sábado, 3 de agosto de 2013

Discipulado: Yo Primero

Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. Mateo 23:26
Nos gustaría pensar acerca de dos cosas que ya hemos mencionado en los primeros capítulos. ¿Es posible que una persona conozca a Jesucristo como su Salvador, pero que no le sirva como su Señor? Es posible. Debemos ser cuidadosos y enseñar a la gente que Jesús es tanto Señor como Salvador. Un joven fue guiado a Cristo pero no le explicaron que él debía obedecer a Cristo también. Aceptó a Cristo como su Salvador, y Dios lo salvó, pero él no tuvo paz en su corazón hasta que aprendió a obedecer a Cristo como su Señor, bastante tiempo más tarde. Los que le guiaron a Jesús han debido explicarle lo que debe hacer después de ser salvo. Pablo experimentó esto cuando el Señor Jesús se le apareció en el camino a Damasco, Hecho 9:3-6. Él le dijo: "¿Qué debo hacer, Señor?"
No siempre explicamos claramente a la gente lo que deben hacer después de ser salvos. No siempre decimos a la gente lo que sucede cuando ellos reciben a Jesucristo en sus co­razones. Seamos más cuidadosos para explicar a la gente lo que realmente significa recibir a Cristo cuando nosotros predicamos la Palabra de Dios y conducimos a otros a Cristo.
La otra cosa que deseamos explicar es esta: Dios juzga a su pueblo. ¿Esto quiere decir que Cristo no aguantó todo el castigo por nuestros pecados sobre la cruz y que ahora Dios castiga a algunos? No, esto no es verdad. El Señor Jesús se ofreció para siempre por el sacrificio de sí mismo, Hebreos 9:26. Pero la Biblia enseña claramente que Dios gobierna su casa y que nosotros necesitamos saber cómo conducirnos en la casa de Dios, 1 Timoteo 3:15. La casa de Dios no quiere decir el edificio, quiere decir aquellos que son salvos y que pertenecen a la familia de Dios. Cuando nosotros decimos que Dios juzga a su pueblo queremos decir que Dios enseña a sus hijos. Él nos corrige y cuando cometemos un error él nos castiga. Dios quiere que sus hijos se parezcan a él y sepan lo que él quiere que hagan.
Dios castigó a Ananías y a Safira, Hechos 5:1-11. El castigó a los corintios, 1 Corintios 11:29-30. Entendamos claramente este asunto. No castigó a estos pecados, que Cristo llevó en la cruz, sino para corregir y enseñar a su pueblo. El apóstol Pablo advirtió que Dios nos juzgará a menos que nos examinemos a nosotros mismos, 1 Corintios 11:31. Dios nos castiga y esto es muy doloroso. Dios es santo y puro. Nuestro Dios es fuego consumidor, Hebreos 12:29. Estas palabras fueron escritas para creyentes, no para in- conversos, por eso dice, nuestro Dios. Dios es santo y nos dice: "sed santos porque yo soy santo" 1 Pedro 1:16. Debemos recordar que Dios es santo y puro y que debemos vivir santos y puros también.
Estamos pensando acerca de las primeras cosas en la vida de un cristiano. Limpiar el interior de la copa, Mateo 23:26. Generalmente no hacemos esto sino que pensamos primero en la parte externa. Deberíamos saber que el interior de nuestra vida está equivocado cuando hacemos equivoca­ciones. Pero el error empieza en el interior. Hay dos lados en la vida de cada persona: el interior que tiene que ver con nuestro amor a Dios. Nadie conoce este lado de nuestra vida, sino Dios. Cuando gastamos parte de nuestro tiempo con Dios, nuestra vida interior es fortalecida. También existe la parte exterior de nuestra vida que refleja nuestra vida in­terior. Nuestra vida a solas con Dios nos hace sinceros, veraces y fuertes. Nuestra vida en público, delante de la gente, muestra lo que realmente somos cuando estamos a solas con Dios. Estamos en un gran peligro si nuestra vida in­terior no concuerda con la exterior. Un hombre que vende frutas, pone generalmente las más grandes y hermosas en­cima en la canasta y esconde las pequeñas y verdes o dañadas, en el fondo. El vende la canasta de frutas porque la apariencia es agradable, pero él está engañando, no es honesto. Muchos cristianos son como este hombre. Son buenos cristianos externa pero no internamente. Ellos predi­can, oran y hablan a otros acerca de Cristo y todo parece muy bien. Pero lo que hacen no sale de sus corazones. Debemos tener mucho cuidado para que no suceda esto.
Los maestros y predicadores deben ser muy cuidadosos; ellos están en gran peligro porque dan a otros lo que reciben de Dios. Si no están aprendiendo continuamente y recibien­do nuevas fuerzas pronto estarán vacíos e inútiles. Nuestra vida interior debe concordar con la exterior. Lo contrario constituye un gran peligro para nuestra estabilidad emo­cional.
Seremos como el profeta Balaam de Números 22:24. El mismo rey de Moab opinó que Balaam era un gran profeta. Balaam dio el mensaje de Dios al rey de Moab, pero en su in­terior, en su corazón, él amaba más el dinero que a Dios. Dios le dijo que se quedara en casa cuando el rey de Moab lo llamara. Pero él fue porque quería su dinero. Balaam dio la Palabra de Dios fielmente, pero el rey de Moab se enfureció con él y no le pagó. Así, que Balaam le dijo al rey cómo podía perjudicar al pueblo de Israel, Apocalipsis 2:14. Los cristianos pueden fallar como él. Seamos cuidadosos en ser fieles en nuestra vida a solas con Dios y en nuestra vida delante de otras personas. Oímos a muchos cristianos del deseo de llevar el mensaje a otros. Esto es bueno si nuestra vida interior es fuerte y sincera.
Existe otro peligro. Podríamos ser como los leprosos de 2 Reyes 7:8-9. Ellos encontraron comida, vestidos y riqueza. Encontraron más dinero del que podrían gastar, por lo cual lo escondieron. Estaban consiguiendo cosas para sí mismos, enriqueciéndose, olvidando que otros estaban hambrientos también. Podemos gozar o disfrutar los regalos de Dios y olvidar que debemos ayudar a otros. Dios dice: "Necios, no limpies el exterior, no solamente limpies la parte que la gente ve, sino también el interior." Ambos, el interior y el exterior deben estar limpios.
Cuando lavamos la loza limpiamos la parte de adentro y la de fuera. Pero en nuestra vida cristiana existe algo más. La Biblia dice que nuestro testimonio por Cristo es sincero solamente si viene de una vida interior fortalecida. Porque las ideas que le conducen a cometer errores vienen del in­terior, del corazón del hombre, Marcos 7:21. El Señor dijo que muchas cosas malas comienzan en el corazón del hom­bre. El alimento que come una persona no le borra su pecado. Las cosas pecaminosas son primero pensamientos e ideas en nuestra mente y luego manifestaciones externas. Un hombre está hecho de sus pensamientos. Las cosas acerca de las cuales hablamos no nos hacen ni buenos ni malos. La gente juzga la bondad del hombre por las cosas que dice y que hace. Pero en realidad, el hombre es bueno o malo en su interior, ante Dios y esto se manifiesta en la parte externa de él, donde los demás pueden ver.
Algunos creyentes africanos dicen que la lengua es el final del corazón. Podemos tratar de esconder nuestros sentimien­tos, pero este pequeño final del corazón muestra lo que hay adentro tan pronto como comienza a hablar. Esto concuerda con la Biblia que dice en Proverbios 23:7, "Un hombre es tal como piensa en su corazón."
Leemos en Mateo 5:23 y 24, "Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda y reconcíliate primero con tu hermano y luego presenta tu ofrenda." Un hombre vino a la casa de Dios para presentar su ofrenda. Él estaba listo para orar y luego presen­tar la ofrenda. No vino descuidadamente, vino listo para presentar su ofrenda. A veces no estamos listos para dar a Dios, para hablar con Dios y para adorarle. Algunas veces venimos delante de Dios para adorarle, pero no tenemos ninguna adoración que ofrecer. Este hombre estaba listo pero de pronto se acordó que tenía algo contra su hermano. ¿Qué debía hacer? Alguien diría que adorar a Dios y luego hacer las paces con su hermano. Pero la Biblia dice lo con­trario, que debe hacer primero las paces con su hermano y luego adorar a Dios. Esto significa que debemos obrar bien con las otras personas para estar bien delante de Dios. Con frecuencia vamos a la iglesia con nuestra Biblia y nuestro himnario a adorar a Dios, pero hemos actuado mal con otras personas. Pretendemos adorar a Dios pero nuestras vidas y acciones son equivocadas. Estos son los dos lados de nuestra vida: el lado espiritual, nuestra vida delante de Dios y el otro lado, nuestra vida con otras personas. Debemos hacer lo que es correcto y hacer el bien a los demás para estar bien con Dios. Debemos ser honestos y amables con otras personas antes de adorar a Dios y dar testimonio de él.
Podemos decir: "Señor, te quiero amar verdaderamente, con todo mi corazón y me quiero entregar del todo a ti." Cuando nos damos a Dios debemos confesar lo que hemos hecho contra alguien antes de pretender vivir para Dios. Esta es la voluntad de Dios. Él nos dice que limpiemos primero lo de adentro y luego el exterior. Podemos progresar en nuestra vida con Dios cuando nuestra vida con otros es correcta.
Veamos otros dos versículos en 2 Corintios 5:14-15. Estos versículos dicen: "Porque el amor de Dios nos constriñe pen­sando que uno murió por todos. Entonces aquellos que viven no deberían vivir para sí mismos sino para aquel que murió y resucitó por ellos."
Pablo dijo que somos controlados por Cristo. Lucas usó la misma palabra cuando dijo que la multitud oprimía al Señor por todos lados, Lucas 8:42 y Pedro dijo en el versículo 45, "Señor, la multitud te aprieta." Algunas veces hemos estado en una multitud y no podemos ir a donde queremos, porque la multitud nos domina. Somos sostenidos y conducidos por la multitud. Esto es lo que Pablo quiso decir al hablar de que el amor de Cristo nos constriñe o controla. Otra traducción de la Biblia dice en estos términos: "El amor de Cristo no nos deja alternativa porque cuando vemos que un hombre murió por todos, vemos también que su propósito era que los hom­bres no debían vivir para sí mismos." Dios tiene un pro­pósito en la muerte de Cristo y lo manifiesta muy claramente. Su propósito es que los hombres no deben vivir para agradarse a sí mismos. Hemos aceptado al Salvador y a su cruz y a su muerte. ¿Hace esto alguna diferencia en nuestra vida? La Biblia dice que no vivamos para agradarnos a nosotros mismos.
Veamos ahora 2 Corintios 5:18: "Todo esto proviene de Dios." Lo cual significa nuestra salvación; nuestra nueva vida en Cristo y todo el trabajo de Dios en nosotros. Todo esto proviene de Dios quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos dio la tarea de la reconciliación. Dios usó a Cristo para reconciliarnos con él y nos encomien­da la tarea de hacer que otros se reconcilien también. En el versículo 19 dice que Dios nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. En el versículo 18 dice que él nos dio la tarea de la reconciliación y en el versículo 19 que nos dio la palabra de reconciliación, esto es, el mensaje de la salvación. Así que Dios usó a Cristo para darnos la salvación. Ahora Cristo ha regresado a su Padre en el cielo y Dios nos usa para hablar a otros acerca de la salvación.
En el versículo 20 leemos: "Así que somos embajadores en nombre de Cristo. Como si Dios rogase por medio de nosotros. Os rogamos en el nombre de Cristo, reconciliaos con Dios. Dios envió a su Hijo para hacer lo que ningún ángel, ni ningún hombre podía hacer. Cristo terminó la obra de salvación, la hizo perfectamente y regresó al Padre. Luego encomendó la tarea de compartirla con otros. Dios tomó la perfecta obra de su Hijo y nos pide que la mostremos a otros. Así que tendremos que dar cuenta a Dios acerca de lo que hacemos con su mensaje de salvación.

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