domingo, 4 de octubre de 2015

«EL PECADO IMPERDONABLE»


(Respuesta a una carta)

Circulan muchas falsas nociones acerca del tema al que usted llama nuestra atención; y muchos —como usted— están atribulados al respecto. Se nos pregunta continuamente acerca del «pecado imperdonable» y del «pecado contra el Espíritu Santo». Si usted lee con cuidado Mateo 12:24-32, verá que nuestro Señor habla de “la blasfemia contra el Espíritu Santo”, de la cual eran culpables los judíos apóstatas. Para ésta no había perdón, ni podía haberlo. ¿Qué podía hacerse por aquellos que no sólo rechazaban al Hijo sino que también resistían al Espíritu Santo, y atribuían Su bendita operación a Beelzebú? Ellos no podían ser perdonados ni en el “siglo” de la ley ni en el del Mesías. En resumidas cuentas, en este pasaje se trata enteramente de una cuestión que concierne a la apóstata nación de Israel, abandonada a la irremediable perdición. Sabemos que, justamente antes del comienzo de la época milenaria, habrá un remanente arrepentido para el que se abrirá una fuente, y que ese remanente constituirá el núcleo de la nación restaurada. Pero éste es un tema demasiado amplio para considerarlo aquí. Simplemente agregamos que el hecho de que usted sea llevado a imaginar que ha cometido el «pecado imperdonable», a nuestro juicio es una tentación de Satanás. Entonces, pierda cuidado, querido amigo, que usted jamás ha sido culpable de ningún pecado que no pueda ser borrado por esa sangre que nos limpia de todo pecado. Muchos hallan dificultad en 1.ª Juan 5:16: “Hay pecado de muerte”. Creemos que ésta es una cuestión de los actos gubernamentales de Dios. Aprendemos, por 1.ª Corintios 11:30, que Dios visita a su pueblo con enfermedad y aun con la muerte misma a causa de sus malos procederes; pero en ninguno de estos pasajes existe algún pensamiento acerca de un «pecado imperdonable». No creemos que ningún pecador, en este “año agradable” (Lucas 4:19), en este “día de salvación” (2.ª Corintios 6:2) esté fuera del alcance del perdonador amor de Dios y de la sangre expiatoria de Jesús. Aquellos que rechazan el Evangelio serán abandonados a un “poder engañoso” (2.ª Tesalonicenses 2:10-12). Pero ese terrible momento todavía no ha llegado. “El día de la venganza” (Isaías 63:4) permanece retenido en la longánime misericordia de Dios.
 

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