lunes, 7 de agosto de 2017

Meditación

“Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él”
(Proverbios 23:7).


A.P. Gibbs acostumbraba a decir: “No eres lo que piensas que eres, sino lo que piensas, eso eres”. Esto significa que la mente es el manantial de donde fluye la conducta. Controla la fuente y controlarás lo que fluye de ella.
Por lo tanto, lo fundamental es controlar los pensamientos. Por eso Salomón decía: “Por encima de todo, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Aquí el corazón es sinónimo de la mente.
Santiago nos recuerda que el pecado tiene su origen en la mente (Santiago 1:13-15). Si pensamos mucho tiempo en una cosa, terminaremos haciéndola.

Siembra un pensamiento y cosecharás un acto.
Siembra un acto y cosecharás un hábito.
Siembra un hábito y cosecharás un carácter.
Siembra un carácter y cosecharás un destino.

El Señor Jesús enfatizó la importancia de los pensamientos, al equiparar el odio con el asesinato (Mateo 5:21-22) y la mirada codiciosa con el adulterio (Mateo5:28). También enseñó que no es lo que el hombre come lo que le contamina, sino lo que piensa (Marcos 7:14-23).
Somos responsables de lo que pensamos ya que tenemos el poder de controlarlo. Podemos pensar en situaciones lascivas y provocativas o en lo que es puro y es como Cristo. Cada uno de nosotros es como un rey. El imperio que gobernamos es nuestra vida pensante. Ese imperio tiene un tremendo potencial para el bien y para el mal. Nosotros somos los que determinamos cuál de los dos será.
En lo que sigue ofrezco algunas sugerencias positivas que nos ayudarán en cuanto a lo que podemos hacer. Primero, pongamos este asunto a los pies del Señor en oración y digámosle: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10). Segundo, juzguemos todo cuanto pensamos considerando cómo aparece en la presencia de Cristo (2 Corintios 10:5). Tercero, confesemos cada mal pensamiento de inmediato y desechémoslo (Proverbios 28:13). Seguidamente, procuremos no tener nuestra mente vacía, en blanco. Llenémosla con pensamientos positivos y dignos (Filipenses 4:8). Quinto, disciplinémonos acerca de lo que leemos, vemos y oímos. No se puede esperar tener pensamientos puros si alimentamos a la mente con suciedad e inmundicias. Finalmente, mantengámonos ocupados para el Señor. Cuando nuestra mente está en una situación neutral, muchas fantasías despreciables buscarán entrar.

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