la nueva vida se hace sentir. No es necesariamente que hago cosas ma­las, sino que me veo a mí mismo como la misma persona, pero con una nueva naturaleza dentro de mí.
Ahora miremos a una persona cuya "YO" ha cambiado. "Tengo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor," dijo Pablo. O, tomemos el caso de un joven cristiano que sinceramente puede decir, "Yo prefiero no ir al baile o al teatro, porque no me daría placer." En ambos expresiones el "YO" es la nueva naturaleza, pues la vieja no desea estar con Cristo sino que ama las cosas mundanales.

Soy Una Nueva Criatura
Considerando lo arriba dicho se podrá comprender fácilmente cómo las mil cosas que antes me eran trampas y tentaciones cuando "YO" todavía estaba aliado con la vieja naturaleza, ya no lo son, ahora que "YO" vivo prácticamente en el poder de la nueva naturaleza, ahora que ya no pienso de mí mismo que soy un hombre con una nueva vida, sino que soy una nueva criatura en Cristo Jesús, pero con el pecado todavía habitando en mí.
Debido a su gran importancia, hemos considerado este tema repe­tidas veces. Es maravilloso cuando un joven creyente se da cuenta prácticamente que sus pensamientos, sus sentimientos, sus placeres han cambiado, no por algo que él mismo haya hecho, sino porque él se deleita en ello "según el hombre interior".
La única manera de lograr esta verdadera felicidad cristiana es tra­tar diariamente de agradar a Cristo, procurando siempre vivir en la vida nueva. Debo verme a mí mismo como un cristiano, y nunca permitidme pensar: "Bueno, por supuesto, "YO" lo desearía, pero ahora yo soy un Cristiano." No, si yo SOY Cristiano, quien lo desearía sería el peca­do que habita en mí. Usted debe reconocer que todavía tiene pensa­mientos perversos y pasiones, pero debe considerarlos como entreme­tidos y no como usted mismo.

Voluntarios o Regulares
Indudablemente entre los lectores de estas líneas, habrá cristianos en quienes el pecado es un elemento extraño y habrá otros cuya vieja naturaleza es todavía ellos mismos. Para explicarnos mejor, compare­mos a estos a los soldados voluntarios y a los otros a los soldados regu­lares del ejército. Por fuera ambos llevan el uniforme militar, ambos lle­van armas, ambos han sido entrenados, ambos son soldados; sin embar­go, entre los dos existe una diferencia inmensa.
Si el voluntario es un artesano o un mercader, cuando tiene pues­to su uniforme todavía es un artesano o un mercader. Piensa en su tra­bajo o su negocio y considera que ser un soldado voluntario es algo temporal ya que en verdad él es un civil y no un militar.
No sucede igual con el soldado regular de línea. Puede ser que él también haya sido un artesano o un empleado, pero ya no lo es más. No es simplemente el hecho que lleva un uniforme militar, sino que él mismo es un soldado. Un largo tiempo de vivir apartado en el cuartel, su constante asociación con sus compañeros de armas, los ejercicios dia­rios, han quebrado tan completamente las ligaduras que le ataban, que si regresara al mismo trabajo que hacía anteriormente, se sentiría que no pertenece allí; todos sus gustos, sí, aún él mismo han cambiado.
Ahora pues, Dios nos ha escogido para ser soldados de la cruz, no voluntarios - no para ponernos el Cristianismo como un manto, sino que seamos cristianos y cristianas vivos, y la única manera en que poda­mos expresar de qué espíritu somos es por nuestros cuerpos. De ahí pues que todo el asunto se reduce a esto: ¿A quién doy ahora mis miembros? ¿A la vieja naturaleza, el cuerpo extraño que todavía habita en mí? No. YO amo la verdad; YO amo la santidad; YO amo al Señor, y le serviré con mi lengua, mis manos y mis pies. Si vivimos en el Espí­ritu, caminemos también en el Espíritu.
Pero no se imagine que esto se alcanza en un solo día. La vieja naturaleza que ha sido usted mismo por tantos años, y que ha tenido dominio completo sobre todos sus miembros, no se dejará echar fuera en un momento. Sólo mortificando la vieja naturaleza día a día podrán nuestros miembros olvidar gradualmente la influencia del viejo patrón y acostumbrarse al nuevo. En Efesios capítulo 4 y 5 se pueden ver las viejas y las nuevas ocupaciones para los labios, las manos y los pies.
Qué el Señor nos haga a cada uno de nosotros verdaderos solda­dos de Jesucristo, hombres que han quebrado el poder de la vida vieja de tal modo que podamos volver a nuestros viejos lugares y asociaciones como nuevas criaturas en Cristo Jesús.
Todavía no hemos dicho nada acerca de los canales por los cuales corre la nueva vida. Esto lo haremos en un próximo artículo, pues aho­ra nos falta espacio.
Verdades Bíblicas – Nº 337-338

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