Miguel
Ángel se detuvo en silencio en su estudio, mirando atentamente un bloque de
mármol. Finalmente, un compañero interrumpió su ensimismamiento preguntándole
por qué invertía tanto tiempo en observar una roca. El rostro de Miguel Ángel se iluminó y dijo con
entusiasmo: "Hay un ángel en ese bloque y lo voy a liberar."
Existe
un paralelismo espiritual aquí. Cristo mora en cada hijo de Dios. El apóstol
Pablo dijo a los colosenses: "Cristo en vosotros, la esperanza de
gloria" (Colosenses 1:27). En Gálatas 2:20 dejó bien en claro que Cristo
vive en los creyentes. Pero el mundo no puede verlo a menos que se Lo libere.
Esto sucede cuando nosotros los cristianos Lo mostramos a través de una vida
recta. Sucede cuando hablamos y actuamos como el Señor lo haría. Sucede cuando
el Señor Jesucristo puede vivir Su vida en nosotros.
Mostrarle a Cristo al mundo no debería
confinarse a hechos aislados de comportamiento piadoso. Debería ser nuestra
forma de vida, lo que nos caracteriza. El problema de muchos de nosotros es que
nuestros reflejos espirituales son muy lentos. Tenemos la
maravillosa oportunidad de responder con una vida que está por
encima de lo común y corriente. Y tarde nos damos cuenta de cuán brillantemente
podríamos haber hablado o actuado como Jesús lo habría hecho. Pero nos lo
perdemos. No estamos por encima de la carne y la sangre.
La mayoría de las personas nunca han
rechazado al Señor Jesús. Han rechazado lo que nosotros representamos de El:
nuestro mal carácter, nuestras palabras sarcásticas, nuestra avaricia y nuestro
orgullo. No han podido ver Su amor, Su cortesía y Su gracia en nosotros.
¿Cómo podemos reflejar a Cristo de
manera consistente a un mundo que ni Lo ve ni Lo conoce? ¿Cómo podemos vivir
por encima del promedio? Podemos cultivar la mente de Cristo por medio de la
humildad, el servicio, la generosidad, y estimando a otros como mejores a
nosotros mismos. Podemos habitar "al abrigo del Altísimo" (Salmos
91:1) estando cerca del Señor, viviendo en el santuario en lugar de los
suburbios. Podemos estar constantemente ocupados con el Señor.
"Por tanto, nosotros todos,
mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del
Señor" (2 Corintios 3:18).
Cuanto más observemos al Señor en la
Biblia, el Espíritu Santo más nos transformará a Su semejanza.
William Macdonald
No hay comentarios:
Publicar un comentario