viernes, 2 de noviembre de 2012

DIOS SATISFECHO


Si usted ha ofendido gravemente a una persona y un amigo desea ofrecer a esa persona una satisfacción, o sea una reparación, ¿quién debe aceptarla?
—    Indudablemente, la persona ofendida.
—    Pues, ¿a quién ha ofendido usted con sus peca­dos?
—    A Dios.
—    ¿Y quién debe aceptar la reparación?
—    Es Dios también.
—    ¡Esta es la verdad! ¿Cree usted que Dios haya aceptado la reparación?
—    Sí, lo creo.
—    ¿Y que Dios esté...?
—    ¡Satisfecho!
—    Y usted, ¿no está satisfecho, tranquilo?
—    Ya comprendo claramente ahora. Cristo ha hecho toda la obra y Dios la ha aceptado, de modo que ya no hay problema en cuanto a mi culpabilidad o a mi justicia. Cristo es mi justicia. Cristo es mi justicia ante Dios. Es maravilloso y sencillo a la vez. ¿Cómo es que mis ojos estaban cerrados ante la verdad de la Palabra?
—    Esta es la fe en la obra de Cristo: no que nosotros aceptemos esta obra, por felices que seamos en hacerlo, sino que creamos que Dios la ha aceptado, que Dios está satisfecho.

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