lunes, 8 de agosto de 2016

La Epístola a los Hebreos (Parte II)

VII. CRISTO SUPERIOR EN SU MINISTERIO (Capítulos 8 a 10).
El apóstol declaró que el punto principal de su argumento es que "Tenemos tal Pontífice que se sentó a la diestra del trono... en los cielos" (8-1"). ¡Jamás había existido otro como El! Por ser superior a Aarón Cristo tenía el ministerio de un pacto mejor (7:22), y los caps. 8 a 10 comparan el antiguo pacto con el nuevo, para demostrar la superioridad de éste. El ministerio de Cristo era superior:
a)    Porque oficiaba en el cielo y no en la tierra (8:12).
b)   Porque el tabernáculo y sus sacrificios eran meras sombras de las "cosas celestiales" ministradas por Cristo en el nuevo pacto (8:3-6).
c)    Porque el primer pacto era defectuoso por cuanto los israelitas no podían cumplir sus condiciones; fue abrogado por el pacto mejor cuyos beneficios eran otorgados de pura gracia (vv. 7-13).
d)   Porque el tabernáculo y cultos del pri­mer pacto (9:1-7) eran solamente figu­ras que habían cedido lugar al sacrifi­cio perfecto ofrecido por Cristo, el que proporcionaba redención eterna, santi­ficación espiritual, y una herencia eter­na (9:8-15).
e)    Porque el primer pacto fue ratificado por la sangre de un animal, pero el segundo por la sangre del mismo Hijo de Dios, para que sus "mejores cosas" fuesen garantizadas por mejores sacrificios" (9:16-23). Se refiere para comparación, a la obra del Pontífice en el Día de Expiación (Lev. 16) que constaba de cuatro partes — expiación, entrada (en el santuario), intercesión, y salida otra vez al pueblo que lo esperaba. La superioridad del ministerio de Cristo se ve en la expiación hecha por el sacrificio de sí mismo, su entrada en el mismo cielo, su intercesión en la presencia de Dios1, su reaparición a todos los que le esperan trayendo sal­vación cabal (9:24-28).
f)     Porque lo que los sacrificios ineficaces del antiguo pacto no podían lograr (10:1-39) fue realizado cabalmente por el SACRIFICIO del Señor (w. 9-18), que abrió de una vez para siempre el camino a la presencia de Dios (vv. 19-21). Ahora el creyente tiene libertad para entrar si observa las condiciones asentadas en versículos 22-25.

Cuarto Paréntesis (10:26-39).
Amonestación contra la INSISTENCIA en seguir el pecado. Los que querían porfiar en el pecado de abandonar a Cristo eran advertidos del juicio terrible que les alcanzaría (vv. 26-31). En días pasados ellos habían sufrido con gozo por su fe, debían pues perseverar en el Señor, porque en su venida traería para ellos "grande remuneración" (vv. 32-37). En fin, deberían actuar según el gran principio bíblico: "el justo vivirá por la FE" (vv. 38-39).

VIII LA SUPERIORIDAD DE LA FE (Capítulos 11 a 13).
a) La actuación de la fe se ve en los ejemplos citados en él cap. II de santos que en su mayoría no tenían ni el templo ni sus ceremonias, y, sin embargo, agradaron a Dios por su fe en las cosas invisibles prometidas por El (w. 1-33).
b) La sumisión de la fe; la fe se somete a la voluntad de Dios para prevalecer o para padecer según su beneplácito (w. 33-38).
c) La perseverancia de la fe; si aquellos hombres y mujeres persistieron en la fe aun "sin recibir la promesa", cuánto más deberían perseverar aquellos judíos cristianos que tenían la pro­mesa segura de "alguna cosa mejor" (w. 39-40).
d) El ejercicio de la fe; la mirada de fe tenía que estar puesta sobre el Señor mismo, el que en los días de su carne no desmayó bajo las increíbles humillaciones que sufrió, al contrario, se regocijó en la voluntad de Dios y triunfó (12:1-4). La fe reconocerá que los sufrimientos están permitidos para el bien de los que por ellos están ejercitados. Entonces, no había motivo por qué flaquear y retroceder bajo las persecuciones (12:5-14).

Quinto Paréntesis (12:15-29).
Amonestación contra la INSENSI­BILIDAD a sus privilegios. Los que estaban endureciéndose:
a)    Debían recordar el triste caso de Esaú quien, "habiendo trocado sus privilegios espirituales por una mera vianda material, los perdió irrevocablemente (12:15-17).
b)   Debían tener en cuenta lo sublime de los privilegios del nuevo pacto; el anti­guo inspiraba temor, el nuevo infundía confianza (vv. 18-24). Sí los que recha­zaron la voz del que promulgó el pri­mero no escaparon del juicio, ¿cómo es­caparían los que obstinadamente des­oyeran al que hablaba las cosas mejores del segundo? (w. 19-25).
c)    Debían sa­ber que cuando viniere Cristo, sólo la palabra y el reino de Dios quedarían firmes; hara necesario pues, retener las realidades y servir a Dios (vv. 26-29),

IX. LA SUPERIORIDAD DE LA FE (Cont. 13:1-25).
La práctica de la fe es lo que el apóstol exhorta en el cap. 13; en las relaciones sociales (vv. 1-6), y en las espirituales (vv. 7-17). Ser leales a Cristo a pesar del desprecio del mundo, es el gran privilegio de los que creen que su hogar no está en el mundo, sino en el cielo (w, 9-14).
¡Muy al caso es la oración del apóstol por aquellos cristianos vacilantes! En ella se recalca la resurrección gloriosa del Señor, el cuidado de sus ovejas, y la base insuperable del pacto nuevo y eterno. Con razón, pues, debían dejar su indecisión y hacer lo que era agradable delante de Dios por Jesucristo, al cual será la gloria por los siglos de los siglos.
Sendas de Vida, 1977

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