sábado, 1 de noviembre de 2014

Pensamiento

¡Ay, hombre terco! ¡Cuántas veces has tropezado  con la misma piedra cayendo estrepitosamente!  Cada vez que pecas  voluntariamente, deshonras a tu Señor. No sabes que  cada vez que lo haces cubres aquella lámpara que debe alumbrar el camino a los pecadores perdidos y le  das pie a que el enemigo le enrostre a tu Señor tu conducta pecadora. ¿Cómo es posible, tú que fuiste rescatado quieras volver a hacer lo que hacías cuando eras esclavo?

¡Arrepiéntete y vuelve! Ve a los pies del Señor y confiesa tu falta. Él abogará por ti.

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